Vemos lo que creemos que ocurre, no lo que ocurre realmente.

Ilusión óptica

Ilusión óptica

Me encontraba fumando un cigarrillo a la puerta de una de las tiendas de la empresa, situada en una de las rotondas con más tráfico de la ciudad por la que en ese momento apenas circulaba nadie, solamente una motillo la cruzaba para salir por la calle situada en línea con la calle por la que había entrado en ella. He de hacer constar que la rotonda es una de las más amplias de la ciudad, en cuyo centro se levanta uno de los monumentos, tipo modernista, más horrible que he visto, es feo hasta el punto de que entra la población se la conoce como la “Glorieta Mohosa”; hecho este paréntesis, como iba diciendo, la motillo antes citada estaba a punto de salir de la rotonda cuando, procedente de una calle transversal, se le vino encima un coche de color rojo que milagrosamente, logro esquivar continuando su camino, supongo que con el miedo metido en el cuerpo por lo que podía haberle sucedido y repito que esto no deja de ser una suposición mía.

Entre tanto, el susodicho coche rojo, sin cambiar de dirección ni aminorar velocidad, se estrelló contra la farola que tenía enfrente. Inmediatamente saque el teléfono móvil y llamé al ciento doce para dar cuenta del accidente y pedir que enviaran una ambulancia, acto seguido me acerqué al vehículo para comprobar el estado en que se encontraban los ocupantes. El espectáculo que apareció ante mis ojos resultaba grotesco y si no fuera por haberlo provocado un accidente, movía a la risa; en el interior del coche se encontraba el conductor, único ocupante del mismo, reclinado sobre el volante y cubierto de arroz, gambas, pollo y pimientos, de una paella que debía llevar en el asiento trasero en una gran paellera, ahora volcada.

En este tiempo, en la acera, se había reunido un grupo de personas salidas de no se sabe donde dado que a la una y media de la tarde, un verano en el que la temperatura al sol sobrepasa los cuarenta grados, nadie circulaba por ella, comentando lo ocurrido y diciendo muy agitados, pero sin hacer nada, que había que llamar a una ambulancia.

En el grupo destacaban, por el elevado tono de sus voces y sus gestos de indignación, dos personas bien trajeadas y con pinta de representantes comerciales que cuando me vieron acercarme, me interpelaron diciendo: “Vd. lo ha visto, la culpa ha sido del de la moto que iba como un loco y este pobre hombre ha tenido un accidente por esquivarle”. Mientras hablaba en el grupo que nos rodeaba se movían afirmativamente las cabezas y se escuchaban comentarios del tipo de: “Si es que son un peligro, van como locos”.

Cuando le dije que eso no era lo que yo había visto, me miraron con rostro ofendido y uno de ellos me respondió en tono agresivo: “Que sabrá Vd., Vd. no ha visto nada, nosotros sí hemos visto como la moto pasaba delante de nosotros al salir de la cafetería a toda velocidad” y desentendiéndose de mi se dio la vuelta preguntando a los demás si alguien había tomado nota de la moto para denunciar al conductor.

Mientras esto ocurría, habían llegado la policía y la ambulancia y mientras los sanitarios atendían al accidentado, los policías se acercaron al grupo preguntando si alguien había visto lo ocurrido; les dije que yo lo había visto comenzaron a tomarme lo datos, mientras los dos “bien vestidos” se acercaban diciendo a voz en grito que ellos lo habían visto y que la culpa era de un motorista, a lo que el policía les pidió que esperaran hasta que acabara de tomar mis datos.

No había acabado de hacerlo todavía, cuando se acercó a nosotros el conductor accidentado que afortunadamente no había sufrido lesiones, acompañado de un sanitario. Al verlo el policía le pregunto que había ocurrido y el le dijo:

“Poco antes de entrar en la rotonda me dio un mareo que me hizo perder el sentido, por lo que no puedo decirle exactamente que ha ocurrido, pero me pareció que me echaba encima de una moto que iba por la rotonda ¿He atropellado al chaval?”

El sanitario confirmó que el conductor había sufrido una caída de tensión debida al calor y a la falta de azúcar y les dijo que enviarían el informe completo a la comisaría desde el hospital, donde llevaban al conductor para tenerle en observación por si había lesiones ocultas que si le habían dejado acercarse a ellos era por la ansiedad que tenía por saber si había herido a alguien.

En vista de esto, la policía termino de tomar nuestros datos por si necesitaban nuestras declaraciones, pero visto lo ocurrido no creía que fueran necesarias, por lo que me volví a la tienda mientras los dos trajeados se alejaban refunfuñando que a pesar de todo, seguían pensando que la culpa era del motorista.

Todo esto ha venido a mi memoria esta mañana en el desayuno, cuando una determinada persona se ha sentido ofendida conmigo porque, después de escuchar una sarta de desvaríos con los que intentaba convencernos de su postura en relación con un determinado tema, basada en los conocimientos adquiridos por su edad (muy similar a la mía) y por vivir en este mundo (es de general conocimiento que yo vivo en Marte) le ha dicho que me disculpara ya que mi tiempo para escuchar sandeces había concluido y tenía que marcharme.

¡Todavía no comprendo el motivo por el que se sintió ofendido!

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4 comentarios

  • En realidad toda nuestra realidad esta manipulada por los medios dominantes y “vemos solo lo que los medios quieren que veamos”. Solo creemos la mierda que nos muestran en nuestras cajas bobas (la TV).
    El Papa Francisco criticó a los medios: “No hay que caer en la enfermedad de la coprofilia”
    El Papa analizó el rol de los medios y cuestionó sus tentaciones. Carpetazos, manipulación y calumnias.
    “No hay que caer –sin ofender, por favor- en la enfermedad de la coprofilia: que es buscar siempre comunicar el escándalo, comunicar las cosas feas, aunque sean verdad”, comentó el pontífice argentino durante la entrevista concedida en español.
    Saludos.

    • El Arca de Dionisos

      No puedo por menos que coincidir contigo Jorge y lo peor del caso es que nadie se para a cuestionar la veracidad de lo que nos cuentan.
      Saludos

  • andres montiel amezcua

    Por eso yo no me creo nada de lo que me dicen y la mitad de lo que veo

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