Fecha de caducidad

0102_165307Ceferino dio fin a su jornada laboral, se levantó de su asiento ante la cinta transportadora y se fue directamente a los vestuarios; al entrar se quitó los guantes de látex, el gorro de plástico transparente que cubría su cabeza y los protectores para los zapatos tirándolo todo en el contenedor que a tal efecto había al lado de la puerta; hecho esto, se encamino a su taquilla, la número ciento treinta y dos y marcó la combinación (dos, seis, ocho, cinco, su fecha de nacimiento al revés) del candado, abrió la puerta, se quitó la bata blanca que dobló cuidadosamente antes de depositarla en la taquilla y de su interior, sacó un abrigo de paño gris y un anticuado sombrero, se los puso y mirando al suelo, salió de la fábrica camino de su casa.

Al llegar a casa colgó abrigo y sombrero en el perchero de la entrada, entró en el dormitorio y después de desnudarse y guardar pulcramente la ropa en el armario se puso el pijama, estiró un poco las arrugadas sábanas de la ancha cama que tenía aspecto de llevar varias semanas sin hacer y se dirigió a la cocina donde, después de fregar un sucio vaso, lo llenó de leche y lo puso a calentar en el microondas; cuando sonó la campana indicando que había transcurrido es tiempo programado, sacó el vaso y sin añadirle azúcar, se bebió de un tirón su contenido para, a continuación, ir al cuarto de baño a lavarse los dientes, al acabar se miró al espejo y una sonrisa distendió sus labios en una sonrisa.

Salió del baño, entró en el dormitorio y cogiendo una ajada foto que había sobre la cómoda la besó y dijo:

–¡Por fin mañana nos veremos! Hasta mañana pues.

Depositó con suavidad la foto en la almohada, se metió en la cama y por primera vez en mucho tiempo, se durmió tranquilo y feliz.

Ceferino llevaba años trabajando en la Fábrica de conservas, en la que entró muy joven, apenas recién terminado el instituto, como chico para todo y gracias a su disposición para el trabajo y su carácter alegre y extrovertido, fue escalando puestos hasta llegar al que ocupaba en la actualidad. Tres pasiones dominaban su vida en aquellos años. El trabajo bien hecho que le había llevado a ocupar el puesto que ocupaba en la Fábrica. Los números, de los que era capaz de visualizar en su mente las relaciones que existían entre ellos sin esfuerzo de voluntad por su parte y Mari Carmen; por encima de todo Mari Carmen, su novia desde los primeros años del instituto con la que iba a casarse.

El día que el director le llamó a su despacho para comunicarle su ascenso, paso como en un sueño y cuando acabó su turno, exultante de felicidad, salió corriendo en busca de Mari Carmen decírselo; ese día fijaron la fecha de la boda que llevaban un tiempo retrasando, en espera de afianzar su situación económica. A partir de ese momento Ceferino vivía en un sueño, en la Fábrica se entregó con entusiasmo a su trabajo, consciente de la responsabilidad que pesaba sobre sus hombros; cuando terminaba se reunía con Mari Carmen para ultimar los preparativos de la boda, mayo se aproximaba a pasos agigantados y el día veintiocho, fecha del enlace, se les echaba encima.

Dos semanas antes de la boda, Ceferino y Mari Carmen estaban arreglando los últimos detalles del piso que le había regalado la tía-abuela de Cefe, una vieja solterona que quería a Ceferino como si fuera el hijo que nunca había tenido y en la que iban a iniciar su vida de casados. Cuando terminaron decidieron estrenar la flamante cafetera exprés que acababan de comprar y mientras se preparaba Mari Carmen dijo a Ceferino:

–Cefe, con el ajetreo de la boda, todavía no me has dicho que haces un tu nuevo puesto.

–Perdona Mari, es verdad, pues verás, soy el responsable de grabar la fecha de caducidad en todos los productos que salen de la Fábrica y verificar que ninguno sale sin ella, para evitar las posibles intoxicaciones alimenticias de nuestros clientes– Le dijo Ceferino muy ufano.

Mari Carmen se quedó un momento pensativa y con una pícara sonrisa le dijo:

–Cefe ¿has pensado alguna vez como sería el mundo si todos llevásemos grabada nuestra fecha de caducidad en la frente?

–¡Que tonterías dices Mari! La única fecha que tú llevas grabada en la frente es la del día de nuestra boda.

No bien había acabado de decir estas palabras, cuando en la frente de Mari Carmen comenzaron a brillar suavemente unos números: 28-05-1991. Asombrado Ceferino parpadeó verías veces y los números desaparecieron; una alucinación, pensó, debida a los nervios y la ansiedad que sentía por unir definitivamente su vida a la de Mari Carmen.

Desgraciadamente no era ninguna alucinación, el día veintiocho de mayo de mil novecientos noventa y uno, Mari Carmen falleció al pie del altar a consecuencia de un derrame cerebral provocado por un defecto congénito y la tensión del momento. Al principio, trató de autoconvencerse de que este hecho era una desafortunada coincidencia, pero veinticinco años después de que ocurriera, había tenido sobradas ocasiones para comprobar que no fue coincidencia. No sabía por qué, pero era un hecho cierto que desde entonces, al mirar a cualquier persona veía como le brillaba tenuemente en la frente su fecha de caducidad. Por eso, desde entonces no miraba a nadie a la cara, hecho que le había apartado de todos sus amigos y por eso desde entonces, caminaba solo por la vida con la vista clavada en el suelo y era por eso precisamente, por lo que esta noche iba a dormir feliz por primera vez en tantos años ya que al mirarse al espejo vio aliviado que en su frente, brillaba tenuemente una fecha, la del día siguiente.

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