Los Caballeros de la Iglesia

Capítulo VII – Planes de guerra

(Primeros preparativos)

construccion-ciudad-medievalA la mañana siguiente una actividad frenética invadió el convento; tal y como había anticipado, el Prior junto con los Preceptores, creó los grupos de trabajo y comunicó a todos los hermanos de que grupo formaban parte y cuales eran las tareas este encomendadas. Sin más preámbulos todos los grupos iniciaron su trabajo.

El primero, el grupo de enmascaramiento y combate, el más numeroso ya que en él se encuadraban más de las dos terceras partes de los hermanos; su doble función consistía, por una parte, en realizar las labores habituales en los campos con el fin de aparentar normalidad a ojos de posibles observadores, no espías necesariamente, pero cualquier comentario realizado sin pensar sobre cambios en la rutina, podía levantar sospechas si llegaba a los oídos adecuados y por otra ser la fuerza de choque en caso de un ataque por sorpresa, por lo que por primera vez en cientos de años, los carros que les acompañaban no iban cargados con los aperos de labranza, sino con el armamento necesario para repeler un posible ataque.

Jörgenj y Edzàrj, debido a su especial dominio de la magia, encabezaron el grupo encargado de revisar y reparar las construcciones del convento, en especial la muralla perimetral, e introducir las modificaciones necesarias para mejorar su defensa. Debían, además, estudiar los posibles lugares de instalación de puestos avanzados, debidamente camuflados, para vigilar las posibles vías de infiltración del enemigo; en tanto que Melhiker y yo fuimos integrados en el grupo de estrategia encabezado por el Prior Erlhènj, nuestra misión era doble y consistía, por una parte, en analizar junto con Skjult la capacidad mágica de los sacerdotes de Bajaruvchy y por otra, crear un sistema de comunicación rápido, eficaz e imposible de detectar entre nuestros hermanos.

La primera parte de nuestro trabajo resultó sencilla, después de analizar junto con Skjult los fenómenos por él presenciados, llegamos a la conclusión de que si bien, los sacerdotes poseían la capacidad de leer los pensamientos de los demás en una medida que con los datos que contábamos no podíamos determinar, por lo que decidimos admitir que era plena, el fenómeno utilizado para demostrar la aceptación de una tribu en el seno de Bajaruvchy, no pasaba de ser una ilusión creada a base de elementos (espejos o cristales cóncavos) que concentraban la luz del sol en un punto que inflamaba el líquido en que se bañaba al sujeto, líquido inflamable en el caso de infieles o simplemente agua en el caso de los fieles, ya que nadie entre los obsevadores, conocía el contenido de las distintas vasijas y aceptaban la afirmación de los sacerdotes de que todas contanía agua.

Más difícil resultó la segunda parte de nuestro trabajo; no por el hecho de encontrar una clave que solo nosotros pudiéramos descifrar, eso fue lo más sencillo; partiendo de la clave que utlilizaba para mis anotaciones en el cenobio, compuse una sencilla de transcribir, con apariencia de marca al azar, con la que se podían transmitir ingentes cantidades de información y prácticamente imposible de detectar, pero seguía existiendo el principal problema, como hacerla llegar rápidamente al destino, pues todas las opciones propuestas, mensajeros, fuegos, aves y un largo etc. Eran lentas o podían ser interceptadas por el enemigo, exponiendo a la muerte, en muchos casos, a los portadores. De nada nos servía tener un cádigo indescifrable si el enemigo imedía que nos llegaran las noticias.

La solución a este problema llegó de una forma casual. Estábamos en una pausa de las discusiones, bien pasado el medio día, llevábamos encerrados desde primera hora de la mañana discutiendo diversas posibilidades de llevar los mensajes sin llegar a ninguna conclusión, por lo que habíamos decidido realizar un descanso para despejar las mentes y comer algo, ya que el hambre y sobre todo la sed hacían mella en nosotros cuando, tras una llamar a la puerta, entraron dos hermanos cargados de viandas. Sorprendidos y alegres por este hecho, Skjult le dijo:

–Gracias por traernos la comida hermanos, la necesitamos de verdad pero ¿Por que se os ha ocurrido hacerlo?

–No se nos ha ocurrido a nosotros, se le ha ocurrido a Scullion, un hermano que lleva poco tiempo con nosotros y está asignado a cocinas.

Ante esta respuesta, le pregunté curioso:

–¿Y siempre hacéis caso de los que os dice?

–En estos temas siempre hermano, Scullion parece adivinar las necesidades de los demás hermanos y hasta ahora, siempre ha acertado, cosa que facilita bastante el trabajo de todos, sobre todo cuando se trata de hermanos que están alejados del convento. ¿Es que se ha equivocado esta vez?

–No hermano, no se ha equivocado pues nos disponíamos a ir al refectorio. Dadle las gracias de nuestra parte.

Después de asegurarme que así lo harían, se encaminaron a la puerta para dejar que continuáramos nuestra labor cuando, como un relámpago de iluminación, me vino una idea a la cabeza con inusitada fuerza, por lo que antes de que se marcharan les dije:

–Por favor hermanos, decile al hermano Scullion que venga a vernos lo más rápidamente posible, necesitamos hablar con él.

Tras asentir con la cabeza, salieron de la habitación para cumplir con el encargo; mientras, aliviado y con una sonrisa en los labios, corté un trozo de queso y comencé a comerlo tranquilamente mientras los demás me miraban sorprendidos en medio de un profundo silencio de estupefacción.

–¿Por que has pedido que venga el hermano Scullion?– Me preguntó sorprendido Melhiker, pero no se habían desvanecido aun sus palabras cuando, tras llamar a la puerta, entró el hermano Scullion.

–Hola Scullion, gracias por acudir a nuestra llamada. No sabíamos que en la cocina hubiera tan buenos atletas, pues apenas han pasado unos minutos desde que pedí que os dijeran que vinieseis– Le dije sonriente, mientras miraba la cara de asombro de mis compañeros.

–No es que sea buen atleta, estando en la cocina sentí que me necesitabais y ya venía hacia aquí cuando me crucé con los hermanos que llevaban el recado y me confirmaron que queríais verme– Contestó a mis palabras.

Tras escuchar su respuesta, me volví hacia los presentes y dije:

–Hermanos hemos sido negligentes. Hemos tenido la solución ante nuestros ojos y no hemos sido capaces de verla– Dije señalando a Scullion.

Un pesado silencio cayó sobre nosotros mientras las caras de sorpresa con que me miraban, después de mis palabras, se iban cubriendo de amplias sonrisas al ir comprendiendo lo que pasaba por mi cabeza.

Continuará
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