El idealismo de los privilegiados

El psicólogo inglés Abraham Maslow formuló en 1943 una jerarquía de las necesidades humanas. Conforme se satisfacen las necesidades más básicas (parte inferior de la pirámide), los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados (parte superior de la pirámide). Las necesidades fisiológicas nacen con la persona, el resto de las necesidades surgen con el transcurso del tiempo. Y sólo las necesidades no satisfechas influyen en el comportamiento de las personas, pues la necesidad satisfecha no genera comportamiento alguno.

Es muy fácil, para los nacidos en esta sociedad privilegiada en que vivimos, cuestionar sus valores, sus logros y resaltar sus carencias para culparla de todos los males acusándola de oprimirnos en base a espurios intereses, defendiendo utópicos ideales, sin pararse a pensar en el hecho de que precisamente gracias a esa sociedad en la que hemos tenido la suerte de nacer, pueden permitirse el lujo de pensar y expresar libremente sus pensamientos, despreciando todos aquellos valores que la aglutinan y a las personas que la defienden sin sentirse ni física ni legalmente amenazados. Se sienten “ciudadanos del mundo”, pero ponen el grito en el cielo cuando se corta el suministro eléctrico por sobrecarga en medio de una ola de frío, o cuando tienen que esperar en una larga cola para ser atendidos por el médico del seguro.

Aquellos que nunca han tenido que luchar por la supervivencia, a los que nunca ha faltado un vaso de agua, para los que el ser humano prima sobre la sociedad y consideran incuestionable su satisfacción individual, no se han parado a pensar en realidades como les siguientes:

  • El porcentaje de agua dulce sobre el total es de un 2,5%. De este porcentaje un 0,78% son aguas subterráneas que no se pueden extraer por la profundidad, un 1,71% están en forma de hielo en los casquetes y glaciares polares. Si restamos además el agua atmosférica, la que forma parte de los seres vivos y la de constitución de los suelos queda un exiguo 0,007% disponible para el hombre.
  • De los 148.000.000 km² de superficie emergida (“tierra” por oposición al “mar”), solo 31.000.000 km² lo que representa aproximadamente el 21% del total. sin embargo, esa cifra está en rápida disminución, especialmente como consecuencia de la erosión en una cantidad que puede estimarse en 100.000 km² por año.
  • La población mundial ha pasado de los casi 1000 millones de habitantes en el año 1800 a más de 6000 millones en el año 2000 y en diciembre del 2016, se tiene registro de 7400 millones de habitantes, es decir se ha incrementado en un 640% en un periodo de 200 años.

Poca gente se ha parado a pensar que esos escasos bienes necesarios para la supervivencia, no están repartidos de forma homogénea en la tierra, en la que hay zonas que permiten un vida más fácil para sus pobladores y otras en las que la supervivencia supone una lucha diaria para apenas lograr cubrir las necesidades básicas. Lo que comporta que el desarrollo social de los distintos grupos no haya sido homogéneo y consecuentemente que los valores morales y culturales en los que se mueven sean totalmente diferentes.

Desde los orígenes de la humanidad su evolución ha estado regulada por mecanismos naturales que controlaban su volumen y sus condiciones de vida, tales como tasas de mortalidad en el parto, supervivencia infantil pasado el primer año, epidemias (La epidemia de peste negra Yersinia pestis” que asoló Europa a mediados del S XIV causó 75 millones de muertes, de un total de 600 millones de habitantes en el mundo, es decir: falleció el 12,5% de la población mundial) y a pesar de ello, se producían guerras por el control de los recursos.

Otro factor a tener en cuenta es la esperanza media de vida en el mundo que, hasta principios del S XX se cifraba en 31 años. Con los avances producidos durante este siglo en medicina, profilaxis, vacunación, etc. hoy en día la esperanza media de vida en el mundo se cifra en 67 años, lo que supone un incremento del 116%.

Sumando todo esto nos encontramos con:

  • Un incremento de la población de más del 600%
  • Un incremento de las expectativas de vida del 116%
  • El mantenimiento o disminución, en su caso, de las disponibilidades de agua y terrenos productivos para la alimentación.

Si a todo esto sumamos el hecho de que el reparto de estos bienes es desigual y echamos un vistazo a situaciones similares en la historia (Imperio Romano, Bizantino, Islámico)… Saquen sus propias conclusiones.

Soy plenamente consciente de que nuestra sociedad no es perfecta, nada hecho por los hombres lo es, pero es la sociedad que nos ha conformado como personas y en la que nos ha tocado vivir y creo que a pesar de todos sus defectos la solución no es destruir sus valores sociales en aras del personalismo, máxime cuando somos tan dependientes del ella para obtener los productos necesarios para nuestra propia subsistencia ya que somos incapaces de generarlos nosotros solos.

Creo que más bien es momento de fortalecerla a través del respeto y la solidaridad con los demás, asumiendo sus defectos como propios (pues lo son), colaborando todos para su erradicación, defendiéndola de las agresiones de otras sociedades cuyos valores y concepciones morales son distintos e incluso contrapuestos a los nuestros.

Espero que esta publicación te haya gustado. Si es así pulsa me gusta y si tienes alguna duda, consulta o quieres complementar este post, no dudes en escribir en la zona de comentarios.
Sigueme en: www.elarcadedionisos.es

6 comentarios

  • Magnífico artículo, Francisco Javier. Realmente, no somos conscientes de lo afortunados que somos en comparación con muchas otras sociedades y épocas históricas.

    • El Arca de Dionisos

      ¡Hola Estrella!

      Siempre he pensado que estamos centrados en nuestro propio ombligo y nos olvidamos del entorno que nos rodea. Nos olvidamos de que somos como somos gracias a la sociedad en que hemos crecido y de la que dependemos mucho más de lo que queremos admitir y olvidamos que en el mundo existen otro tipo de sociedades con valores completamente diferentes de los nuestros que les resultan incomprensibles.

      Muchas gracias por tu comentario.

      Un abrazo 🙂

  • Que la sociedad no es perfecta parece evidente, que probablemente cualquier tiempo pasado fue peor, también. Como ciudadanos tenemos la obligación de ser reivindicativos, no para destruir sino para mejorar. Planteas un tema interesante y que invita a pensar. La última reflexión que haces me resulta un tanto inquietante. ¿Cómo defender a nuestra sociedad de las agresiones de otras sociedades? ¿Nos agreden otras sociedades?

    • El Arca de Dionisos

      Hola Juan
      Por supuesto que es inquietante, más si tenemos en cuenta que en nuestra prepotencia, estamos esquilmando los recursos del planeta. Vivimos en una sociedad que como otras anteriormente, ha llegado a su ocaso y se ha convertido en su peor enemigo. A nivel mundial hay un resurgimiento de los nacionalismos que pretenden un cierre de fronteras rompiendo así la solidaridad internacional o entre las propias naciones de un pais. El terrorismo se está convirtiendo en una plaga y pienso que el problema ira creciendo al agudizarse la falta de recursos.

      La solución al problema no la conozco, pero pasaría por una cesión de nuestros intereses individuales en pro de una mayor solidaridad, cosa que veo muy muy improbable.

      Un abrazo 🙁

  • Hola Javier,
    ¡Caldeado está el debate! Voy a intentar explicarme lo mejor posible porque el tema me resulta un poco complicado.
    Por una parte, estoy de acuerdo contigo en que las personas que no hemos tenido que padecer (hambre, guerras, violencia, carencias de cualquier tipo, etc…) solo podemos ver una cara de la moneda sin llegar a comprender la complejidad con la que está fabricada toda la moneda en su conjunto. Pero es aquí donde yo encuentro el quid de la cuestión, y voy a usar el ejemplo de la sociedad que ha hecho posible que podamos disfrutar de ciertas comodidades que para otras personas son inexistentes: ¿y si es la contraposición constante de dos fuerzas la que permite que el mundo siga adelante? Me refiero, puede parecer no del todo justo criticar la forma de subsistencia de épocas pasadas (o de otras culturas) cuando ahora no se sufre lo que antes se sufría, y sin embargo, esa contraposición de dos mundos tan distintos es la que nos está ayudando a ver que hay ciertas cosas que es mejor evitar a toda costa.
    Hace unos pocos días vi en internet una viñeta cómica que resumía el problema de la hipersensibilización así: varios hombres de las cavernas protestando con pancartas por lo peligroso que era el fuego, o por la domesticación de animales al servicio del hombre. La crítica no solo era muy evidente sino que además era cierta; sin esos elementos, la humanidad seguramente no habría avanzado, o no lo hubiera hecho de la forma en la que conocemos. Pero la humanidad tampoco habría avanzado si nadie se hubiera dado cuenta en algún momento de que las crucifixiones, el esclavismo, o la obediencia ciega a la religión eran una piedra en el camino a la evolución.
    Por eso, de alguna manera pienso que esta contraposición constante de mundos, ideas, o conciencias, es la que permite que el mundo progrese; no sé si dentro de unos años seguiré pensando lo mismo.
    Espero haberme explicado bien.
    Felicidades por este artículo, Javier 😉
    ¡Un abrazo!

    • El Arca de Dionisos

      ¡Hola Carolina!
      Esperaba con ilusión tu entrada en el debate ya que fue un artículo tuyo y el debate que propició, lo que me sirvió de inspiración para escribir este artículo sobre el que llevaba meditando mucho tiempo. Tienes toda la razón al decir que es un tema muy complejo y ¡por supuesto! estoy totalmente de acuerdo contigo cuando dices: “…de alguna manera pienso que esta contraposición constante de mundos, ideas, o conciencias, es la que permite que el mundo progrese” y en respuesta a la pregunta que te planteas sobre si es la contraposición de fuerzas, tengo que responderte que indudablemente es así; cuando en un sistema dinámico se igualan los potenciales, deja de ser dinámico para convertirse en estático y desaparecer.
      No es en el fondo del problema donde radica mi discrepancia sino en las formas de enfrentarlo, en las que se obvian ciertas realidades que nos resultan incómodas como seres humanos. Eso es a lo que quiero enfrentarme con este y los siguientes artículos que quiero publicar sobre el tema.
      Gracias por tu comentario, que como siempre, me resulta de mucha utilidad.
      Un abrazo 🙂

Deja un comentario