En homenaje a Antonio Pantoja

Ayer, en la reunión que todos los martes tengo en la peña con un grupo de buenos amigos, recibí la triste noticia del fallecimiento de Antonio Pantoja, noticia que me impresionó profundamente y me causó un hondo pesar.

Conocí a Antonio en la peña, no hace un año todavía, era un hombre mayor ya jubilado, con una exquisita educación y vasta cultura con el que resultaba muy facil hablar, pero lo más importante de todo es que una buena persona, de gran sensibilidad y con un corazón de poeta, que amaba su tierra, sus gentes y sus vinos apasionadamente de la que en estos momentos, me resulta muy dificil hablar ya que no tengo palabras para describir la profunda impresión que me causó conocerle y describir la suerte y el honor que he tenido al contar con sus colaboraciones en este blog por eso, como humilde homenaje a esta gran persona, os dejo con la primera de sus colaboraciones con el deseo de que Antonio haya alcanzado la paz que se merece.

Los mosquitos de canilla

(Publicado en el blog el 26 de abril de 2016)

En la vida como en todo hay que tener suerte. Sin ir más lajos, hoy quiero centrarme en una fábula que parece ser simple, pero que a mí me ha dado por reflexionar. Y nada más simple que un mosquito…

Los mosquitos a los que me refiero a mi entender han tenido suerte: han nacido en una bodega de vinos del marco de Jerez. Este simpático díptero -siempre refiriéndome al bodeguero- deambula por las bodegas entre soleras al son que les tocan las palmas por bulerías. Vuelan y vuelan sin cesar posándose en las canillas de las botas que más les apetece. Las bodegas de El Puerto con sus ricos caldos son sus favoritas. Ahora se posan en las canillas del oloroso, vino viejo y generoso que parece darle vida a este insecto cuando introduce su “trompita” recta y armada, que le sirve para aspirar tan rico manjar. Estos “veteranos” satisfechos se quedan horas y horas descansando de su rico festín.

Pero no le va a la zaga la de su hijo, el mosquito más joven, el que ha llegado a pubiscente, está en la pubertad. Es travieso, revolotea sin cesar de una a otra bota o de una a otra corchuela, no sabe a ciencia cierta lo que quiere, está en plena juventud… Se decide al fin, los más maduros hacia el amontillado, el palo cortado o el cream, otros prefieren el vino fino, saben que si de unos pueden libar una o dos veces, del “fino” lo pueden hacer más.

Al final, quizás en lo más oscuro de la bodega, están las soleras del vino moscatel. Muchos, muchos mosquitos, pequeños, muy pequeños, diría que “bebés” liban de su biberón: el moscatel, el Pedro Ximénez, dulces, aterciopelados, suaves.

Estoy seguro que estos animalitos son felices por tan poco, están en posesión de lo que para ellos es un bien. En nuestra sociedad que pocos se conforman con ese poco que es mucho. Quieren más y más, les atormenta el poder, el dinero… Podrían ser como el mosquito que se equivoca de bota y en vez de posarse en la canilla del vino, lo hace en la del vinagre ¡Están avinagrados!

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