Juegos de niños

Al clarear la mañana los niños se despertaron y al abrir los ojos, contemplaron el cuarto en que se encontraban. La luz entraba a raudales por la ventana y alrededor de su camas había diversos juguetes, con los que empezaron a jugar, por lo que durante un tiempo el silencio y la paz reinaron en la habitación, pero los niños se aburren con facilidad y al poco rato dejaron de prestar atención a sus juguetes para fijarse en los que tenían los demás y no había pasado mucho tiempo cuando, el más decidido, dejando lo que estaba haciendo, cogió uno de los juguetes del niño que tenía más próximo, lo que provocó una pelea por la posesión del mismo, pelea que se saldó con uno de los niños llorando tristemente, ante la indiferencia de los demás niños del cuarto, mientras el otro se apoderaba de la mayoría de los juguetes del vencido.

La tranquilidad volvió a reinar en la habitación durante un breve periodo de tiempo hasta que, otro de los niños decidió que le gustaban más los juguetes del vecino que los suyos y se inició otra pelea, ante la que el resto de los niños permaneció indiferente, con los mismos resultados y la paz volvió a reinar en la habitación. Este proceso se repitió en diversas ocasiones hasta que se produjo una clara división entre ellos, los que tenían muchos juguetes y los que apenas tenían.

Los que tenían mucho, apartados cada uno en su rincón, se miraban recelosos entre si y peleaban de vez en cuando por la posesión de un determinado juguete que les llamaba la atención; el resto, agrupados temerosos en un rincón, descubrió que poniendo en común los pocos juguetes que poseían, juguetes sencillos y aburridos como tacos de madera de colores, cartones pintados con vistosas imágenes y otros similares que por si mismo producían escasa diversión, al combinarlos, creaban nuevos juguetes que sí resultaban divertidos, por lo que tímidamente al principio, pero con más decisión y alegría según hacían nuevos hallazgos se dedicaron a sus juegos desentendiéndose del resto, en medio de risas de alegría.

Este alborozo llamó la atención de uno de los niños que más juguetes tenía, un niño robusto que había demostrado poder dominar a los demás por su fuerza y agresividad, quién decidió apoderarse de los entretenidos juegos de los que menos tenían, por lo que se acercó a ellos decidido a apoderarse de sus juguetes.

Al principio, el grupo de abrió amedrentado para dejarle paso, pero cuando derribó descuidadamente una de las estructuras que habían construido, todos se le echaron encima y le obligaron a volver magullado a su rincón ante la indiferencia del resto de los críos que siguieron jugando con sus numerosos juguetes y volvió a reinar la tranquilidad en el cuarto, aunque ésta no duró mucho tiempo.

El grupo de niños antes amedrentados, se dio cuenta del temor que habían causado en su agresor y fueron a su rincón a llevarse la mayoría de sus juguetes, solo le dejaron los que nos les llamaron la atención, y volvieron a su sitio a disfrutar de los recientemente adquiridos con los que inventaron nuevos juegos pero, como niños que eran, empezaron a aburrirse de lo que ya tenían y desearon los juguetes de los otros niños, por lo que fueron arrebatándoselos uno a uno, ante la indiferencia de los demás que se limitaron a mirar y esconder lo que cada uno tenía y volvió a reinar la paz en la habitación.

Ya tenían juguetes de sobra en el grupo y al poco tiempo comenzaron las discrepancias; ya no era necesaria tanta colaboración para jugar y cuando a uno se le ocurría un juego, si no era aceptado por todos se separaban en grupos y cada grupo hacía lo que le apetecía, por lo la armonía seguía reinando entre todos pero, al principio de la tarde a uno de ellos se le ocurrió construir una torre con tacos de madera; Cuando los demás vieron que la torre iba cogiendo altura, les pareció entretenido y todos comenzaron a construir torres; al principio todo fue bien pero al empezar a escasear los tacos de madera comenzaron las peleas por conseguirlos, por lo que poco a poco dejaron de construir para ir apartándose de los demás y conservar lo que ya habían conseguido, sin caer en la cuenta de que mientras discutían y se vigilaban unos a otros, los otros niños acuciados por el aburrimiento, primero de forma individual y luego en grupo, les habían ido quitando los juguetes y derribado las torres que empezaron la discordia.

Empezó entonces una pelea generalizada, en la que cada uno, de forma individual, quería recuperar sus juguetes; los antiguos compañeros peleaban con más intensidad entre ellos echándose la culpa de lo ocurrido. La pelea duró hasta que, a la caída de la noche, cansados y magullados, con los pocos juguetes que habían conseguido (muchos de ellos se rompieron en la pelea) se retiró cada uno a un rincón diferente a dormir.

De todos es sabido que los niños olvidan pronto, así que a la mañana siguiente, tras un sueño reparador, el día comenzó igual que el anterior y de la mañana a la noche ocurrieron las mismas cosas, lo mismo que al día siguiente y al siguiente, de modo que los niños, que no eran niños, hacían lo mismo todos los días y peleaban por los juguetes, que no eran juguetes,sin aprender ni recordar nada del día anterior, repitiendo un día tras otro los mismos errores que determinaban su triste destino.

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2 comentarios

  • Parecía un cuento normal, pero luego he visto que lo has incluído en la sección de ideas políticamente incorrectas, y ha sido leer el final y sentir esa especie de desazón por dentro que te deja pensando durante mucho tiempo.
    Buen relato para pararse a pensar un poco
    ¡Un abrazo!

    • El Arca de Dionisos

      Esa era mi intención al escribirlo, obligar a pensar por medio de un relato sobre un tema intrascendente que puede no serlo tanto.
      Un abrazo Carolina 🙂

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