Los caballeros de la Iglesia – Capítulo XII – Hämnstaj

Mientras esto ocurría en el convento de Hàlveron, en la enfermería del convento de Hämnstaj, Velger el bibliotecario preguntaba al prior Trader si se había producido algún cambio en el estado de los cinco magos que yacían ante ellos, atendidos por varios hermanos bajo la supervisión de la hermana Smilla quién, por indicación de la hermana Healer, se había desplazado desde su residencia en Kommerbyen hasta Hämnstaj para su cuidado. Una profunda preocupación se reflejaba en el rostro de ambos hermanos al preguntar a Smilla por la evolución de su estado.

Voy a seros totalmente sincera hermanos, estoy preocupada, muy preocupada por ellos.Respondió Smilla con gesto serio y voz en la que se notaba el cansancio y la tensión acumulada en los días que llevaba a cargo de los enfermos.

La, llamémosle enfermedad, que les aqueja no es algo físico, todo lo que les ocurre está en el interior de sus mentes; su salud es excelente por el momento, aunque me empieza a preocupar el paulatino deterioro que se está produciendo en sus cuerpos, debido a la total inmovilidad en que se encuentran y a no haber consumido alimentos ni agua, lo que está debilitando sus cuerpos.

¿Existe alguna solución Smilla?— Inquirió Velger profundamente preocupado por la situación.

De momento lo único que podemos hacer es cuidar el aspecto físico, estamos enjuagando constantemente sus labios, intentando proporcionarles algo de líquido ya que la deshidratación es mucho más peligrosa que el hambre y afortunadamente, hemos podido comprobar que aunque en pequeñas cantidades, están ingiriéndolo. Por otra parte y para evitar ulceraciones, les lavamos y giramos regularmente con el fin de evitar que sea siempre la misma parte de su cuerpo la que roza las sábanas. Por lo demás y salvo que las investigaciones de TrØllkarl aporten algo nuevo, solo podemos esperar.— Al ver el efecto que sus palabras producían en Trader y Velger, Smilla continuó. —Se que no es lo que os gustaría oír hermanos que los momentos por los que estamos pasando y lo que se nos viene encima, no olvidéis que conozco la situación ya que fui yo quien descubrió parte de la conspiración de Värdelos, motivo, entre otros, por el que me eligió la hermana Healer para atenderlos, no son los mejores para recibir estas noticias, pero por eso mismo de nada vale crearnos falsas esperanzas, solo cabe aguardar a…

El ruido de una jofaina al hacerse pedazos contra el suelo, junto con diversa exclamaciones de asombro interrumpieron las palabras de Smilla y les hicieron volverse para contemplar asombrados a los cinco magos sentados en los jergones y contemplándoles con una mezcla de asombro y serenidad en sus rostros. Pasados unos instantes en los que el tiempo pareció detenerse en la enfermería, la voz de Jannirèll rompió el pesado silencio.

Perdonad si os hemos sobresaltado hermanos. ¿Os importaría traernos unos hábitos con los que vestirnos y acompañarnos al refectorio?, tenemos un hambre atroz, como si no hubiésemos comido en varios días.

Estas palabras rompieron la tensión creada y mientras los hermanos les proporcionaban los hábitos solicitados y Trader le decía a Velger que no le extrañaba que tuvieran hambre ya que llevaban ocho días sin probar bocado, Smilla se acercó presurosa a ellos con una pregunta en los labios que Bokorm no le permitió pronunciar al dirigirse a ella diciendo No os preocupéis por nosotros Smilla, nos encontramos perfectamente, solo un poco débiles por el hambre y la sed, cosa totalmente natural, ya que como ha dicho el prior llevamos ocho días sin llevarnos nada a la boca.

Smilla asintió con la cabeza y todos se encaminaron al refectorio; mientras cruzaban los jardines que separaban éste de la enfermería, una Smilla asombrada pensaba con que facilidad había cedido al ruego de Bokorm, algo que iba en contra de todo lo que le habían enseñado y siempre había practicado, no permitir que sus pacientes abandonasen el lecho antes de haberse cerciorado fehacientemente de que se encontraban capacitados para hacerlo, en ente caso y acostumbrada como estaba a bregar con pacientes díscolos y con malos modales, las suaves palabras de Bokorm la habían impelido a obedecer su ruego como si fuese una novicia en sus primeros años de aprendizaje. Este hecho le sorprendía sobremanera y su sorpresa aumentó cuando Ghörann, que no era muy dado a las palabras, tras intercambiar una breve mirada con Edzàrj, solicitó al hermano Velger que rogase al Patriarca Flottfar se acercase al convento en cuanto sus obligaciones se lo permitieran, ya que tenían noticias importantes que comunicarle y que aunque el tiempo apremiaba, se encontraban demasiado débiles para ir ellos mismos a verle en ese momento. Como si pedir que el Patriarca de la Iglesia acudiera a visitarles en lugar de acudir ellos a su presencia, fuese la cosa más natural del mundo, Velger llamó a un hermano que pasaba a su lado en ese momento y le ordenó que sin pérdida de tiempo, fuese al Monasterio y comunicase personalmente el mensaje al Patriarca.

Cuando entraron en el refectorio, a pesar de que no habían mandado aviso y estaba ya bien entrada la tarde, hora en la que habitualmente solo se encontraba en la cocina un hermano marmitón por si algún hermano no había podido acudir en el momento del almuerzo, debido a las labores que tenía encomendadas, le necesitaba, encontraron ésta en plena actividad; todos los cocineros se encontraban preparando abundante comida, como si de la hora de la cena se tratase, aunque solo había una mesa con nueve asientos preparada, en la que todos se acomodaron quedando un asiento vacío. No bien habían acabado de sentarse, cuando un río de platos comenzó a fluir de la cocina hacia los recién recuperados magos que sin ningún tipo de preámbulo comenzaron a dar cuenta de ellos, en tanto los demás solo tomaban una bebida caliente. Mientras comían llegó la hora de la cena y poco a poco el comedor se fue llenando de hermanos que al verlos se aproximaban a la mesa con intención de preguntar como se encontraban, pero que antes de llegar a ella se retiraban sin decir nada, con una sonrisa en los labios y un gesto de profundo respeto.

Cuando Flottfar entró en el refectorio, su presencia acalló el rumor de las conversaciones pues era un hecho inusitado la presencia del Patriarca en aquel lugar, pero cuando tras sentarse a la mesa de Jannirèll y el resto de sus compañeros comenzó a cenar el ambiente del refectorio volvió a la normalidad, momento en el que Jannirèll interrumpió su comida y comenzó a explicar lo ocurrido; explicación que duró hasta bien entrada la noche y en la que se produjo un hecho curioso que en principio, sorprendió a todos pero que según avanzaban las explicaciones fueron comprendiendo plenamente. Durante la narración de los hechos y en los momentos en que le narrador se interrumpía, bien por cansancio, bien para continuar comiendo, era automáticamente sustituido por otro que dejando de comer, terminaba la frase inacabada y continuaba como si de la misma persona se tratara y así sucesivamente hasta que la narración terminó.

De esta forma supieron que en el momento en que la conmoción provocada por lo ocurrido en el Paso del Sur los alcanzó sumiéndoles en un profundo dolor, al estar todos ellos, en cierta forma unidos mentalmente tratando de comprender y descifrar el pergamino, sus mentes se fundieron en una, viviendo todos en un caótico momento las vidas de los demás, sin poder discernir cuales eran sus propias vivencias y cuales las de los demás. Esto había provocado en todos ellos un sentimiento de terror, de miedo a desaparecer como personas engullidos por algo desconocido y terrible. No podían saber durante cuanto tiempo permanecieron así, bastante al parecer, por el tiempo transcurrido entre el momento en que cayeron en ese estado y el momento en que habían despertado, pero hasta que no lograron comprender que decía el pergamino, cuyo contenido tenían grabado en sus mentes: “…pero sabed que solo si estáis dispuestos a renunciar voluntariamente a vuestra vida y en comunión con los demás unís vuestros poderes individuales…” , y hasta que no lograron aceptar que debían renunciar a sus vidas individuales para fundirlas en un todo superior no podían salir del caos en el que se encontraban; esto resultó ser lo más difícil, pues no es fácil renunciar voluntariamente a la esencia de uno mismo ni a exponer nuestra vergüenza y nuestros miedos ante los demás, pero una vez aceptaron esto el resto fue fácil, el ser formado con la suma de todos ellos descubrió que se encontraba incompleto que faltaba, al menos, una mente para completarle, por lo que lanzaron una sonda en su busca hasta encontrar a Melhiker que pronto se integró con ellos y aunque rozaron la mente de TrØllkarl, debido a su edad y a su relativamente escasa capacidad para la magia, no pudo integrarse. Solo al sentirse un ser completo despertaron.

En resumen, todos eran uno ahora pero, a la vez, seguían siendo ellos mismos y reconocían que era algo muy difícil de explicar y comprender para alguien que no fueran ellos. Todos sabían lo que pensaban y sentían los demás, ya que formaban un todo, pero a la vez todos eran capaces de actuar individualmente así como de emplear también individualmente la capacidad mágica que todos ellos compartían y que no era la suma de sus capacidades individuales, sino algo muchísimo más poderoso.

Continúa

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2 comentarios

  • Hola Javier,

    Me resulta poderoso el mensaje que queda la final de este capítulo, pues está claro que la unión de tanto poder hace la fuerza para sentir que son uno, pero no por ello tienen que quedar anuladas las acciones individuales.

    Buen final de capítulo 🙂

    ¡Un abrazo!

    • El Arca de Dionisos

      Es el resumen del mensaje del pergamino. Renunciar a la individualidad para formar parte de algo más grande te enriquece y descubres que sigues siendo tú mismo, pero enriquecido por la capacidad de compartir sin miedos con los demás.

      Muchas gracias por tu comentario, que siempre resulta enriquecedor.

      Un abrazo Carolina. 🙂

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