Los caballeros de la Iglesia – Capítulo XII – En Hàlveron y Hämnstaj

El Convento de Hàlveron amaneció con una enérgica actividad que translucía la alegría que embargaba a todos sus miembros por la noticias recibidas la noche anterior y que se notaba especialmente en el brío con que los hermanos se entrenaban en sus ejercicios de armas y tácticas de combate. Tal y como estaba previsto, el Donark se reunió a primera hora de la mañana y un cambiado Melhiker expuso la estrategia que había planificado.

Básicamente consistía por un lado, en mantener de cara al enemigo, la impresión de un total desconocimiento de sus intenciones, reaccionando a los hechos como si de un problema interno se tratara. Para ello el Exarca de Ganestria informaría privadamente al rey Grunneier que había enviado un destacamento de su ejército para eliminar la banda de malhechores que había atacado el poblado del paso, de la realidad de la situación, poniéndole al corriente de las medidas que estaba tomando la Iglesia para solucionarla, al tiempo que le rogaba guardase el máximo secreto sobre la realidad de la misma y continuase actuando como si pensara que el hecho no era más que la actuación de un grupo de desesperados de la zona, hasta que no se descubriera quienes eran los espías enemigos infiltrados en Ganestria; para tranquilizar a Grunneier sobre la seguridad del reino, el exarca Velviigfar comunicaría a Grunneier la existencia de mil Caballeros de la Iglesia acampados en el convento de Förlust que se pondrían en contacto con sus tropas.

Por otra parte, el Patriarca Flottfar, visitaría al rey Försiktig para interesarse por su salud y en secreto, tras informarle de la realidad de la situación, le pediría que con la excusa de su mala salud, anunciara su abdicación en su hijo, convocando una reunión del Rådetskonger, el Consejo Supremo de Reyes, para que confirmaran y reconocieran al príncipe Elsketsønn como nuevo rey de Dönhar. Una vez reunidos el Patriarca, como cabeza del Rådetskonger, les convocaría a una reunión privada en sus aposentos del palacio de Ekteskappalass en Ljuststad, Sede del Rådetskonger, donde les informaría de la situación y de los planes de la Iglesia para afrontarla.

En tanto que esto ocurría en Hàlveron, en la ciudad de Hämnstaj, Flottfar y los cinco magos se dirigieron, en el carruaje del Patriarca al Monasterio de Jötnar, donde les aguardaba el hermano Velger para franquearles el acceso a la cueva donde encontraron el pergamino. La alegría que sentía Velger por su restablecimiento junto con las ganas de abrazar a Jannirèll y Edzàrj, por quienes sentía un especial cariño al haberlos tenido bajo su tutela en el Cenobio de Zaromba, se vieron rápidamente reprimidas por la sensación de profundo respeto que le invadió al contemplar sus rostros; nada quedaba de aquellos niños del cenobio, ahora se encontraban ente él dos personas que siendo las mismas, translucían una profunda sensación de sabiduría y poder que le sorprendió de tal manera que sobrecogido y temeroso, les condujo a la sala que daba entrada a la cueva sin pronunciar palabra. Una vez en ella, un Edzàrj entre divertido y preocupado, preguntó al bibliotecario:

¿Que te ocurre Vegard que desde que nos has visto no has dicho ni una palabra?, ¿No te alegra vernos, o te hemos ofendido de alguna manera?,a lo que Vegard, confuso, respondió: Claro que me alegra veros. Lo pasé muy mal cuando caísteis en ese estado vegetativo; para mí seguíais siendo los mismos niños que eduqué en Zaromba, convertidos en unos prometedores jóvenes con gran futuro de los que me sentía orgulloso. Al enterarme de vuestra recuperación sentí un inmenso alivio y unas tremendas ganas de abrazaros, pero al veros me he dado cuenta del profundo cambio operado en todos vosotros, he comprendido que habeis trascendido aquello que erais de una forma incomprensible para mí, convirtiéndoos en alguien, en algo mucho más grande y el respeto hacia vosotros que eso me produjo me ha impedido manifestar mis sentimientos.

Vegard…, Vegard, parece mentira,intervino Janniréll. ¿Que ha sido del Prior del Cenobio de Zaromba capaz de enfrentarse y controlar a un elemento tan díscolo y difícil como yo? Hemos cambiado es cierto, pero eso nos ha hecho apreciarte más ahora que comprendemos mejor tu labor de aquellos años. ¡Danos ese abrazo que tanto tú como nosotros estamos deseando!.

Tras estas palabras se fundieron todos en un fuerte a abrazo, suspirando aliviados hasta que pasados unos momentos Vegard dijo:

Habéis cambiado, pero seguís perdiendo el tiempo como antes, dejaros de sensiblerías y bajad a cumplir con vuestra obligación que es encontrar los dichosos librosDijo Vegard al tiempo que suavemente los empujaba hacia las escaleras. Mientras los cinco magos se perdieron por las escaleras, Vegar se sentó a esperarlos tal y como hiciera la vez anterior, aunque ahora sabía que no era necesaria su presencia allí, como tampoco lo era que Flottfar esperase en su despacho para abrir la puerta de la sala cuando el acceso a la cueva estuviera cerrado, pues ellos tenían el poder necesario para vencer todas las salvaguardas puestas por sus antecesores hacía cientos de años. Sí habeis cambiado profundamente, pensó mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro, mucho más de lo que a primera vista pueda parecer, pues habéis notado el estado de ánimo en que me sumí al veros y con unas pocas palabras jocosas y amables, me habéis devuelto el aplomo y confianza en mi mismo que comenzaba a faltarme.

Miengtras Velger estaba sumido en estos pensamientos, el grupo llegó a la cueva y sorteando, sin ningún tipo de dudas, la mesa central, se encaró con la pared frontera donde, gracias a sus amplificados poderes, veían con perfacta nitidez una puerta que a una orden mental, se abrió dando acceso a una pequeña estancia perfectamente iliminada gracias a la fosforescencia que emanaba de sus paredes. El único mobiliario de este nuevo recinto consistía en una biblioteca en la que cuidadosemente colocados, se encontraban cuarenta y nueve gruesos tomos y justo delante, en un atril de piedra, se encontraba depositado, sobre un cojín de terciopelo, el tomo, algo más grueso que el resto, que hacía el número cincuenta.

Continúa

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