Los caballeros de la Iglesia – Capítulo XIII

El contenido de los libros

 

 

Tras exponer sus planes para hacer frente a la situación, planes que fueron aceptados sin vacilación alguna por parte del Donark, Melhiker dio por terminada la reunión, no sin antes comprobar que se ponían en marcha las medidas acordadas. La nueva personalidad adquirida tras su comunión con Jannirèll y los demás elegidos emanaba tal poder y sabiduría que sin ser conscientes de ello, todos los miembros del Donark vieron natural que, pasando por encima de la autoridad del Gran Maestre, fuera él quien impartiera las instrucciones y dirigiera la reunión. Nada más salir del consejo, Melhiker se encaminó a su celda y dijo al hermano que, como a todos los miembros del Donark, le seguía para atender sus necesidades y llevar sus mensajes que hiciera guardia a la puerta de la misma para que nadie, bajo ninguna circunstancia, le molestara hasta que saliera de la misma; dicho esto entró en la celda, cerró la puerta y se abstrajo del mundo que le rodeaba para entrar junto con Janniréll y sus compañeros en el recinto en que se encontraban los Tratados, pues a pesar de la distancia que separaba sus cuerpos, sus mentes nunca estaban totalmente desconectadas y en momentos de suma importancia o necesidad, como el hecho de haber accedido a los tan buscados libros, podían fundirse convirtiéndose en una sola, con independencia de donde se encontrasen físicamente.

Una vez reunidas en comunión las seis mentes, Jannirèll, con sumo cuidado por temor a dañarlo, abrió el tomo colocado en el atril y para su sorpresa comprobó que se encontraba en perfecto estado de conservación, como si hubiese sido escrito el día anterior. Al hacerlo, una hoja de pergamino introducida entre l cubierta y las páginas del libro, se escurrió hasta el cojín de terciopelo que sustentaba el libro; tomándola en sus manos observó que estaba cubierta de una abigarrada escritura en la que se podía leer:

Vosotros, que estáis leyendo este pergamino, tras superar las salvaguardas que pusimos los guardianes de esta biblioteca para preservar los conocimientos que contiene, negándoselos al resto del mundo, debéis saber que desde este momento os habéis convertido en poseedores y guardianes de estos peligrosos conocimientos, reunidos durante miles de años por diversos magos, muchas veces a costa de sus vidas. A vosotros compete decidir si debe permanecer oculto como hasta ahora, o si deben ser difundidos y en ese caso, hasta que punto debe hacerse. Para ayudaros en esta tarea, el tomo que tenéis ante vuestros ojos, en cuyo interior me habéis encontrado, contiene la historia de la magia en nuestro mundo, como fueron recopilados estos conocimientos y los motivos que nos llevaron a mantenerlos ocultos. Leedlo con atención antes de tomar ninguna decisión respecto de ellos.

Pocas cosas nuevas les aportó la lectura de este documento que los anteriores guardianes habían dejado como aviso a sus sucesores, salvo el hecho de que se habían convertido en los guardianes de los libros y la confirmación de la peligrosidad de los mismos como ya sospechaban, por lo que comenzaron la lectura del primero y más importante de ellos; en él, junto a la historia de la humanidad desde el albor de los tiempos se explicaba de forma minuciosa y compleja en que consistía la magia, el elevadísimo precio en vidas perdidas en experimentos fracasados o realizados por magos incompetentes que se había pagado para llegar a su total conocimiento y dominio, junto con las desastrosas consecuencias que habían tenido estos conocimientos al caer en manos de ambiciosos magos que en su inconsciencia, estuvieron a punto de destruir el mundo a causa de su tremenda sed de poder.

Explicaba como el mundo no estaba compuesto por cuatro elementos, tierra, fuego, agua y aíre, en contra de la creencia general que ellos mismos habían fomentado, sino por una especie de cuerdas, filamentos de energía en constante vibración. La vibración de estas cuerdas estaba limitada a unas frecuencias muy concretas para cada uno de los elementos que componían el mundo, por lo que distintos modos de vibración otorgarían propiedades diferentes a estos elementos. La magia consistía en la alteración controlada de estas vibraciones para conseguir que los elementos alterasen su comportamiento natural y actuasen tal y como el mago deseaba. Era como pulsar las cuerdas de un instrumento musical para obtener una determinada melodía. Todos los seres humanos tenían la capacidad de tocar este instrumento, pero como ocurre con todas las capacidades humanas, en unos estaban más desarrolladas que en otros y eran relativamente muy pocas, como ocurre con los músicos, las personas capaces de tocar un instrumento sin desafinar, y muy escasos, escasísimos, los virtuosos capaces de arrancarles todos sus matices para crear una sinfonía.

En si misma, la magia no era buena ni mala, con ella ocurría lo mismo que ocurre con todas las herramientas, la bondad o maldad estaba en el uso que el ser humano hacía de esa herramienta y al igual que con todas las que se utilizan en la vida cotidiana, había que guardar las debidas precauciones para su uso. En el caso de la magia, al estar conectados entre si absolutamente todos los elementos del universo, es preciso tener pleno conocimiento de lo que se quiere conseguir y de las implicaciones que eso conlleva para el resto de los elementos ya que un cambio imperceptible aquí, puede producir un desastre de dimensiones cósmicas al otro extremo del universo; o una acción que puede parecer buena y noble ahora, puede tener catastróficas consecuencias con el devenir del tiempo. Por eso se desaconsejaba su empleo, dejando que las cosas siguieran su curso natural y que solo se emplease en casos de extrema necesidad, cuando las consecuencias de su uso fueran menores que el hecho de no usarla y por supuesto, no usarla nunca para el beneficio de una persona o grupo de personas. El haberlo hecho así en tiempos pasados había llevado al mundo al borde de la extinción y se necesitaron miles de años de recuperación para llegar al punto en que ahora se encontraba.

Aclaraba, así mismo, que las fórmulas mágicas o hechizos, contenidas en el resto de los libros, se encontraban agrupadas por los distintos tipos de efectos a conseguir, y no eran otra cosa que fórmulas nemotécnicas que servían para sintonizar la energía del mago con las frecuencias de vibración de los distintos elementos que intervenían en el hechizo, recopiladas por magos con grandes capacidades, pero que no estaban a la altura de los grandes magos del pasado, que eran capaces de visualizar lo que deseaban conseguir sus mentes sin ningún tipo de ayudas. La potencia de estos hechizos variaba en función de la capacidad del mago y su lectura no los activaba, solo lo hacía la voluntad del mago que quería lanzarlos.

Una vez leído el primer tomo pudieron comprobar que el resto de los tomos se encontraban agrupados por categorías: Hechizos de Ataque, Hechizos de Defensa, de Sanación, de Ocultación y otros muchos tipos que incluían la Magia Negra, la Nigromancia y la Invocación de Demonios.

Continuará
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2 comentarios

  • Los cuatro elementos, y cómo todos en mayor o menor medida estamos unidos a su magia por medio de esas cuerdas, dependiendo su poder del uso que les demos. Tu historia, además de tener fantasía, también tiene mucho de enseñanza para la vida 😉

    ¡Un abrazo!

    • El Arca de Dionisos

      Siempre he pensado que los que tenemos la tremenda osadía de escribir, tenemos dos obligaciones, la primera entretener y la segunda aportar algún valor, aunque sea mínimo, en nuestras obras y eso es lo que modestamente intento.

      Un fuerte abrazo 🙂

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