Conversaciones con.. José Antonio Ruiz Gil

Publicado el 30/09/2016 en El Puerto Actualidad.

 Hablamos sobre los nuevos descubrimientos arqueológicos en Doña Blanca.

Me encuentro con José Antonio Ruiz Gil, profesor de Prehistoria y Secretario del Departamento de Historia, Geografía y Filosofía de la UCA, quien ha accedido amablemente a mantener esta conversación para hablar de los últimos descubrimientos arqueológicos realizados en nuestra provincia y más concretamente en la zona del Poblado de Doña Blanca.

JAVIER.- Buenas tardes José Antonio, ante todo muchas gracias por dedicarme parte de tu tiempo para mantener esta conversación sobre el hallazgo del mayor puerto púnico del Mediterráneo en terrenos del Poblado de Doña Blanca, noticia que apareció en la prensa nacional allá por el mes de agosto, en la que se indicaba que el descubrimiento se había realizado gracias al empleo de nuevos medios en la arqueología como el georradar. ¿Como surgió la idea de emplear el georradar?

J. ANTONIO.- Lo del georradar surge desde un grupo de investigación en la universidad, nosotros somos de la Facultad de Filosofía y Letras en la que hay un grupo bajo la denominación de Seminario Agustín de Horozco que se dedica a la investigación histórica del territorio y en él estamos profesores, voy a ir por orden cronológico, yo de Prehistoria y los compañeros de Historia Antigua y de Historia Medieval. En el seminario utilizamos una herramienta que se inició en la geografía, el GIS en sus siglas inglesas, el Sistema de Información Geográfica en español, SIG, que es un sistema que fundamentalmente, lo que utiliza es una metodología de carácter digital, ya con tecnologías actuales de ordenador y a partir de ahí y con el grupo de estudiantes que tenemos, lo que hacemos es estudiar el territorio. Tenemos actualmente un programa concedido por el MINECO (Ministerio de Economía, Industria y Competitividad), esto no depende de Educación porque Ciencia y Universidad depende del MINECO y tenemos un proyecto sobre humedales, Riparia, que es el que tenemos concedido. Llevamos un par de años pidiendo otro proyecto, a ver si nos lo conceden, y tenemos también otras iniciativas pedidas a la Junta de Andalucía, en fin, las universidades trabajamos a base de proyectos. La dotación del Seminario Agustín de Horozco es de 2006 y en 2015 se nos concedió una dotación de infraestructuras que era específicamente para georradar. Queríamos ampliar la vocación de análisis del territorio con otros sistemas y comenzamos por el georradar.

JAVIER.- ¿En que consiste el georradar José Antonio?

J. ANTONIO.- La unidad de georradar de la universidad tiene ahora mismo dos georradares, uno de un tamaño mayor que va acoplado a un vehículo todoterreno y uno más pequeño que se utiliza a mano y es más parecido a un carrito. La gran diferencia que hay entre los dos consiste en que el manual lleva un par de antenas, y el que va en el vehículo lleva diez y seis. Los sistemas que empleamos se interconectan entre si, de forma que a partir de la metodología de análisis geográfico, aplicado en este caso a la arqueología, somos capaces de implementar toda la cartografía antigua, es decir, nos vamos hacia atrás en el tiempo, y de implementar también todos los datos que podemos tomar a partir del georradar. ¿Y eso como lo hacemos?, pues lo hacemos a partir de la georreferenciación; actualmente gracias al sistema de localización por satélite, somos capaces de poder colocar cualquier punto de la Tierra indefectiblemente mediante el sistema GPS. El GPS puede ser el que todos conocemos tiene una variación centimétrica, o puede ser el GPS Diferencial que permite colocar prácticamente el punto exacto y es el que nosotros utilizamos, lo que nos permite que una ubicación de puntos en la superficie pueda tener, dependiendo de como esté la red, en este caso la red de posicionamiento, un error de tres, cuatro centímetros, alguno más si la red no anda muy bien, lo que hace que no tenga prácticamente ningún tipo de error, ya que en arqueología un error de tres o cuatro centímetros es insignificante.

JAVIER.- Tengo entendido, por diversos artículos que he leído, que la morfología de las costas no era la misma en aquellos tiempos que ahora.

J. ANTONIO.- Efectivamente, sobre ese tema estamos iniciando una tesis doctoral con un chico que también es de aquí de El Puerto y trabaja con nosotros y es así; después de la última gran glaciación, el nivel del mar fue subiendo y llegar un momento, aproximadamente hace unos cuatro mil años, se alcanza lo que se llama el “máximo transgresivo flandriense” y en ese momento las costas de esta zona, el occidente de Andalucía y también del Mediterráneo, que eran costas más recortadas, con menos playas, más parecidas a lo que son las rías gallegas. A partir del momento en que se alcanzó el máximo transgresivo, el mar ha ido retrocediendo y en este momento nos encontramos un par de metros por debajo de ese nivel máximo. También a partir de ese momento comenzó una tarea, por llamarlo de alguna manera, de remodelado de lo que es la superficie continental, porque el hombre fue talando y adecuando su hábitat y eso fomentó la erosión y por lo tanto se han ido colmatando todas las zonas de desembocadura de los ríos mayores, como el Guadiana y el Guadalquivir principalmente, lo que actualmente conocemos como el Coto Doñana, e incluso aquí en el Guadalete y ríos más pequeños como puede ser el Barbate que también tiene una gran zona de colmatación a partir de esta época.

JAVIER.- Voy a centrarme ahora José Antonio en algo mucho más próximo a nosotros, como es el Poblado de Doña Blanca donde, desde hace tiempo, se han realizado excavaciones que han encontrado importantes restos púnicos, pero parece ser que vosotros habéis demostrado que la importancia y amplitud de este yacimiento es mucho mayor de la esperada.

J. ANTONIO.- Vamos a ver, del Poblado de Doña Blanca que ha sido excavado por el profesor Ruiz Mata, se conoce lo que es la zona amurallada, el tell, que es la sucesión de las distintas ciudades que se han ido superponiendo a lo largo del tiempo, fundamentalmente estamos hablando de en torno al año ochocientos hasta el doscientos antes de nuestra era y teníamos algunas referencias a partir de algunas señales que se intuían en Google, un compañero, Juan José López, del museo del El Puerto y muy amigo mío, intuyó que estas líneas que fueron publicadas y dadas a conocer por Ruiz Mata… Nosotros realmente no teníamos idea de llegar a esto, como llegamos aquí ha sido un poco curioso; cuando empezamos a implementar el equipo nos hacía falta un lugar en el que supiéramos que, efectivamente, había restos arqueológicos y donde empezar a hacer el curso de formación; el georradar existe desde hace tiempo e incluso ya se había aplicado a temas arqueológicos en varios sitios, cuando nosotros decidimos aplicar la tecnología del georradar lo hacemos, primero porque la tecnología del georradar ha mejorado muchísimo, es muy amigable con un software relativamente fácil para neófitos el poder acceder y eso nos permite a nosotros, que no solo ya no somos ingenieros, ni siquiera de ciencias, somos de letras y además con cierta edad, nos permite poder acercarnos y poder tener la osadía de manejarlo nosotros como si fuera una herramienta de arqueólogo, y en segundo lugar porque nuestro objetivo es intentar implementarlo como herramienta de arqueología, es decir substituir el pico y la pala por el georradar. Partiendo de ahí vamos a Doña Blanca y empezamos a utilizar la herramienta en el yacimiento. Como sabíamos que se intuía algo, (pero que no sabíamos que es lo que había) a partir de Google…

JAVIER.- Perdona, cuando te refieres a Google, ¿es a Google Earth?

J. ANTONIO.- Si, si, al que todo el mundo puede acceder, en el que se veían una serie de líneas y la idea era comprobar si efectivamente esas líneas se podía llevar a último extremo, como había propuesto el profesor Ruiz Mata a partir de la idea de Juan José López y decir, pues bueno, el puerto estaba aquí. Efectivamente lo comprobamos y vimos que era así, pero no solo era así, sino que aquello era bastante grande, hemos llegado a comprobar que las estructuras ocupan en torno a tres hectáreas y estamos hablando, en principio de, en torno, al cincuenta por ciento de lo que tiene Doña Blanca, por lo que la población sería mucho mayor de los que en un principio se consideraba.

JAVIER.- Muchas gracias José Antonio por mantener esta conversación conmigo para aclararme una de las formas de trabajo que empleáis en arqueología, un tema del que espero podamos seguir hablando en un futuro y en el que te deseo obtengas grandes éxitos.

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