Los caballeros de la Iglesia – Capítulo XV-III

Jannirèll en Qishloq – III

 

Escudo de los eksrutadorlar

 

Soliqchi cabalgaba contento en dirección a la posada, el día había resultado especialmente bueno y que las cosas salieran como estaba previsto le llenaba de satisfacción. Al reunirse con los caporales de la compañía que comandaba, estos le informaron de que, los exploradores enviados en busca de caminos alternativos para realizar la invasión, habían encontrado sendas que corrían casi paralelas a la principal que el resto del polk estaba ampliando para facilitar el paso del ejército y aunque por la orografía del terreno no eran susceptibles de ampliación, proporcionaban una senda despejada para el intercambio de mensajes y órdenes entre la vanguardia del ejército y el cuartel general, así como el envío de pequeños contingentes de tropas o suministros al punto de la columna que fuera necesario. Con estos informes y los recabados del resto de los qo’mondonlar como ayudante del polkovnik Quilich, se reunió con éste para transmitirle las últimas novedades antes de acudir ambos a la reunión de estrategia convocada por el Prelado Rahmsiz donde, tras ser felicitados por su buena labor y tras ser exhortados a mantener el secreto de los tratado en la reunión recibieron grandes noticias sobre el inicio de la invasión. Si, las cosas marchaban bien para el futuro de la invasión y para el suyo propio y esto merecía una discreta celebración, por lo que después de cenar pediría al posadero que enviara a su habitación a la mujer que había osado tocarle esa mañana, hacía tanto tiempo que no yacía con una que ya ni se acordaba; de como se comportase con él dependería que mandara o no, azotarla.

Al llegar a la posada, entregó con gesto mecánico las riendas al mozo que servilmente acudió para hacerse cargo del caballo y se encaminó a la puerta donde casi tropieza con una patrulla que en ese momento, sacaba del establecimiento a un hombre que se se debatía violentamente; al verlo se dirigió al eksrutador que la comandaba para preguntarle si necesitaba ayuda, quien tras lanzarle una altiva mirada que desapareció al reconocerlo, dijo:

Buenas noches qo’mondon Soliqchi, os lo agradezco pero no es necesario, como podéis ver, aunque el perro se resiste, lo tenemos completamente dominado.

Si ya lo veorespondió Soliqchi, tras comprobar que en el escaso tiempo que habían durado las palabras del eksrutador, los acólitos habían maniatado hábilmente al prisionero colocándole una traílla al cuello. Pero me extraña que no hayáis sido más contundentes en su apresamiento.

Aunque se trata de un insignificante desertor que en otra ocasión habría sido ajusticiado en el acto, hemos recibido instrucciones de apresar vivos a todos los disidentes para que puedan ser investigados por el Consejo de Eksrutadorlar, al parecer se avecinan importantes acontecimientos, algo que vos sabréis mejor que yo, y quieren arrancar toda la información posible a los disidentes sobre las causas y sobre todo, cuantos piensan como ellos para prevenir posibles problemas.Respondió el eksrutador.

Bien pensado, pero ¿como es que me conocéis? porque estoy seguro de que no hemos coincidido nunca. ¿Acaso me estáis vigilando? Preguntó Soliqchi con una nota de dureza en la voz, a lo que el eksrutador respondió con una sonrisa tono alegre: En cierto modo podría decirse que si dijo levantando las manos en un gesto apaciguador al ver que el qo’mondon se tensaba acercando la mano a la espada que colgaba de su cinturón, dejad que me explique, el Prelado Rahmsiz, de acuerdo con el Consejo de Eksrutadolar, decidió que para prevenir la posible pérdida de personas de más que probada lealtad a Bajaruvchy y vitales para llevar a buen fin su proyecto, como es vuestro caso qo’mondon Soliqchi, los eksrutadorlar que patrullamos las calles debemos conoceros a todos y sin que se note nuestra presencia, a fin de evitaros preocupaciones, debemos garantizar que os movéis en ambientes seguros, por eso patrullamos los alrededores de esta posada todos los días un poco antes de que lleguéis; hoy al hacerlo he notado la presencia de un traidor y el detenerle ha causado el retraso que ha hecho que nos encontráramosterminó el eksrutador con tono preocupado.

No os preocupéis, habéis cumplido perfectamente con vuestro deber, cosa que os agradezco y por mi parte no pienso entorpecer vuestra labor comentando estos hechos, marchad tranquilo a entregar a esa escoria para que sea interrogado.

Tras decir esto, Soliqchi se despidió y entró en la posada encaminándose directamente a su cuarto, cuando llegó cerró cuidadosamente la puerta y comenzó a quitarse el uniforme, cosa que siempre hacía antes de bajar a cenar ya que prefería pasar desapercibido entre el resto de los parroquianos; ya vestido se disponía a bajar al comedor cuando al darse la vuelta vio que había una persona sentada en la silla situada al lado de la cama mirándole fijamente. Un torbellino de pensamientos paso por su mente, ¿cuanto tiempo llevaba el intruso allí?, ¿como había entrado?, ¿que pretendía?, ¿porqué no se había percatado el eksrutador de su presencia?; en un momento decidió que eso no importaba, en cualquier caso era un enemigo y había que eliminarle, por lo que intentó alcanzar la espada colgada de un gancho junto a la puerta. No bien inició, o al menos eso le pareció, el movimiento hacia su espada cuando el universo pareció desplazarse hacia un lado y perdió el conocimiento. Cuando abrió los ojos agarró con fuerza la espada y se encaró con el desconocido que permanecía sentado tranquilamente en la silla sin hacer ningún gesto para defenderse del inminente ataque de Soliqchi que sorprendido por esa falta de reacción se detuvo para mirarle fijamente, entonces del desconocido dijo:

Bienvenido de nuevo entre nosotros hermano Skjult, vuestro silencio nos hacía temer que os hubiera ocurrido algo y me alegro de que no haya sido así.

Skjult, él era el hermano Skjult de la orden de los Jannikes y a la vez era el qo’mondon Soliqchi, un fiel servidor de Bajaruvchy; ¿como era posible ser dos personas a la vez?, mareado por estos pensamientos se sento en la cama y dijo:

Perdóname hermano, ahora que te veo bien creo reconocerte del Convento del Valle, pero no me encuentro bien y no recuerdo tu nombre.

No te preocupes por eso Skjult, es normal que no me recuerdes pues apenas intercambianos unas breves palabras antes de que abandonaras el convento para volver aquí de nuevo. Soy Jannirèll y por lo que he podido comprobar tenemos mucho de que hablar y hay muchas explicaciones que dar, así que tranquilízate pues nos espera una larga noche.Respondió Janniréll.

Continuará

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2 comentarios

  • He tenido un deja-vu en la última parte con el capítulo XV de Janirell en Qishloq, cuando Soliqchi descubrió en el salón a un desconocido y se puso muy nervioso por la presencia del mismo; se repite de nuevo aquí la misma historia, pero este giro final ha sido bastante sorprendente, lo que indica que vas por el buen camino 🙂

    ¡Un abrazo!

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