Y yo me pregunto: ¿Como podemos ser tan tontos?

 

 

 

Eric Arthur Blair, más conocido como George Orwell, publicó el ocho de junio de mil novecientos cuarenta y nueve la novela tituladaNineteen eighty-Four” (1984), considera como una de las obras cumbre de la trilogía de las distopías de principios del siglo XX (también clasificadas como ciencia ficción distópica), junto a “Un mundo feliz” (“Brave New World” en inglés), de Aldous Huxley y “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury.

La novela es una inquietante interpretación futurista basada en la crítica a los totalitarismos y a la opresión del poder, situada en 1984 en una sociedad inglesa dominada por un sistema de “colectivismo burocrático” controlada por el Gran Hermano, encarnación de los ideales del  “Partido Ubicuo”, partido único y todopoderoso que vigila sin descanso todas las actividades cotidianas de la población, al punto que inclusive, en las calles y casas hay dispositivos de vigilancia para conocer todos los actos de cada individuo (“telepantallas”).

 

Foto publicitaria de 1984 dentro la serie de CBS Studio One

 

La obra plantea un terrible panorama inadmisible hoy día y contra el que se lucha activamente en la sociedad occidental creando o pidiendo la creación de leyes que garanticen la privacidad y la libertad de expresión, que prohíban los drones, las cámaras de vigilancia y la promulgación de leyes mordaza. Afortunadamente vivimos en una sociedad que ha creado leyes para la protección de datos y la privacidad de sus ciudadanos, lo que hace impensable que se produzca una situación como la descrita en la novela de Orwell, al menos con nuestro consentimiento y aceptación.

Y con este ansia de privacidad y de proteger nuestra intimidad, yo me pregunto: ¿Como podemos ser tan tontos?, pero no tontos a secas o, TONTOS así, con mayúsculas y si no pensadlo. La mayoría de nosotros tenemos una conexión a internet y utilizamos habitualmente los smartphones, unos curiosos aparatos que nos facilitan mucho la vida ya que aparte de poder realizar con ellos llamadas telefónicas, fotos, disponer de un GPS y conectarnos a internet, todo ello ciertamente muy útil y como nos resultan útiles, activamos nuestra ubicación, para que en todo momento sepan donde nos encontramos, proporcionamos datos personales como nuestra dirección, nombre, apellidos, número de teléfono y dirección de email, de forma que estamos perfectamente localizados en todo momento.

No, los gobiernos no necesitan instalar medios para controlarnos, máxime cuando se lo facilitamos nosotros publicamos sin ningún pudor y de forma pública y continua donde estamos, que estamos haciendo y con quién lo hacemos, a través de Twitter, Facebook o Whatsapp.

Os dejo con David Bowie y la canción 1984 de su LP Diamond Dogs.

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2 comentarios

  • Interesante reflexión la que planteas

    Creo que Orwell sabía que todo esto iba a llegar sí o sí, como si tuviera información privilegiada por X razones, y de alguna manera quería advertir a las siguientes generaciones de lo que les esperaba en el futuro si no se andaban con cuidado, pero creo que si ahora nos cuesta tanto rebelarnos contra ciertas medidas de este nuevo mundo tecnológico, donde cualquier cosa que quieras saber o tener es tan fácil como hacer clic, es porque en internet hemos encontrado una necesidad casi de primer orden (y Maslow, por ejemplo, sí que no pudo predecir esto), lo que nos lleva a hacer “pequeñas” cesiones, como entregar todos nuestros datos de manera gratuita, con tal de exprimir al 100% todo el potencial de tan poderosa herramienta; internet ha sido un regalo envenenado en muchos sentidos.

    Un abrazo 😉

    • El Arca de Dionisos

      Hola Carolina:

      La novela de Orwell se basa en sus vivencias y si la leemos y analizamos en su totalidad, descubriremos que el “regalo” es mucho más venenoso de lo que parece a primera vista.

      Muchas gracias por aportar tus siempre interesantes comentarios.

      Un abrazo 🙂

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