Una charla en la peña

Peña gastrovinícola La Solera

Peña gastrovinícola La Solera

Hace una mañana radiante. Después de varias semanas de lluvia, por fin el sol se deja sentir, por lo que aprovecho para sentarme en la terraza de la peña y charlar con mi amigo Luis mientras tomamos unas copas de fino y contemplamos el paso de la gente camino del mercado. Luis es un portuense de pura cepa, gitano por parte de madre, quiere y conoce profundamente a su pueblo.

-Luis, tú que conoces El Puerto, que lo vives plenamente, ¿que me puedes decir de esta hermosa ciudad? ¿Que me puedes contar de su historia y sus gentes que no aparezca en la historia, digamos oficial?- Luis se queda pensativo y responde:

-Yo he visto tantas cosas… En el año treinta y uno, en esta misma calle, pasando donde está la panadería de La Pastora había una lechería, la lechería de Ramírez. Una mañana,ahí una familia gitana mató a un gitano. Aquello fue… Aquello fue un escándalo aquí en El Puerto, porque claro el enfrentamiento de unas familias con otras… y en el gitano más todavía y mi madre me hablaba de ello. Aquello fue por amoríos, amoríos en el sentido de que la familia que ejecuta al gitano…, ellos vivían de su hermana, que era una gitana que quitaba el sentido de hermosa y de guapa, pero era una gitana que, que…, que mantenía relaciones con señores de mucho dinero, aquello era una incultura… Y entonces yo, en mi casa, me pongo a escribir (ella era canastera) y escribo:

Antonia la canastera se sentaba en su corral
pensando en sus amoríos y comenzaba a cantar.
La pena negra llegaba con quejíos lastimeros,
los geranios la escuchaban y se decían entre ellos:
¡Que bien canta esta gitana!
La toná llena de muerte, como un caballo con alas,
llama a todos los gitanos con sus sones en la fragua.
Era temprano en el pueblo, las golondrinas volaban.
Los Canales, como linces, masticaban su venganza.
Ni la veleta en la torre, con el viento que soplaba
le pudo decir al mocito ¡para abajo no te vayas!
¡Esperando están tu cuerpo para hacerte la mortaja!

-Que cosa más bonita Luis.

-Fíjate tú…

Luis se interrumpe para saludar a unos conocidos. – Juan de Dios, señora, muy buenas tardes, aquí con un gran amigo.

-Me encanta oírte hablar, la poesía que le das a la vida no es esa poesía a la que estamos habituados. Es la poesía de la tierra, del pueblo, que vive la gente y sale de la tierra.

-Tú conoces el castillo de Doña Blanca.

-De nombre si, pero no he ido por allí.

-Pues a mí me pasa lo mismo. Yo no conozco aquello. Te lo juro por tres hijos que tengo que yo aquello ni lo conozco y entonces un día me pongo a escribir y digo:

Que lejos me parecía
cuando llegué a tu muralla.
Castillo en la lejanía…

Se interrumpe y me aclara -Porque yo siempre lo veía desde aquí.

¡Castillo en la lejanía!
En tu torre se guardaba
una dama de alta alcurnia,
Doña Blanca se llamaba.

Vuelve a interrumpirse nuevamente -Porque eso es histórico, ella estaba allí repudiada por el que mandaba en Jerez… Ahora no recuerdo quien era el rey de aquella época…

Se queda pensativo un momento y vuelve a repetir para coger el hilo:

Que lejos me parecía
cuando llegué a tu muralla.
¡Castillo en la lejanía!
En tu torre se guardaba
una dama de alta alcurnia,
Doña Blanca se llamaba.
Que pena en tu corazón,
cuanto llanto en tu garganta.
Alejada en la rivera
del Guadalete preñada.

-Porque claro, el Guadalete, su primera configuración parte de Doña Blanca.

-Me encanta hablar contigo Luis, eres un verdadero poeta. Luis se ríe. -No me imaginaba encontrarme lo que me estoy encontrando. Estoy disfrutando como pocas veces lo he hecho en mi vida. Tenemos que seguir hablando Luis. He pasado un rato muy agradable charlando contigo y disfrutando de este sol y este bendito vino.

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