(Pensar y sentir) LAS UVAS

(Por Antonio Pantoja)

viñedoMe encuentro en El Puerto, en un chalet situado en el Camino viejo de Rota, muy cerca de “La Atalaya”, un centro de recepción de uvas para su prensado, que transforma los ricos caldos en mosto; posteriormente éstos le darán una nueva vida a nuestros vinos.

Son los primeros días del mes de septiembre y por tanto, tiempo propicio para nuestra vendimia. Me protejo de los fuertes rayos del sol de mediodía bajo el refugio de una parra espléndida, que generosamente, me da sombra mitigando el calor. Desde allí observo los camiones que llegan a La Atalaya con su preciosa carga de uvas para su molturación. Uvas palomino, privilegiadas porque su jugo va a convertirse, a través de las soleras de nuestras bodegas del marco de Jerez en, ni más ni menos que en uno de los mejores vinos del mundo. Es más, muchos de esos caldos llegarán a centenarios, aquellos que tengan la suerte de ser seleccionados para dormir en las eternas camas de roble, las botas, que forman los enormes dormitorios de soleras de los afamados olorosos y brandis.

También son uvas las que cuelgan de sus racimos en la parra donde me cobijo, y sin embargo estas no nacieron de la misma madre que las anteriores y como todo en la vida, no han tenido esa misma suerte, porque estas brotaron para comerlas y las olvidadas, condenadas a las avispas o a pudrirse.

Así es la vida, en este mundo, para todo hay que tener suerte. Hay quien nace para ser yunque en vez de nacer martillo.

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