Día internacional del “Ajo caliente”

Manolín y Antoñito preparando el ajo para el concurso

Manolín y Antoñito preparando el ajo para el concurso

Aunque no sea martes sino viernes, estoy en la Peña Gastrovinícola La Solera porque hoy es el“Día internacional del ajo caliente”, en cuyos actos participamos, y viene el jurado a dictaminar la calidad de nuestro ajo y, dado que el Pisuerga pasa por Valladolid, como decimos en mi tierra castellana, he aprovechado la ocasión para tener una conversación con mi amigo Diego Simón Montes “El Bimbo”, torero de El Puerto que sigue en activo, por puro amor al toreo, a pesar de sus setenta y dos años (que no aparenta) y que se publicará el próximo domingo en El Puerto Actualidad, en la sección Conversaciones con…, dentro del apartado Entrevistas. Pero lo verdaderamente agradable del día fue el rato que pasamos cuando nos reunimos con el resto de los peñistas para degustar el ajo. Ajo que ¡estaba buenísimo! Si no ganamos es que no hay justicia.

Diego y yo entramos a curiosear como va la preparación del ajo mientras seguimos con nuestra charla.

–Diego me decías antes, hablando de las Ventas, que un torero nota cuando el público está con él.

–Eso es muy importante, que el torero se sienta arropado. El torero cuando se siente arropado, le toca un toro que mete la cara y se lo come– Diego hace una pequeña pausa y continúa. –Es que Madrid es Madrid. Cortar dos orejas en Madrid es como si el Osasuna ganara en el Bernabeu, cortar dos orejas en Madrid te puede solucionar una carrera. Dos orejas en Madrid, bien cortadas, con fuerza, como hizo Manzanares el otro día ¡Eso te soluciona una carrera!

–Y si no una carrera, al menos una temporada– Le interrumpo.

–Bueno… Por ejemplo hay otro torero, que es extranjero, colombiano, que es Cesar Rincón, que vino a España con una maleta y salió a hombros de Las Ventas tres veces seguidas y lo puso millonario– Se queda pensativo y con cara de nostalgia sigue diciendo –El mundo del toro está muy complicado, más de lo que muchos se creen. En los años sesenta, ese hotel que está aquí tan cerquita, era el reencuentro del torero con el aficionado ¡Aquí vinieron todas las figuras del toreo! Aquí vino Mondeño, aquí vino Ordóñez, aquí vinieron todas las figuras del toreo, y a lo que yo me refiero es que aquí se vivía el toreo desde las diez de la mañana. Este tabanco– Continúa con voz apasionada, refiriéndose a la peña. –En este tabanco había gente que iba a los toros, desde las once o las doce de la mañana tomando copas ¡Y los toros empiezan a las siete señor! Pero se vivía la antesala, se vivía el toro. Igual que en Madrid. Yo en Madrid vivo el toro ¡Me encanta Madrid! Igual que Sevilla ¡Porque se vive y es lo que va a quedar!

Diego continúa hablando, y mientras lo hace le brillan los ojos. Se nota que la pasión por el toro se ha apoderado de él. –En el toro lo que va a quedar van a ser las seis o siete plazas de primera. Con el tiempo como vayan quitándonos… Porque si fuera por algunos, nos quitarían…– Hace una pausa, se queda pensativo y continua con un deje de tristeza en la voz. –Esto es una tradición nuestra, el toro es una de las grandezas que tiene este país, porque a España la conocen en el extranjero por los toros. Yo he estado en Alemania, por ejemplo, torero ¡Uff!, idolatrado. Tengo unos amigos de El Puerto que se establecieron allí, tienen un bar, y en el bar una foto mía.

En ese momento nos interrumpe un amigo –Buenos días ¿Y de la boca que? ¿Ya te la van arreglando?– Me pregunta.

–El martes tengo que ir al dentista, lo que me impedirá venir aquí, porque aunque ya no me duele, tengo que seguir tomando antibióticos para terminar de bajar la inflamación– Respondo.

–¿Pero ya puedes comer?

–Sí, aunque solo con los dientes como los ratones, por eso he venido hoy.

–Bueno, si ya no te duele, algo has mejorado– Me dice, y continúa para conseguir uno plato de ajo que está repartiendo Manolín.

Diego probando el ajo

Diego probando el ajo

Aprovechando la interrupción nos acercamos a por unos platos de ajo y una copa y Diego continúa.

–A lo que yo me refiero es que el toro ha pegado un bajonazo ¡Aquí hay que hacer algo! El otro día hablaba con Morante, porque estuve en un tentadero en su casa celebrando que el Betis seguía en primera, y me decía: “Diego ¿que es lo que pasa en El Puerto?” A lo que le respondí que no lo sabía, y continuó diciéndome “Es que hace ocho o nueve años, había siete corridas de toros”. Antes en El Puerto se empezaba en el mes de marzo con una novillada, y después corridas de toros en julio y en agosto todas las semanas, y ahora lo que hay son tres espectáculos. Ahora te montan una corrida, que ya he visto yo el cartel, para la inauguración de la reforma que han hecho en la plaza de toros– Se interrumpe y me dice –Tú eres aficionado al toro, veo que te gusta la fiesta nacional.

–Yo era muy aficionado de niño.

–Entonces tienes el toro en la retina.

–Empecé a ver toros por El Cordobés, las primeras corridas que se retransmitieron por televisión.

–Ha sido el único torero que aprendió a torear en la plaza– Me dice.

–Pero realmente quien más me ha gustado siempre como torero, ha sido “El Viti” Santiago Martín.

–¡Ah bueno! su majestad, su majestad El Viti– Me dice –Un torero con una personalidad innata. Es que el toreo, como todo en la vida, consiste en ser diferente de los demás. Pones a José Tomás y a Morante de la Puebla, que son dos “peazos” de toreros, pero son totalmente diferentes. El uno que es estático, que no se mueve, y el otro que tiene el pellizquito ese que tiene, de aquí abajo, ese pellizquito que te llega.

–Hay una cosa en el toreo que mara mi; no se si estoy equivocado, porque hace mucho que no voy a los toros desgraciadamente, pero mara mí el toreo es templar y mandar– Me interrumpe y apostilla.

–El toreo es parar, templar, mandar y ligar.

–¡Tienes razón! Pero como te iba diciendo, yo recuerdo que El Viti, con toros malos de solemnidad,ha sacado grandes faenas, en cambio hoy día como al torero no le salga un toro bueno, pueden ocurrir dos cosas. Una, que le de dos mantazos y se lo quite de encima, o por el contrario, que se empecine en sacar faena y termine desesperando al público.

–¡Eso no vale! Había un torero de aquí de El Puerto, José Luis Galloso que decía, y llevaba mucha razón “Si este toro no tiene ni un pase y no es lidiable ¿que hago delante de él? Hay que matarlo, me entiendes. Pero hoy, como está el toro, todo el que sale sale a por todas, sale a comerse… de momento. De momento, porque yo veo las escuelas, de los chavales nuevos que salen… El otro día vi una novillada y de los seis, vi uno que dije yo “este puede comer” ¡Puede comer! Porque aquí son muchos los llamados y pocos los elegidos. ¡Esto no es tan fácil! Y antes había que ser pobre para ser torero, y ahora hay que ser rico para ser torero. Esto ha cambiado muchísimo, hoy como no tenga uno atrás alguien con billetes, ya puede ser Manolete, que no triunfa.

De izquierda a Derecha, Antoñito, Diego, Javier,  Manolín,  José Valencia y al fondo José María

De izquierda a Derecha, Antoñito, Diego, Javier, Manolín, José Valencia y al fondo José María

En este momento llegan a la peña José Valencia y Lalo, su mujer, y me acerco a saludarles. Diego se agencia otro plato de ajo y a partir de este momento nos integramos en las conversaciones generales. Ya seguiremos hablando. ¡Hay más días que longanizas!

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