El profesor universitario

Campus-Cerdanya---Actividades-y-Deportes---ciclismo-en-la-CerdanyaEra un día del mes de agosto, más o menos, sobre las doce del mediodía. Desde la ocho de la mañana hasta poco antes la tienda había estado vacía, pero como resultaba habitual en los meses de verano, empezó a acudir gente que, camino de la playa, decidía pasarse a confirmar puntos de sus contratos, hacer reclamaciones sobre los mismos, o simplemente pasar un rato de conversación al fresquito del aire acondicionado. Desgraciadamente ninguno venia a contratar nuestros servicios, motivo principal de apertura de la tienda y por el que yo recibía la mayor parte de mi remuneración.

La tienda pertenecía a una empresa de comunicaciones de implantación nacional que comercializaba servicios de telefonía, televisión e internet por cable. Lógicamente la empresa no comercializaba sus servicios únicamente a través de sus tiendas, eso habría facilitado enormemente el trabajo de los responsables de las mismas, no…, además tenía conciertos de distribución con cadenas nacionales especializadas en servicios de comunicaciones y, por supuesto, un magnífico “call center” que, aparte de atender las numerosas llamadas que recibía, emitía llamadas a potenciales clientes con precios especiales, y que las campañas eran específicas para cada canal de venta. Las “tiendas propias” teníamos nuestras propias campañas pero, poco publicitadas y bastante reducidas en número.

Las tiendas, según la planificación de la empresa, estaban única y exclusivamente para vender, por lo que no podíamos atender reclamaciones ni modificar contratos ya establecidos, como tampoco podíamos cobrar recibos impagados. Si se nos presentaba algún caso de estos, debíamos informar al cliente, eso si con las mejores palabras, donde debían dirigirse para solucionar estas cuestiones, lo que generalmente, enfurecía al cliente y nos procuraba ratos muy desagradables a los responsables.

Ese día en concreto, la afluencia de gente a la tienda era superior a la normal, por lo que el tiempo de espera para ser atendido se alargaba bastante y la gente estaba empezando a ponerse nerviosa, cosa que se traslucía en sus nerviosos paseos acompañados de comentarios del tipo de: “Llevo ya quince minutos esperando”, “podían poner más gente y no solo una persona”, etc., y el malestar iba a más cuando comprobaban que la mayoría de los clientes que iban antes que ellos se iban renegando por no haber podido solucionar sus problemas, lo que me hacía tener mucho más tacto del habitual con las personas a las que atendía.

Estaba atendiendo a un cliente que se empeñaba en abonar un recibo impagado que había provocado el corte de los servicios, que según él necesitaba le fueran restablecidos con urgencia pues tenía un negocio, al que le explicaba que la única forma posible de abonar ese recibo era ir al banco e ingresar el importe en la cuenta de la empresa, que yo lo único que estaba autorizado a realizar, era proporcionarle un impreso con los bancos y número de cuenta existentes para tel efecto, cuando escuché un claqueteo que me hizo levantar la vista por un momento.

Acababa de entrar un cliente, vestido con malla y culote, la cabeza cubierta por un casco y una bicicleta que había dejado apoyada bloqueando el acceso al elevador para personas discapacitadas y más de media puerta de entrada al local.

En vista de esto, con toda amabilidad me dirigí a él pidiéndole que, por favor, retirase la bicicleta, que estaba bloqueando el acceso a la tienda y que allí no podía estar, a lo que me respondió con un aire de suficiencia que rozaba los malos modales que no pensaba hacerlo, que le había costado muy cara y no pensaba perderla de vista para que no se la robasen.

Ante tal falta de educación cívica, decidí no complicar las cosas, termine de atender al cliente con el que estaba, que se fue bastante molesto, y con la mayor rapidez posible, sin caer en la descortesía, me quité de encima los clientes anteriores al ciclista, cosa que no me llevó mucho tiempo, pues pude resolver sus dudas con facilidad.

Cuando le tocó el turno se acercó e iniciamos la siguiente conversación:

Buenas tardes, ¿que desea?

Quiero que me informe de lo que tengo contratado

Sin ningún problema caballero, ¿Me deja su carnet de identidad o el de conducir? Cualquiera de los dos vale.

¿No ve como vengo? No llevo la documentación encima, pero me se el número.

Entonces, sintiéndolo mucho, no puedo proporcionarle esa información, necesito comprobar su información para hacerlo.

¿Es por la bicicleta no?

No caballero, es porue la ley me lo impide…– No me deja terminar y repite –¿Es por la bicicleta no?

No, es por la Ley Organica de Protección de Datos, como puede comprobar en los carteles de aviso expuestos en toda la tienda.

¿Es por la bicicleta no?

Le acabo de decir que es porque la ley me lo impide, le ruego vaya a buscar la documentación, y cuando me la muestre tendré mucho gusto en atenderle.

¿Es por la bicicleta no?

Ya le he dicho que no es por la bicicleta. Le ruego vaya a buscar la documentación y me permita atender a las personas que están esperando, ya que a Vd. no puedo atenderle hasta que, repito, no me enseñe la documentación.

¿Es por la bicicleta no?– Insiste empecinado y continúa –Pues no me pienso ir y si no me atiende llamo a la policía– Me amenaza.

Puede hacer Vd. lo que quiera, está en su derecho, pero mientras lo hace, permítame que siga atendiendo a las personas que están esperando.

Ante esta respuesta, se aparta de la mesa, saca un teléfono movil que llevaba en el brazo sujeto por la manga del maillot y llama a la policía.

Cuando llegó la policía les cuenta su historia: “Que no le quiero atender y darle la información que solicita de su contrato, porque no lleva el DNI encima, que me ha dado el número ya que se lo sabe de memoria, pero que aún así no quiero atenderle porque no me había hecho caso cuando le llamé la atención por donde había dejado la bicicleta”

Los policías le miraron de arriba abajo y con mucha cortesía le preguntaron: –¿Este señor le ha faltado al respeto en algún momento?– A lo que respondió que no, supongo que sería porque había varias personas que entraron detrás de él y habían presenciado todo, y continuó diciendo que no había querido atenderle por la bicicleta.

El policía le miró muy serio y le dijo –Si ente señor no le ha faltado al respeto y vd. acaba de decirnos que no ha sido así, en el resto de su actuación ha obrado con suma corrección, primero porque su bici esta bloqueando el elevador de personas incapacitadas y parte del acceso al local. En segundo lugar, porque la ley le exige que antes de proporcionar información sobre un contrato, compruebe fehacientemente que es el titular quien lo solicita, requiriéndole que presente los documentos indicados en la ley, tal y como compruebo explica el aviso que tiene bien visible sobre su mesa–

Pues entonces voy a casa a por el DNI y vuelvo antes de que cierre– Le respondió. El policía, al que se notaba molesto por su actitud, añadió –El documento debe ser el original, pues no valen copias y además no solo tiene que llegar con la tienda abierta, si no que cuando llegue su turno debe ser dentro del horario de apertura estipulado, que como puede ver figura expuesto a la puerta, ya que si le toca después este caballero le rogará que se marche y cerrará la tienda a su hora, como debe hacer, y dada la hora que es solo faltan veinte minutos para el cierre.

El ciclista salió corriendo, y no habían pasado ni tres minutos cuando apareció de nuevo dejando, por supuesto, la bici en el mismo sitio. Una vez le hube atendido me pidió la hoja de reclamaciones, que rellenó allí mismo llevándose sus correspondientes copias debidamente cumplimentadas por mi con los datos de la empresa.

Ya cerrada la tienda, leí la hoja antes de darle curso al correspondiente departamento de la empresa y vi lo siguiente:

Nombre: Su nombre

Apellidos: Sus apellidos

DNI: Su número de DNI

Dirección: La de su casa

Profesión: Profesor de *** en la facultad de *** de la Universidad de *** (He puestos los asteriscos por mor de la discreción)

Reclamación: (textual)

Reclamo que el dependiente no ha querido atenderme y darme la información que le pedía de mi contrato porque no llevaba en carnet de identidad, aunque me lo sabía de memoria.

Espero, por el bien de nuestros estudiantes, que este caballero no sea el exponente del nivel de inteligencia y razonamiento que tienen los profesores de nuestras universidades.

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