Los Caballeros de la Iglesia

Capítulo V -Las Tierras Ignotas

(La llamada del Templo)

 

alfareros-feniciosA la mañana siguiente Soliqchi acudió temprano al taller como hacía a diario, iba pensando en hablar con Kulol sobre su marcha, suponía que él lo entendería, ya que desde la llegada de los sacerdotes y la construcción del templo, el trabajo había disminuido notablemente debido a que las gentes de las tribus, fuente principal de su sustento, apenas venían ya a la ciudad, salvo casos de extrema necesidad o para cumplir con las estrictas obligaciones religiosas impuestas por los sacerdotes de Bealjehkh, por lo que apenas podían sostenerse y si no hubiera sido por los últimos encargos del templo que aunque mal pagados, les habían permitido salir adelante, hace tiempo que Kulol habría tenido que deshacerse de él.

Cuando entró en el taller le estaba esperando Birixonim, la primera mujer de la casa que nada más verle, se dirigió a él y le dijo:

–Buenos días Soliqchi, Kulol ha tenido que acudir al templo, junto con el resto de los artesanos, donde han sido convocados. Me ha encargado que te diga que limpies el taller, prepares los hornos y esperes a su vuelta.

–¿Te ha dicho para que han sido convocados, o cuanto tardará en volver?

–No, simplemente me ha dicho lo que te acabo de trasmitir.

–Vuelve entonces a tus quehaceres, ya has realizado su encargo.

Sin decir palabra Birixonim dio la vuelta y se adentró en la casa; era normal que Kulol no le hubiera comunicado nada más, a las mujeres no les concernían los asuntos de los hombres, su labor consistía en realizar su encargos con la mayor premura posible.

Se puso pues a limpiar el taller empezando por los tornos, de los que retiró los restos resecos de arcilla que quedaban de los trabajos del día anterior hasta conseguir una superficie plana que giraba suavemente, a continuación limpió los hornos y los carguó de combustible, dejándolos preparados para las labores del día. Mientras lo hacía, le invadió un sentimiento de tristeza ya que aquella sería la última vez que manejaría aquellas herramientas que le habían acompañado, como únicos amigos, aquellos últimos años vividos en Qishloq.

Una vez acabados todos los preparativos, se sentó a la puerta del taller en espera de Kulol, pensando como iba a decirle que se marchaba y con cierta curiosidad por conocer para que había sido llamado al templo, llamada sobre la que tenía malos presentimientos.

El sol había alcanzado su cénit, cuando vió venir a Kulol procedente del templo, caminaba a paso vivo y una sonrisa campeaba en su rostro; Kulol le saludó con la mano y avivó el paso, cuando lleguó a su altura levantó las manos para asirle los hombros y apretar con fuerza al tiempo que le decía:

–Alégrate Soliqchi, la suerte nos sonríe a todos, traigo buenas noticias.

–Me alegro de ello Kulol y ¿Puede saberse en que consisten?

–Ten un poco de paciencia, pasemos primero a comer que ya es la hora y luego hablaré sobre eso contigo y con Birixonim, pues las noticias que traigo os afectan a los dos.

Dicho esto le sujetó el brazo amablemente y entraron en la parte de la casa destinada a vivienda, donde se sentaron a la mesa. Este hecho sorprendió a Soliqchi pues, en todos los años que había trabajado para él, siempre habían almorzado en el taller. La comida transcurrió en el más absoluto silencio, servidos por Birixonim y el resto de las mujeres de la casa, kulol engullía el guiso de verduras como si le fuera la vida en ello mientras sonreía para sus adentros de vez en cuando, al tiempo que en sus ojos brillaban con satisfacción; una vez terminado el almuerzo se levantó e hizo señas a Soliqchi para que le siguiera al taller, al tiempo que ordenaba a Birixomin que los acompañara y dejara el trabajo de recoger la mesa al resto de las mujeres, una vez en el taller, los miró fijamente y dijo:

–A partir de mañana te harás cargo de trabajar el taller Birixonim, ya has hecho otras veces y sabes perfectamente como llevarlo, por lo que desde este momento queda a tu cargo. Espero que sepas cumplir con tu obligación.

–Si Kulol– respondió escuetamente Birixonim.

–Entonces elije a la más capaz de ellas para que te sustituya en tus actuales deberes para ponerla al tanto de ellos y cuida bien de que estas no se resientan, no me gustaría tener que azotaros a las dos si las cosas no van como hasta ahora. Ya puedes marcharte.

–No notarás ningún cambio Kulol– Contestó Birixonim que dando media vuelta, se adentró en la casa.

Tras mirar a su alrededor con cara pensativa, Kulol miró fijamente a Soliqchi y dijo:

–Soliqchi, llevas trabajando conmigo siete años si no recuerdo mal, en ese tiempo has aprendido el oficio y me has demostrado ser una persona honesta digna de toda mi confianza. Juntos hemos luchado, sobre todo los últimos años, para sacar adelante este taller y en todo ese tiempo jamás he escuchado una queja de tus labios.

Este preámbulo hizo que brillara un rayo de esperanza en los ojos de Soliqchi ¿Iba Kulol a prescindir de sus servicios? No queriendo hacerse demasiadas ilusiones, se concentró en lo que le estaba diciendo.

–Sabes de las dificultades pasadas este último año que casi me obligan a cerrar el taller, pues bien, todo eso ha llegado a su fin, Bajaruvchy es un dios justo que premia a sus fieles servidores y en su infinita sabiduría, ha decidido premiarnos a nosotros.

Al escuchar estas palabras sintió como una gélida mano oprimía sus entrañas, había ocurrido justo lo que trataba de evitar, llamar la atención de los sacerdotes. Sin percatarse de su gesto de frustración, Kulol siguió contando:

–Esta mañana he acudido al Templo, en respuesta a la llamada del Prelado junto con otros artesanos; allí, después de anunciarnos que en un breve plazo de tiempo, se trasladarán a él un considerable número de efectivos del ejército imperial a los que debemos proveer de toda la impedimenta necesaria para llevar a cabo una prolongada campaña, desde armas hasta ropa y elementos de transporte y conservación de víveres e impedimenta, nos han mostrado una serie de inmensas instalaciones, todas ellas perfectamente equipadas para la manufactura de todo lo que un ejército precisa y las han puesto a nuestra disposición, Por lo que a partir de mañana, comenzaremos a trabajar en ellas, trabajo por el que seremos ampliamente recompensados, debiendo dejar nuestros talleres en manos de las mujeres de la casa, si son capaces de sacarlos adelante y como sabes, eso no constituye ningún problema para nosotros, Birixonim es perfectamente capaz de sacar adelante los encargos de los escasos clientes que nos quedan.

–Estupenda noticia Kulol, pero ¿Has pensado como vamos a atender ese gran taller solo tú y yo?– Dijo tratando de encontrar algún resquicio para poder escapar de aquella situación.

–Eso mismo pensé, pero el Prelado lo tiene todo previsto, han puesto a nuestro servicio cien esclavas a las que debemos enseñar el oficio en el plazo de un mes, una vez aprendido, ellas realizarán el trabajo y nosotros supervisaremos su labor.

–Pero eso es casi imposible Kulol, tendrían que tener unas medianas aptitudes y un inmenso interés para aprenderlo en tan poco tiempo y si como dices, son esclavas no podemos esperar mucho de ellas.

–No te preocupes por eso Soliqchi, pondrán interés y aprenderán, pues aquellas que no lo hagan cometerán pecado de desacato a la voluntad de Bajaruvchy y sabes muy bien que solo existe un castigo para el pecado, la muerte por descuartizamiento.

Tras estas palabras desparecieron las pocas esperanzas que le quedaban de escapar. Bajaruvchy premiaba a los que le complacían pero, más frecuentemente, castigaba con crueldad a quienes no lo hacían.

Continuará
Espero que esta publicación te haya gustado. Si es así pulsa me gusta y si tienes alguna duda, consulta o quieres complementar este post, no dudes en escribir en la zona de comentarios.
Sigueme en: www.elarcadedionisos.es
Spread the love

2 comentarios

Deja un comentario