Los Caballeros de la Iglesia

Capítulo IV – La formación eclesiástica

(Formación como caballero)

 

libroespada

Estas afirmaciones pusieron fin a la reunión; el tiempo había pasado inexorablemente y era la hora de la cena, por lo que nos dirigimos al refectorio tratando de asimilar lo que nos acababan revelado y en mi caso particular, tratando de asumir las últimas afirmaciones de TrØllkarl. Una vez cenados, nos retiramos silenciosamente a nuestras celdas con la esperanza de que el descanso pusiera orden en nuestros pensamientos, bastante inconexos en aquellos momentos.

A la mañana siguiente comenzó nuestra formación como caballeros y magos que duró cuatro largos e intensos años de duro trabajo bajo la supervisión de nuestros preceptores que, si bien en la convivencia diaria eran simpáticos y amables como el resto de los hermanos, en las clases nos exigían llegar al límite de nuestras posibilidades sin que se les escapara el más mínimo fallo, fallo que inmediatamente, resaltaban y corregían con implacable dureza sin admitir ningún tipo de excusa. También aprendimos que cuando nos dijeron que la Iglesia no tendríe en cuenta nustras preferencias no era una broma, muy al contrario, parecía complacerse en encomendarnos aquellas labores y estudios que menos nos gustaban; Edzàrj y Jörgenj que preferían cualquier actividad de tipo físico, pasaron la mayor parte del tiempo encerrados en el aulario estudiando y clasificando tipos de terrenos y diversas muestras de rocas y minerales que llegaban al convento, en cambio Melhiker y yo que preferíamos el estudio en las aulas para saciar nuestro ansia de conocimientos sobre el mundo, nos pasamos la mayor parte del tiempo el las caballerizas, la armería o trabjando en los campos.

Ahora que ha pasado el tiempo, he de reconocer que aquellos fueron tiempos felices, los preceptores jamás nos levantaron la voz y la reprimenda más dura que recibí fue cuando, practicando el manejo de la espada, BhØrsemaker me dijo que no era propio de mi no esforzarme al máximo y no lo estaba haciendo, por lo que debía repetir la tanda completa de ejercicios, lo que para mí supuso uno de los momentos de mayor vergüenza y angustia que pasé en el convento, ya que era consciente de no estar haciéndolo. Tal era el respeto que sentíamos por los Preceptores y el ansia de complacerlos que teníamos.

Nuestro tiempo de formación estuvo marcado por la misma rutina diaria; nos levantábamos poco antes del alba y acompañados por BhØrsemaker corríamos durante una hora alterando el ritmo de la carrera, desde el convento hasta llegar al pie de los montes que cerraban el valle que distaban una legua, y vuelta al mismo, para bañarnos, vestir el hábito y llegar a tiempo al refectorio para desayunar. A continuación y durante dos horas, estábamos en la cuadras con Riddarej, quien nos enseñaba todos los secretos de la equitación, desde como montar o domar un caballo, hasta su cuidado, limpieza, cura de sus enfermedades e incluso atender partos de potros que venían en malas condiciones.

De las cuadras pasábamos a la armería donde, de nuevo bajo la tuela de BhØrsemaker, nos ejercitábamos en el manejo de todo tipo de armas, desde el bastón, cuyo manejo conocíamos rudimentariamente, debido al entrenamiento recibido en el viaje, hasta la lanza, pasando por la espada, el hacha, arco, ballesta etc. hasta llegar a la más temible de todas, nosotros mismos, entrenados para usar como arma cualquir parte de nuestro cuerpo. De entre todas ellas, el bastón, una vara de tejo con alma y cantoneras de acero, de cinco pies1 era, de alguna manera, el arma oficiosa del caballero, dado que por una parte, se camuflaba perfectamente al usarla con el hábito y su uso estaba muy extendido entre todos aquellos que tenían que caminar por el campo y por otra, hacía, al menos, cien años que ningún caballero había utilizado su armadura en combate.

Una vez terminado el entrenamiento con armas, realizábamos pasábamos por el refectorio para el almuerzo y a continuación, nos dirigíamos al aulario donde, durante dos horas, TrØllkarl nos instruía en la esencia de la magia. Estas fueron las clases que más trabajo me costaron, pues aunque la magia era algo inherente a todos los habitantes de nuestro mundo y yo tenía una especial capacidad para realizarla en algunas de sus facetas, era algo tan sencillo y a la vez tan complejo, que resulta dificil de comprender y explicar. De forma muy somera, la magia no requiere de conjuros y gestos cabalísticos, para realizarla solo requiere la voluntad del mago y el absoluto convencimiento de que realizará lo que se propone, pero para alcanzar ese convencimiento es necesario conocer profundamente todos los pasos que sigue el fenómeno al producirse junto con las reacciones que se produciran en el resto de los elementos que componen el mundo cuando el hecho ocurra. Si las cosas ocurren de una forma marcada por las leyes naturales dentro de un complejo sistema y la violación de esas leyes tiene siempre consecuencias, tanto mayores cuanto mayor sea la violación, por lo que no es aconsejable su uso para la realización de tareas que puedan realizarse facilmente sin ella y solo se debe recurrir a la magia en casos de extrema necesidad, sobre todo si tenemos en cuenta que el proceso de alimenta de la energía del mago y cuanto más complejo es, más energía consume, llegando incluso a consumirle totalmente si pretende realizar algo como mover una cordillera.

El resto de la tarde lo pasábamos entre la hora, en días alternos, de clase de lenguas que nos impartía el preceptor Språkj, quien en esos cuatro años nos metió en la cabeza el manejo de, al menos diez lenguas diferentes, nunca pensé que hubiera tantas en el mundo, que llegamos a hablar como auténticos nativos y las clases sobre historia y composición de la Iglesia que nos impartía Bhörje, quién nos habló de las diferentes Órdenes que la componían, mucho mas numerosas de las conocidas a nivel popular y sus funciones, entre ellas la de las Hermanas Lhäknin, magas dedicadas a la sanación y a la formación de sanadores en todo el territorio de la Confederación y nos explicó también el significado de los cordones con que ceñíamos nuestros hábitos, cuyo trenzado indicaba a que orden pertenecía el portador y de los nudos que los remataban que indicaban el grado o especialidad dentro de la misma.

Una vez terminadas las clases y hasta la hora de la cena, disponíamos de tiempo para ocuparlo a nuestro antojo, salvo que tuviéramos algo pendiente de realizar de las clases anteriores, cosa que no ocurría con frecuencia, por lo que generalmente, lo dedicábamos a profundizar en el estudio de las materias del día.

Así transcurrió nuestra vida en el convento, hasta que una mañana a comienzos del quinta año, fuimos convocados a Capítulo extraordinario, con la advertencia de que todos los hermanos sin excepcion debíamos acudir a él.

1.-Pie: medida equivalente a la longitud del pie humano, aproximadamente treinta y dos centímetros. Cinco pies equivalen a un metro y sesenta centímetros.

Continuará

Espero que esta publicación te haya gustado. Si es así pulsa me gusta y si tienes alguna duda, consulta o quieres complementar este post, no dudes en escribir en la zona de comentarios.
Sigueme en: www.elarcadedionisos.es
Spread the love

Deja un comentario