Los caballeros de la Iglesia

Capítulo VII

(Lo sucedido en Qishloq)

Cuando terminé de exponer mis argumentos para no convocar la reunión del Consejo de Estado, el Donark decidió posponer la reunión del mismo hasta no haber recibido los primeros informes de nuestros espías. Por otra parte decidió enviar mensajes a todos los conventos y cenobios para que sin alterar su actividades, observaran y le notificaran cualquier tipo de actividad fuera de lo habitual, al tiempo que les solicitaba enviaran a a nuestro convento, para su formación, al hermano que considerasen más apropiado para formar parte del grupo de espionaje que se iba a constituir.

Mientras en el convento se tomaban estas decisiones y se aceleraban los preparativos Skjult, a lomos de un agotado caballo y con el uniforme desgarrado y manchado de sangre, se encontraba a las puertas del templo de Qishloq.

¡Alto soldado! ¿Como se te ocurre presentarte en el templo con ese aspecto?Le increpó un guardia situado a la puerta, sin darle tiempo a decir palabra alguna.

¡Caporal! Aquí tenemos otro borracho pendenciero tratando de eludir el castigo.

A la llamada del guardia acudió un caporal que mirando a Skjult con el ceño fruncido, le dijo en tono desabrido:

¡Baja inmediatamente del caballo y prepárate para recibir tu castigo! Así aprenderás a no desafiar las órdenes de tus superiores.

Skjult, sin bajar del caballo, dirigió una dura mirada al caporal y en tono autoritario le dijo:

Ni estoy borracho ni he desafiado ninguna orden y si en algo aprecias tu cabeza, avisa a quien corresponda que el explorador Soliqchi solicita ver al viceprelado para informar de la misión que le encomendó.

El caporal, al verse tratado así por un inferior delante de sus subordinados y de los curiosos que se detenían a contemplar la escena, comenzó a congestionarse, se le hincharon las venas del cuello y rojo de ira, dijo a grandes voces:

Estúpido excremento de buey, baja inmediatamente del caballo si no quieres que mis hombres te desmonten y te muelan a palos antes de entregarte a tu superior para que recibas tu merecido castigo.

El tumulto provocado por las voces del caporal, junto a los murmullos de desconcierto de los curiosos cuyo número iba en aumento, debido a lo inusual de la escena que se desarrollaba ante sus ojos, atrajo la atención de un sacerdote que al ver lo que allí ocurría se dirigió al caporal preguntando con tono autoritario:

¿Que es lo que ocurre aquí? ¿A qué vienen esas voces caporal?

La aparición del sacerdote produjo dos efectos simultáneos, el primero de ellos fue que los curiosos que allí se agolpaban recordaran los asuntos que reclamaban su presencia en otros lugares, por lo que rápidamente, se fueron a atenderlos; el segundo, silenciar los gritos del caporal, cuyo rostro adquirió un tono ceniciento bajo la indignada mirada del sacerdote al que respondió con voz atemorizada:

Perdonad comandante, pero cuando hemos dado el alto a este borracho que pretendía eludir su castigo, se ha negado a obedecer mis órdenes y me ha amenazado delante de mis hombres y de todos los curiosos, cosa que lógicamente no podía consentir.

Tras estas palabras del caporal, el sacerdote dirigió una escrutadora mirada a Skjult y tras unos instantes se volvió al caporal diciendo:

Salvo que Bajaruvchy haya cegado mis ojos, no veo ningún borracho caporal, lo que veo es un hombre cansado por un largo viaje que por las huellas que lleva en su ropa y en su rostro, no ha debido resultarle fácilLuego volviéndose hacia Skjult le preguntó:

¿Tú, si no me equivoco, eres Soliqchi, el explorador que asignó el viceprelado a mi destacamento?

Efectivamente comandante, no os equivocáis, soy Soliqchi.

Cuéntame que ha pasado aquí.

Que nada más aparecer ante la puerta, los guardias me han acusado de borracho y pendenciero, han llamado al caporal quien, sin informarse de nada, me ha ordenado con muy malos modos que bajara del caballo y me dispusiera a recibir mi castigo. Indignado por este trato, le he respondido que si apreciaba en algo su cabeza, avisara a quien correspondiese que Soliqchi el explorador, tenía necesidad de informar al viceprelado de su misión.

¡Veis como me amenazó comandante! Él mismo lo acaba de reconocerIntervino el caporal con rostro radiante.

Lo que veo es la contestación de un hombre agotado, al que impiden cumplir con su misión, a un caporal con demasiado orgullo y la cabeza vacía que debido a su estupidez, ha estado a punto de causar un desastre si yo no llego a estar por aquí. Cuando acabe tu guardia preséntate a tu comandante de mi parte, yo ya le habré informado.

Ante estas palabras, el rostro del caporal palideció hasta casi volverse transparente y comenzó a temblar como una hoja sacudida por el vendaval. El comandante, desentendiéndose del caporal, continuó diciendo:

Soliqchi, acompáñame a los aposentos del viceprelado para que le des tu informe.

Y dejando atrás a los confundidos guardias, Soliqchi y el sacerdote comandante se encaminaron al interior del templo.

Continuará

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