Los caballeros de la Iglesia – Capítulo X (El viaje)

Ruta del viaje

El primer problema con que Melhiker se encontró a la hora de organizar el viaje fue el problema del tiempo; en condiciones normales,se tardaban casi tres meses en cubrir las ochocientas leguas(1) que separaban el convento de la capital de Dönhar, tiempo del que claramente, no disponían. El segundo problema venía ocasionado por el primero; encontrar una tapadera para el desplazamiento de un número inusual de hermanos no revestía muchas dificultades, pero el hecho viajar lo más rápidamente posible complicaba bastante las cosas, por lo que antes de tomar ninguna decisión se reunió con Bhörje y TrØllkarl para determinar el número y condiciones del viaje.

Tras estudiar el problema, Bhörje propuso una solución que reducía a una tercera parte la duración del viaje y que fue aceptada por todos. Durante aquella época del año, previa a la cosecha, no era infrecuente que pequeñas compañías de mercenarios, cuyo número de componentes oscilaba entre cinco y diez, se dirigieran lo más rápidamente posible a las capitales de los distintos reinos con el fin de ser contratados por los comerciantes que previamente habían adquirido los distintos granos a los agricultores, para escoltar las caravanas que éstos enviaban para llevar los productos al mercado, ya que el interés por llegar los primeros y así obtener los mejores precios, provocaba frecuentes roces y en ocasiones la destrucción de alguna caravana. Viajarían pues camuflados como mercenarios en busca de ser contratados por un comerciante de Hämnstaj. La expedición estaría formado por Janniréll, Edzàrj, Jörgenj y Ghörann, (cuatro de los cinco miembros del grupo seleccionado por sus capacidades mágicas, que aceptaron ingresar en la Iglesia), junto al hermano Bokorm, el mago bibliotecario que encontró la mención a los libros y su ubicación, como magos; los cinco magos irían acompañados por Kontakt, un hermano especialmente dotado para la telepatía y por Mhälinj, el hermano que hizo el papel de sargento en el viaje en que llegaron al convento Jannirèll y sus compañeros, que sería quien comandaría el grupo debido a su experiencia como mercenario por los caminos de la confederación. Una vez decidido como se realizaría el viaje, los preparativos se realizaron en menos de un día por lo que un mañana, antes de despuntar el alba, un grupo de mercenarios montando en briosos corceles abandonó al galope el convento.

Poco hay que decir sobre lo ocurrido en el viaje, si dejamos aparte el hecho de la curiosidad que produjo en Jannirèll, Edzàrj, Jörgenj y Ghörann que no habían salido nunca de la ordenada vida del convento, la algarabía y «desorden» reinantes en las aldeas por la que pasaban, la abundancia de mujeres y niños y sobre todo, las posadas y tabernas que visitaron, sobre todo por el hecho de tener que pagar lo que consumían y las provisiones que necesitaban para el viaje, hasta el punto de que si no hubiera sido por la presencia de Mhälinj, se podían haber metido en más de un problema en los primeros días de viaje. Aparte de esto, el viaje se redujo a largas jornadas a lomos de los caballos, alternado trote y galope con breves paradas para dar descanso a sus monturas y acampando al raso cuando la falta de luz imposibilitaba el seguir cabalgando, tiempo que aprovechaban para tomar una abundante cena compuesta generalmente de carne asada, pan, queso y fruta, única comida caliente que realizaban. El resto de la noche lo pasaban durmiendo para descansar de la agotadora jornada y estar frescos para continuar su camino al aparecer los primeros rayos del sol por el horizonte.

Generalmente evitaban las poblaciones, salvo que tuvieran necesidad de aprovisionarse de víveres; cuando precisaban cambiar sus extenuados caballos por otros frescos, lo hacían en cenobios o conventos a los que previamente, Kontakt informaba telepáticamente de sus necesidades. Así transcurrió el viaje hasta que llegaron a la ciudad de Örnhekker en los Montes Sawkäria, junto a las posesiones del conde Värdelos, donde vivía la hermana Smilla. Allí se entrevistaron con el Prior del cenobio que los Clariones tenían en la ciudad quien les informó de que desde el primer informe obtenido por Smilla gracias a una felíz casualidad, no se había producido ninguna novedad digna de mención aunque, siguiendo las instrucciones recibidas, tenían al conde bajo estrecha vigilancia.

A pesar de que el administrador del conde es uno de nuestros hermanos y de que con motivo de la fiesta, logramos introducir algunos hermanos como criados, no hemos conseguido ninguna información relevante, Maestre— Dijo el Prior a Jannirèll. —Todas las conversaciones y actividades del conde giran en torno a la última cosecha y a la preparación del vino que tiene que enviar a sus clientes a finales de primavera— Y con estas palabras finalizó su escueto informe.

¿Y vos que opinais sobre estos hechos Prior?

Tras pensarlo detenidmente durante unos instantes el Prior respondió:

Veréis Maestre, coincido en todo con el análisis que el Donark ha realizado de la situación, más si tenemos en cuenta que a la fiesta del nombre de su hijo apenas acudieron otras familias aparte de las de sus amigos íntimos, pero creo sinceramente que espera un acontecimiento cuya magnitud no deje indiferente a nadie en la confederación, lo que me lleva a pensar en la mención que hizo de la salud del rey. La muerte de Försiktig implicaría la convocatoria del Consejo de Estado que se reuniría en Vilenia un mes después del fallecimiento, tras los funerales y el periodo de luto, para reconocer al heredero tal y como dicta la tradición. Con los reyes fuera de sus reinos y desconectados de la administración, nos resultaría muy difícil, por no decir imposible detener una invasión, más si entre los asistentes hay un filtrado algún conspirador que pueda conducir un intento de asesinato de los reyes, por tanto pienso que hasta que no se produzca un hecho de ese tipo, Värdelos no se moveráConcluyó el Prior.

Creo que no andáis muy desencaminado en vuestras conclusiones hermano, informaré de ellas al Donark— Dijo Jannirèll tras pensarlo unos momentos, después se despidió del prior agradeciéndole su ayuda y se preparó para continuar el viaje.

Dos días después de su salida del cenobio de Örnhekker y treinta y tres días desde que salieron del convento, se encontraron a las puertas de Hämnstaj. Por fin habían llegado a su destino.

Continúa
Espero que esta publicación te haya gustado. Si es así pulsa me gusta y si tienes alguna duda, consulta o quieres complementar este post, no dudes en escribir en la zona de comentarios.
Sigueme en: www.elarcadedionisos.es
Spread the love

2 comentarios

  • «Si no hubiera sido por la presencia de Mhälinj, se podían haber metido en más de un problema en los primeros días de viaje», qué paradójico hubiera resultado que sus problemas empezaran de la manera más simple, que es la de tener contacto con el mundo más allá de los asuntos del convento.
    Un abrazo 😉

    • El Arca de Dionisos

      Tanto Janniréll como ran parte de sus compañeros de viaje, habían desarrollado su vida desde niños sin salir del convento, por lo que desconocían el funcionamiento de la sociedad laica. De ahí que fueran acompañados por personas que lo conocían y sabían desenvolversa en ella.
      Gracias por el comentario Carolina; no se te escapa ningún detalle.
      Un abrazo 🙂

Deja un comentario