Los caballeros de la Iglesia – Capítulo X – Hämnstaj

Estandarte de los Caballeros de la Iglesia

Aunque la vista del mar por primera vez conmocionó a Jannirèll, apenas tuvo tiempo de disfrutar de la misma, dada la premura de su misión, ya que se encaminaron sin dilación alguna al convento que los Jannikes tenían a las afueras de la ciudad, donde los hermanos se hicieron cargo de sus monturas y les condujeron a las celdas que tenían preparadas para ellos con el fin de que pudieran asearse y cambiar las ropas de mercenarios por los hábitos monacales. Una vez en sus celdas se despojaron de las polvorientas y sucias ropas de viaje y provistos de asperas toallas, se encaminaron a los baños donde permanecieron un buen rato frotándose a conciencia para eliminar el polvo y el sudor del viaje que se había pegado a sus cuerpos como una segunda piel. Una vez limpios y tonificados por el baño, volvieron a las celdas donde se vistieron con los hábitos que encontraron en lugar de sus ropas de viaje.

Apenas habían acabado de vestirse, cuando un hermano les pidió que le acompañaran a ver al prior y para su sorpresa, les condujo al refectorio, sentándoles en una mesa en la que solo se encontraba un hermano de elevada estatura, cuerpo delgado y fibroso, con un rostro enjuto y de tez clara, en el que resaltaba una prominente nariz aguileña así como unos ojos de intenso color azul, con una agradable sonrisa bailándole en los labios y que al verlos acercarse, se puso en pie y con voz amable les rogó que se sentaran, al tiempo que hacía un gesto a uno de los hermanos de la cocina quien, ayudado por dos novicios, se apresuró a colocar ante ellos unos platos de humeante estofado y unas jarras de cerveza.

Una vez estuvieron servidos, se dirigió a ellos diciendo:

Maestre Jannirèll, hermanos, soy el hermano Trader, prior de este convento; perdonad si os parezco descortés en nuestro primer encuentro, pero he recibido instrucciones del Patriarca Flottfar de conduciros a su presencia apenas llegárais al convento. Por ello os ruego me disculpeis por no dejaros tiempo apenas para reponeros del viaje, pero las instrucciones han sido claras y conozco la urgencia del mismo.

No os preocupéis Prior, lo comprendemos perfectamente y agradecemos vuestra diligencia en este asunto. ¡Ah!, quería pediros un favor, dejemos los tratamientos formales para los actos formales y tratémonos como hermanos que somos, ya es bastante complicada la situación que estamos viviendo y nos obliga a representar papeles que no deseamos y para los que apenas estamos preparados.

Cuando me informaron de tu capacidad e inteligencia no se equivocaban Jannirèll, me gustaría hablar contigo más tranquilamente, pero ahora no es posible ya que Flottfar nos espera, acompañadme pues y acudamos a su presencia.

Dicho esto y sin más palabras, salieron del convento en dirección al Monasterio de Jötnar, sede de la cabeza de la Iglesia en la Confederación Erkendia. Cuando llegaron al monasterio, que no se diferenciaba de los conventos y cenobios que Jannirèll conocía salvo por el tamaño, era algo más grande y por el hecho de que en la puerta montaban guardia dos caballeros completamente armados, con sencillos yelmos que ocultaban sus facciones y negros escudos y sobrevestes en los que se veían claramente el bieldo y la espada, los símbolos de los Caballeros de la Iglesia.

Nada más entrar en el patio, se les acercó un hermano que no se diferenciaba del resto de los que por allí pululaban ensimismados en su tareas, pero al que los nudos de su cíngulo señalaban a los expertos ojos de los visitantes, como un experto en administración de los Clariones, quien les condujo a un amplio despacho donde les esperaba el Patriarca Flottfar junto con un clarión cuyo rostro le resultó familiar a Jannirèll. Al verlos una sonrisa ensanchó el regordete rostro del Patriarca que dio la bienvenida al grupo y tras unas breves frases de cortesía se dirigió a Trader y le dijo:

Gracias por la premura con que habéis cumplido mi encargo Prior, ahora si no tenéis inconveniente acompañad a los hermanos Mhälinj y Kontakt de vuelta al convento para que comiencen lo más rápidamente posible sus tareas y vos podáis incorporaros nuevamente a las vuestras.

Como deseéis Patriarca. Mhälinj, Kontakt, si teneis la bondad de acompañarme cuando lleguemos al convento os prsentaré a las personas que colaborarán con vosotros en vuestra laborY tras estas palabras los tres abandonaron la habitación.

Cuando los cinco magos quedaron a solas, el Patriarca señaló al clarón que le acompañaba y dijo:

Maestre, hermanos quiero presentaros al hermano Velger, Bibliotecario Jefe del monasterio.

Déjate de formalidades Flottfar, vamos a terner que trabajar juntos bastante tiempo y no estoy dispuesto a enredarme en tantos formalismos, además Jannirèll y yo ya nos conocemos y los demás lo haramos rápidamenteY prosiguió dirigiéndose a JannirèllMe alegro de volver a verte Jannirèll, no has defraudado mis espectativas y me siento muy orgulloso de ver donde has llegado.

Yo también me alegro de verte VelgerRespondió Jannirèll y añadio.Aun no he olvidado el mal rato que me hiciste pasar.

Velger era el rector del cenobio de Zaromba que había enviado a Jannirèll al convento jannike de Hàlveron con la excusa de no haber logrado convertirle en una persona válidad para la sociedad en el tiempo que permaneció en el cenobio.

De acuerdo con dejar a un lado las formalidades VelgerIntervino Flottfar y continuó Pero dejemos de lado los viejos recuerdos, de los que podréis hablar más tarde y vayamos al grano. Jannièll supongo que os sorprendería el hecho de encontrar una referencia a la existencia deunos tratados de magia escondidos en este convento, cuando la política de la Iglesia es no ocultar nada a ninguno de sus miembros y más os sorprenderá saber que tanto Velger como yo hemos tenido conocimiento de su existencia desde el mismo momento en que aceptamos nuestros cargos, es más conocemos perfectamente el lugar donde se encuentran los libros que venís a buscar.

Flottfar hizo una pausa mientras contemplaba los gestos de asombro de sus visitantes y prosiguió.

Os preguntaréis por qué os hemos mantenido en la ignorancia de su existencia y ahora, después de que hayais realizado un extenuante viaje os digo esto. La pregunta es natural, pero teníemos nuestros motivos. Cuando nuestros predecesores nos contaros el secreto de su existencia, tambien nos informaron que su contenido encerraba un conocimiento tan peligroso que si caía en malas manos, podía destruir el mundo que conocemos, por lo que juramos preservar, aun a costa de nuestras vidas, el secreto de su existencia y que solo en caso de acuciante necesidad, si venía un mago de la Iglesia demostrando conocer su existencia y con el encargo expreso de encontrarlos por acuerdo de la misma, como es vuestro caso, podíamos comunicarle nuestro conocimiento.

Tras decir esto Flottfar se cayó y Velger continuó con la historia.

Aparte de lo que os acaba de contar Flottfar, he de aclararos que tanto él como yo, solo somos los guardianes del secreto, solo conocemos su existencia y el lugar en que se encuentran, pero ninguno de los dos tenemos acceso a los libros ya que en previsión de posibles contratiempos, nuestros antecesores protegieron mágicamente el acceso a los mismos y solo los magos que reunan el poder y las capacidades adecuadas podrán llegar a ellos.

Continúa
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2 comentarios

  • Por las últimas palabras de Velger, intuyo que Jannirèll va a tener que demostrar mucho su valía para llegar al fondo de todo este asunto
    Un abrazo 😉

    • El Arca de Dionisos

      Hola Carolina.

      No solo él, si no todos sus compañeros. Ahora deberán enfrentarse a situaciones, dificultades y peligros para los que nadie les ha preparado.

      Gracias por tu apoyo Carolina.

      Un abrazo 🙂

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