Francisco Aguilar

Publicada en El Puerto Actualidad el 14/02/2016
Francisco Aguilar

Francisco Aguilar

JAVIER – Buenos días Paco. Tú y yo nos conocimos hace pocos días aquí en la peña, cuando le enseñabas a José María unos dibujos tuyos que me dejaron impresionado. Estuvimos charlando un rato y me quedé con la curiosidad de saber como una persona como tú que ha desarrollado su vida laboral en la banca, ha llegado a dibujar de esa manera.

PACO – Pues simplemente porque después de cuarenta y tres años de trabajo en al banco, no he tenido otro trabajo, me ha llegado la prejubilación y tenía que ocupar el tiempo en algo constructivo, algo que me guste y además que me sirviera de algo. Cuando me prejubilé tuve un problema de depresión debido al cambio de vida que me afectó un poco y pensé que era mejor ocupar el tiempo y la verdad es que después de año y medio, estoy estupendamente, sin depresión, sin ansiedad, perfecto.

J. – ¿Y porqué el dibujo?

P.- Porque tengo un amigo que es conocido a nivel, yo te diría que nacional, Adrián Ferrera que tiene una academia y allí estoy dando clases con él. Voy dos o tres veces en semana, según tenga ganas, y hago mis dibujos, algunos copia, otros los invento. Él me dirige y además muy bien, porque Ferrera es un gran artista y me va muy bien y además, me siento muy relajado cuando estoy haciendo la pintura.

J.-Paco ¿Como se siente una persona que como tú, ha dedicado prácticamente la totalidad de su vida adulta a una empresa, trabajando más horas de la exigidas sin ningún tipo de compensación, como sin duda has hecho tú para alcanzar el puesto que ocupabas y de pronto, por cuestiones que no le son imputables, la empresa prescinde de él?

P. Pues precisamente eso es una de las cosas más importantes. Yo soy responsable y además, en la entidad, ocupé puestos de responsabilidad desde el año ochenta y cinco que me nombraron apoderado o interventor, como quieras llamarlo, y desde entonces he recorrido muchos puestos, todos de responsabilidad y eso me llevó a estar todavía más con mi entidad. Había días que eran la nueve, las diez de la noche y estaba trabajando. Yo entré con diez y seis años en el banco y me prejubilaron, hace un año, con cincuenta y siete.

J.– Es decir, entregaste tu vida a la entidad realizando un trabajo más duro de lo que muchos puedan pensar y en tu mejor momento te prejubilaron, lo que trastocó lo que era, hasta ese momento tu vida. Dejando esto aparte y volviendo al tema del dibujo, por lo que he podido deducir, tú no habías dibujado en tu vida.

P.– Un poco en el colegio, en la asignatura de dibujo, pero mis derroteros no han ido precisamente por el arte. En el año mil novecientos ochenta y nueve aprobé el Curso Universitario de Estudios Financieros y luego terminé Empresariales, lo que no tiene nada que ver con el arte. En cuanto a lo que dices de la banca, efectivamente es un trabajo duro, pero no más duro que otros trabajos del mismo tipo. Lo que le diferencia es la presión, la presión y que te llevas el trabajo a casa. Hay profesiones en las que tu llegas a tu casa a las diez de la noche, a las ocho de la tarde o a la hora que sea, te duchas y todos se va por el sumidero, pero en la banca no ocurre eso, lo normal es que te lleves los problemas a casa.

J.- Cuando te prejubilan me has dicho que caíste en una depresión ¿Por…?

P.- Porque no sabía que hacer. Mi mujer trabaja y mis dos hijas estaban, en ese momento, terminando las carreras, (afortunadamente ya las han terminado las dos).

Una de las obras de Francisco Aguilar

Una de las obras de Francisco Aguilar

J.– La depresión es una enfermedad muy seria, de la que es difícil salir. ¿Como decidiste vencer la depresión?

P.- Yo no decidí salir, me ayudaron a salir. Entre mis hijas, mi mujer y buenos amigos (tengo el orgullo de decir que tengo buenos amigos, no muchos, pero los que tengo son buenos buenos y me han ayudado muchísimo). Concretamente un par de ellos que viven en Sevilla y estaban todos los fines de semana aquí conmigo. Estuve un año sin beber y sin fumar porque no podía debido al tratamiento. Luego, cuando terminé el tratamiento, si me dejan tomarme una copita como ves. Pero no fui yo el que lo decidió, sino mi familia y mis amigos. Lo conseguí gracias a la ayuda que pe dieron.

J.– Pues eres muy afortunado, por tu familia y por tener buenos amigos. Antes me dijiste que dibujas porque tienes un buen amigo que te da clases, pero ¿Como elegiste esta actividad de entre todas las que podías realizar?

P.– Pues porque uno de los médicos que me asistía y aun me asiste, porque tengo que pasar por el hospital una vez cada cuatro meses y otra cada seis con dos especialistas que me llevan, pues uno de ellos me sugirió que hiciera algo de trabajo manual y yo pues trabajos manuales, la vedad, es que no me veía modelando plastelina, ni barro, ni haciendo vasijas ni nada de eso y como Adrián estaba ahí y ya te he dicho que es amigo mío, se lo comenté, me dijo que tenía la idea de montar la academia y en cuanto la montó me avisó y empecé a dibujar con él. Me enseñó a hacer el boceto, luego tal… y ahora llevo un año justo y la verdad es que cada día me gusta más, pero fue una casualidad hablar con este hombre y que montara la academia. Que además, le va muy bien.

J.– Y de esta forma has vuelto a rehacer tu vida.

P.- Sí y además, para mejor porque no tengo un horario y siempre hay cosas que hacer, yo soy un poco manitas, en mi casa hago muchas cosas, me gusta la electricidad. Soy capaz de desmontar una radio y volverla a montar. Siempre hay algo que hacer y le dedico a la pintura el máximo tiempo que puedo, pero no todo. No quiero… Los grandes empujones siempre terminan mal y yo quiero ir poco a poco.

J.– Paco, te veo alegre, contento y me admira comprobar que vives una vida plena tras vencer la depresión, cosa para la que hace falta una gran fuerza de voluntad. ¿Como lo lleva tu familia?

P.– Bien. Al principio cuando estaba mal, que han sido casi seis o siete meses, pues me apretaban mucho, no porque ellas quisieran apretarme, si no porque era el camino. A una persona que está deprimida no puedes decirle que bien, que tal, que mal lo estás pasando. Al contrario, tienes que darle campo, darle aire y eso me vino muy bien.

Arte a través de un lienzo

Arte a través de un lienzo

J.- ¿Aparte del dibujo, tienes mas aficiones?

P.– Si, soy aficionado a los perros. Soy aficionado a los vinos, pero no a la cantidad si no a la calidad. Cuando el casino era lo que era estuve yendo a catas con un amigo, por lo menos cuatro meses, para aprender, (te hablo de hace unos cinco o seis años), simplemente para aprender temas del vino. Hay mucha gente que pide una manzanilla y… ¿Porqué una manzanilla y no un fino? No, es que la manzanilla tal… Yo quería saber el porqué de una cosa y de la otra y bueno, aprendí mucho, pero no dejo de ser un aficionado, no soy un entendido ni nada de eso, soy un gran aficionado.

J.– Por lo que puedo comprobar, veo que eres una persona a la que gusta investigar sobre distintas facetas de la vida.

P.- Si, Hay una frase que dice: “renovarse o morir” y yo soy de esa opinión.

J.– Paco, siempre que te he visto por aquí te he visto con Lola ¿Como has conseguido una perra tan cariñosa, tan obediente que ni se nota su presencia?

P.– Vuelvo a las frases hechas: “todo perro se parece a su amo”. Nunca he querido un perro agresivo. Lola es un encanto, está conmigo desde que tenía treinta días cuando era una bolita de peluche. Lo que trato es que la perra sea lo más noble del mundo. Para eso hay que educarla, educarla en el sentido de que cuando alguien se le acerca (los perros de aguas son normalmente muy ariscos…, no ariscos, miedosos), cuando alguien se le acerca no se retraiga. Tiene tres premios y en el cuarto premio la descalificaron porque cuando fue a tocarla el juez se echó. Iba en muy buena posición pero, por eso, la descalificaron. Ya te digo, es estar con ella y acostumbrarla a que si está, como ahora con nosotros, esté sentada y no te moleste.

J.– Pues mi curiosidad ha quedado satisfecha. Hay algo que tú quieras añadir.

P.– Pues que aunque no he nacido en El Puerto me considero totalmente portuense, ya que aquí he pasado más de la mitad de mi vida, llegué aquí con veinte años y tengo cincuenta y ocho. Me gusta El Puerto como cuidad, es una ciudad preciosa que va mejorando día a día y que los portuenses debemos (y digo debemos porque me considero portuense) dejar de ser tan críticos con nuestra ciudad. Tenemos algo muy bonito que debemos defender.

J.– Pues muchas gracias Paco y ahora vamos a aprovechar el tiempo disfrutando de estos magníficos vinos.

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