Sergio Alejo: La Semana Santa vivida desde dentro

Publicado en El Puerto Actualidad el 21/02/2016
Sergio Alejo

Sergio Alejo

JAVIER. – Hola Sergio, perdona que te haya distraído de tus ocupaciones (que se que aumentan en estas fechas), pero se aproxima la Semana Santa y tenía verdadero interés en conocer la opinión de una persona como tú que la vive desde dentro.

SERGIO. – Verás Javier, he conocido las hermandades desde la Junta de Gobierno y a nivel de costalero y capataz. Son cosas que parecen un poco desvinculadas una de otra pero, al fin y al cabo, la Hermandad lo es todo, desde la Cruz de Guía hasta el último costalero o nazareno, todo es Hermandad.

J. – ¿Que hace una Hermandad?

S.- Aparte de lo que todo el mundo ve, mantener una tradición muy querida por este pueblo: sacar unos pasos a la calle con un determinado folklore propio de cada Hermandad, o sacar una devoción a la calle para que la gente pueda vivirla. Pero lo importante de una Hermanda es la labor social que realizan durante todo el año, aunque parezca que no, a base del trabajo y el sacrificio de los hermanos. Desde ayudar a obras sociales como Cáritas, o pagar el recibo de la luz de un hermano que no puede hacerlo.

J.– ¿Cuesta mucho trabajo sacar un paso a la calle?

S.– Todo el mundo en la Hermandad dedica mucho de su tiempo libre, sin lucro alguno ya que todos trabajamos (yo soy funcionario del ayuntamiento), a prepararlo. Hay hermandades que desde dos meses antes comienzan limpiar plata y preparar el paso. Por ejemplo yo llevo desde enero con los costaleros preparando los ensayos, dejando a la familia en casa y luego vienen los ensayos. Es una labor de mucho tiempo que la gente no ve para preparar las cinco horas que es paso está en la calle.

J.-¿Que me puedes decir de los costaleros?

S.– Es una manera de entender la Semana Santa muy de aquí, de Andalucía. Hay costaleros que lo hacen por devoción, los hay que lo hacen por afinidad con una determinada Hermandad y hay costaleros que lo hacen por conocer un poco más una de las fiestas tradicionales de Andalucía. A mí, particularmente, me mueve la devoción y la amistad ya que me he criado siempre en las hermandades y el nivel de amigos que tengo. Muchísimos costaleros son íntimos amigos míos y van siempre conmigo en los pasos. Yo disfruto de las vivencias con amigos durante todo el año, aparte de la fe que tengo ya que, en estos tiempos que corren, tienes muchas veces que agarrarte a algo que de sentido a tu vida.

J.– ¿Es difícil reunir una cuadrilla de costaleros?

S.– Es difícil, es difícil porque cada uno tiene su personalidad, su nivel de amistad con los compañeros…, pero más difícil que crearlo es mantenerlo dentro de un cierto orden, una cierta educación o una cierta amistad dentro de lo que es la cuadrilla. Por eso yo pienso muchas veces que el capataz de hoy en día no es el jefe de la cuadrilla, es el líder, tiene que saber controlar y mover la cuadrilla en todo momento, no solamente llevar la imagen ya que lleva la devoción de mucha gente. Para algunas personas esto puede no ser importante, pero para ellos sí lo es.

Ensayando

Ensayando

J.– Sergio, háblame ahora del aspecto digamos técnico. ¿Cómo se conjunta la cuadrilla para que es paso salga nivelado, teniendo en cuenta que la altura de los costaleros no es la misma?

S.– Verás, la persona más alta marca la medida más alta y la más baja marca la medida más baja. Luego se van situado por altura, de los más altos a los más bajos y se tira una “caída” y se levanta el paso hasta que se equilibra.

J.– ¿Que peso soporta un costalero?

S.– Un mínimo de treinta a cuarenta kilos.

J.– Pero soportar ese peso durante cinco horas es una barbaridad.

S.– Si, pero nosotros llevamos dos cuadrillas que se relevan, una que entra y otra que sale, es una media, para las cinco horas que dura una procesión en El Puerto, de dos horas y media cada costalero en turnos de cuarenta y cinco, cincuenta minutos.

J.– ¿Se necesita mucho tiempo de ensayo para que la cuadrilla logre la sincronía necesaria para mover el paso con la suavidad con que se hace?

S.– Parece que es mucho, o será que yo pienso que dentro de las cuadrillas, de los costaleros, hay algo más; pero nosotros no ensayamos más de seis horas al año en dos o tres días. Es verdad que no partes de cero, eso sería un desastre. En una cuadrilla de ochenta costaleros, cuarenta o cincuenta, más de la mitad, ya han llevado pasos anteriormente y van adaptando a la gente que nunca se ha metido debajo de un paso.

J.– Cuando estas viendo una procesión, ves que la marcha del paso no es siempre la misma si no que cambia en ciertos momentos, ¿Que me puedes contar sobre eso?

S. Eso es hacer los cambios de paso. Hay varios tipos de paso que se cambian para realzar algunos momentos. Aparte de eso cada paso tiene un andar característico, por ejemplo: el del Resucitado tiene un andar de frente que siempre es el mismo caminar, el de La Flagelación tiene un caminar con unos costeros, unos movimientos, para que nos entendamos, más para los lados.

J.– He escuchado muchas veces este término, paro ¿Qué es una “chicotá”?

S.– Es el tiempo que pasa desde la levantá del paso, hasta que se arría. Es el tiempo que va caminando el costalero con el peso encima.

J.– Hay pasos que por su volumen, parece imposible que salgan por las puertas de la iglesia. ¿como lográis hacerlo?

S.– Algunos pasos tienen que salir de rodillas, es un sacrificio especial que hace el costalero. Imagínate el esfuerzo que hacen, porque de rodillas no están todos a la misma altura, caminando de rodillas, con cuarenta kilos a la espalda, durante los cinco minutos que puede tardar en sacarse un paso de palio que mide cuatro metros y medio de altura. En El puerto hay varios que salen de rodillas.

J.– ¿Que mueve a un costalero a realizar ese tremendo esfuerzo?

S.– Ahora le llaman afición a la costalería, pero yo pienso que tiene que haber algo más, porque nadie se mete por afición en ese tipo de esfuerzo que mucha veces es al límite, por afición. Pienso que se hace por la devoción y espiritualidad que se le pide a un costalero.

J.– Sergio, podríamos pasarnos horas hablando de la Semana Santa y aún así, siempre quedaría algo por decir. ¿Hay algo que quieras comentar como final de esta charla?

S.– Te quiero comentar algo que parece una pequeña tontería, pero al nazareno, al penitente, mucha gente no lo tiene valorado y creo que es un gran sacrificio que una persona esté cinco horas con un velillo puesto caminando detrás de una imagen que probablemente no vea en todo el recorrido. Y no se habla nunca del nazareno, se habla de los costaleros, de los capataces o de la Hermandad.

J.– Muchas gracias, Sergio, por satisfacer mi curiosidad y espero que vuestra labor consiga este año que la Semana Santa se desarrolle con el esplendor de siempre.

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