Los caballeros de la Iglesia – Capítulo XVIII – (3)

En los aposentos del Prelado

y lo descubierto después (II)

No precisó mucho tiempo el extranjero para ganarse la confianza del viejo chamán que disfrutaba al mostrarle el poder de su magia lo que le hacía correr a esconderse aterrorizado provocando las risas y el desprecio de sus discípulos y de los chamanes de otras tribus a las que en ocasiones enviaba como mensajero, para evitar riesgos personales, con la confianza de no ser traicionado por tan estúpido individuo que con su actitud discreta y servil se convirtió, a los ojos de todos, en una especie de mueble en el que nadie reparaba; craso error ya que no hizo falta mucho tiempo para que aquel extranjero se hiciera con todos los hechizos que atesoraban los chamanes y se hiciera cargo de la tribu que le había acogido después de eliminar a su maestro demostrando así su tremenda capacidad para ejercer la magia.

Durante un tiempo nadie supo nada de él ni de su tribu y poco a poco fue olvidado hasta que unos años más tarde reapareció y de forma implacable se hizo con el poder absoluto sobre todas las tribus, obligando a sus chamanes a entregarle copia de sus libros de hechizos. Quienes se negaron a aceptar tan irrazonable petición fueron cruelmente eliminados junto con sus discípulos, y sus tribus quedaron bajo el control absoluto de Bittaga, como ahora se hacía llamar el extranjero, que se había autoproclamado emperador de los samoviys y único representante de Bajaruvchy encargado de que se cumpliera su voluntad en el mundo. Los chamanes que voluntariamente le entregaron copia de sus libros, como había hecho él, quedaron a cargo de sus respectivas tribus como representantes de Bittaga.

Estas copias entregadas por los chamanes estaban custodiadas por las Moshinalar1, ninguna de las cuales sabía leer por lo que no existía el peligro de que los utilizaran, que eran la guardia personal del emperador, formada por mujeres que desde muy niñas habían sido separadas de sus familias y educadas bajo una estricta disciplina en las artes del combate y el asesinato; sometidas a duras y crueles pruebas en las que muchas perdían la vida; las que sobrevivían a estas pruebas, un diez por ciento de las que habían comenzado el entrenamiento, debían enfrentarse a una prueba final, consistente en un combate a muerte entre ellas, que eliminaba aproximadamente a la mitad del grupo, quien lograba sobrevivir se convertía en una o’roq mashinasi, una experta asesina carente, de todo sentimiento y fanáticamente leal al emperador, única persona a la que debía obediencia. Con los conocimientos mágicos suficientes para detectar cualquier amenaza contra éste; las Moshinalar eliminaban en el acto y sin trámite alguno, generalmente cortándoles la cabeza con el shotel (una especie de espada parecida a una hoz era su arma favorita y a la vez su emblema), a todo aquel que consideraban un peligro para la vida del emperador.

Bittaga había demostrado ser un hombre muy peligroso, su odio hacia aquellos que habían perseguido a los adoradores de Bajaruvchy, muy superior al que sentían las propias tribus, junto con la promesa de una implacable venganza sobre ellos, le habían granjeado el respeto de todos ellos, respeto que se convirtió en fanática obediencia, cuando sometieron a todas las tribus samoviys bajo su yugo y sus componentes se convirtieron en el Clero de Bajaruvchy, pasando a ser sacerdotes y acólitos guiados por sus antiguos chamanes, convertidos ahora en prelados y viceprelados. Inflexible en sus deseos e implacable con quienes fallaban en el cumplimiento de los mismos, era tan odiado como temido, sobre todo por sus más directos colaboradores y solo su magia y las Moshinalar que siempre le acompañaban, habían evitado su caída al eliminar sin miramiento alguno a los pocos insensatos que lo intentaron.

Cuando Bittaga decidió invadir la Confederación Erkendia y comenzó a reclutar entre los samoviys el ejército necesario para ello, como muestra de confianza, cedió al Prelado de Qishloq veinte Moshinalar, con órdenes expresas de protegerle y obedecerle como si del mismo emperador se tratara; el prelado se sintió halagado y agradecido por ello hasta que cayó en la cuenta de que se trataba de un regalo envenenado, ya que si bien era cierto que era el único que había sido distinguido con este honor, también lo era el hecho de que era el mago más poderoso de sus colaboradores y el único que tenía control sobre todo el ejército, lo que podía incitarle a rebelarse contra él, algo que las Moshinalar detectarían y sería la causa de que literalmente, perdiera la cabeza.

El análisis de los sentimientos del prelado sorprendió a Jannirèll y al resto del Consejo de Archimagos que no se imaginaban el imperio de terror al que estaban sometidos los samoviys, ni las tensiones internas reinantes en el seno del clero que les dominaba, tensiones que podían destruir al emperador y deshacer el, a la larga, frágil imperio; pero también se percibieron el odio y la ambición que las prédicas de Bittaga habían instilado en la mente de sus habitantes, la mayoría de los cuales solo veía en la guerra, algo que llevaban en la sangre y formaba parte de sus tradiciones, una forma de alcanzar una vida más mejor y más fácil; si sumaban a esto el temor a las consecuencias que les acarrearía el fracaso a ojos de Bajaruvchy, comprendieron que se enfrentaban a una guerra sangrienta y cruel frente a un enemigo que ni daría ni pediría cuartel.


1- Moshinalar : plural de o’roq mashinasi, segadora.

Continuará

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