Los libros prohibidos

librosDesde los albores de la historia hasta nuestros días se ha prohibido la reproducción, lectura y divulgación de determinados libros. Los títulos, autores y motivos han sido muy diferentes y han ido variando a lo largo de los tiempos en función de la evolución de la sociedad y yo me pregunto: ¿A que es debido este hecho? ¿Es malo divulgar nuestras ideas, pensamientos o conocimientos, sean estos los que sean? ¿Quién tiene derecho, si es que este derecho existe, a decidir que ideas son buenas o malas?

Este hecho se ha producido en todas las sociedades, con independencia de su cultura o ideología, sin excepción; por lo que se puede deducir que existe algún factor, común a todas ellas, que lo desencadena. Ante esto la mayoría de la gente, que generalmente no ha leído mas de cuatro libros y eso por obligación, responderá indignada: “eso ocurre porque el poder quiere mantener al pueblo en la ignorancia para perpetuarse” y en algún caso, como el de las dictaduras, tienen razón, pero … ¿Ocurre lo mismo en las sociedades que viven en democracia y con prosperidad? ¿En las que el ejercicio del poder está limitado por sus propias leyes a un corto periodo de tiempo? Me imagino que no, y en cambio, en estas sociedades también se prohíbe la divulgación de algunos libros. ¿Que ocurre pues?

Desde mi punto de vista es una cuestión de defensa social. La sociedad, cualquier sociedad, es un ente con vida y personalidad propia, perfectamente definida y normalizada que no es equivalente a la suma de las personalidades individuales de sus componentes, y existe para salvaguardar la continuidad y supervivencia de la especie. Como cualquier ente vivo nace, crece, se desarrolla y muere. En este devenir de acontecimientos la sociedad se defiende de las agresiones, tanto externas como internas que tratan de interferir en su evolución, violar sus normas de convivencia. Estas normas sociales, aceptadas libremente por la inmensa mayoría de sus componentes, van evolucionando a lo largo del tiempo, según se va escalando en la pirámide de necesidades del ser humano, que van desde las puramente fisiológicas: respiración, alimentación, descanso y sexo. Hasta las de autorrealización: moralidad, creatividad, falta de prejuicios, aceptación de los hechos…

Según la sociedad va cubriendo estas necesidades, su ética (sus reglas) va cambiando y el grupo va cediendo protagonismo al individuo. En este contexto de evolución y progreso social surgen personas, generalmente muy avanzadas a su tiempo, librepensadores idealistas, que expresan ideas que, en ese momento, atentan contra los pilares en que se basa la convivencia de la sociedad en la que aparecen. No quiero con esto decir que esas ideas sean reprobables o malas –en algunos casos son fantásticas ideas que, con el paso del tiempo, han logrado importantes avances- si no que, en ese momento y solo en ese determinado momento, son peligrosas para la estabilidad y equilibrio social.

La sociedad es como una máquina muy compleja -cada vez más- y como todas la máquinas tiene un manual de instrucciones –normas sociales– para su buen funcionamiento. A nadie en su sano juicio se le ocurre maltratar o dar golpes a una máquina -televisor, teléfono móvil, microondas… pongamos por caso- que le facilita la vida y además es cara, porque lo más probable es que rompa y deje de funcionar. Lo mismo ocurre con la sociedad, pasar de una sociedad de cazadores-recolectores formada por un reducido grupo de individuos a formar una nación con normas y personalidad propia resulta muy costoso, no solo en medios materiales si no en vidas humanas, por lo que esa sociedad una vez estabilizada -y con esto no quiero decir que sea perfecta, no, ni mucho menos, siempre se puede y se debe mejorar- esa sociedad repito, se defiende prohibiendo la divulgación de ideas –libros– que puedan desestabilizarla.

¿Quiere esto decir que haya ideas que por peligrosas deban ser destruidas? Indudablemente no. Por muy disparatadas que puedan parecernos hoy puede, que en un futuro, sean el punto de partida para la creación de una sociedad mejor. Las ideas en si no son peligrosas, lo peligroso es el uso que, elementos radicales, hacen de ellas, bien por intereses personales, bien – en la mayoría de los casos- por idealismo bien intencionado. Solo tenemos que repasar la historia para comprobar que, el tratar de imponer, aun con la mejor intención unos ideales, ha sido la causa de los mayores derramamientos de sangre.

Tampoco quiere decir que sea correcto prohibir la publicación de algun libro pero, desgraciadamente, vivimos en un mundo imperfecto.

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