Los caballeros de la Iglesia

Capítulo II – (3)

 

 

Incidencias del viaje (2)

 


Por él supieron que no existían diferencias apreciables en el modo de vida o trato a los estudiantes entre un cenobio y otro, hasta el punto de que uno podía dormirse en un cenobio y despertar en otro sin notar más diferencia que la de no conocer a quienes les rodeaban. También averiguaron que a diferencia del cenobio de Zaromba, en el de Hàlveron el juego más popular era el Hala-Tafi1, un juego de tablero para dos jugadores que tenía como objeto que el jugador con una pieza (el zorro) capturase las trece piezas del contrincante (los gansos) sin ser inmovilizado. Melhiker, que era un apasionado de este juego, les contaba:

—Cuando juego al Hala-Tafi me siento como si alguien me dijera anticipadamente los movimientos que va a realizar mi oponente y así puedo destruir su estrategia y realizar la mía. Nunca he perdido una partida.

—No será para tanto, no presumas Le decía Edzàrj socarronamente.

—Es cierto, aunque no conocí el juego hasta que llegué al cenobio, me aficioné a él y al poco tiempo no había nadie, ni los preceptores, que me ganara Respondía muy serio Melhiker. Por eso nadie quería jugar contra mí.

Así, charlando de la mañana a la noche, pasaron tres días y llegaron a la mañana del cuarto. Esa mañana, el carretero, en vez de entregarles el desayuno, abrió de par en par la puerta de la carreta y les hizo señas para que salieran. Una vez fuera, vieron un personaje vestido con un hábito negro que ceñía a la cintura con un intrincado cordón de cuero trenzado que les observaba en silencio; a su alrededor, formando,un círculo en torno a la carreta, había un grupo de soldados a montados caballo, armados con largas espadas y redondos escudos que no lucían emblema alguno, que cubrían sus cabezas con sencillos capacetes de hierro. Tras unos instantes de silenciosa observación que se les hicieron eternos, el negro encapuchado les dijo:

—Bien jovencitos, se acabó la molicie que no es buena ni para el cuerpo ni para el espíritu. Soy el hermano Bhörje, preceptor de la orden de los Jannikes y estoy aquí para llevaros a uno de nuestros conventos.

Tras decir esto, viendo sus caras de asombro, continuó Aunque así pudierais pensarlo, no venís como prisioneros, si no como estudiantes que no han completado satisfactoriamente su educación y que por ello, pueden representar un peligro para si mismos y para la sociedad, pero los Clariones ven potencial en vosotros y por este motivo os han dejado en nuestras manos.

Viendo sus caras de estupor y desconfianza, así como las miradas que de soslayo, lanzaban a los soldados, el hermano Bhörje les dijo:

—No os preocupéis por los soldados, están aquí para nuestra protección que hasta ahora no han podido reunirse con nosotros, ese ha sido el motivo de no permitiros salir de la carreta antes, por vuestra seguridad, ya que hemos estado viajando por tierras infectadas de salteadores. Ahora seguid a Khört, nuestro amable carretero, que os indicará lo que debéis hacer Dicho esto, dio media vuelta y se alejó de la carreta.

Aturdidos y sin saber a ciencia cierta que pensar, los zagales siguieron a Khört hasta la parte delantera de la carreta, en cuyo costado estaba abierta una puerta que daba acceso a un pequeño almacén atestado de provisiones y elementos para montar un campamento, lo que confirmaba la suposición de Jannirèll de que el cubículo en el que habían viajado no ocupaba la totalidad de la carreta. Khört les dio instrucciones precisas de como montar el campamento y preparar el desayuno, diciéndoles antes de alejarse:

—Todo lo que os ha dicho el hermano Bhörje es cierto, no sois prisioneros, pero estáis a nuestro cuidado y no podéis marcharos; si alguien intenta escapar le daremos caza y el resto del viaje no le resultará tan placentero como puede serlo cumplís vuestras obligaciones.

El desayuno que prepararon en poco se diferenció de los que habían realizado hasta el momento, pero para ellos supuso un gran cambio, no solo pudieron disfrutarlo cómodamente sentados en la fresca hierba, además tuvo la novedad de que en vez del agua con regusto a pez de la cantimplora, pudieron acompañar el pan y el queso con un buen tazón de leche endulzada con miel que previamente habían calentado en el pequeño fuego encendido por Edzàrj. Al terminar, se retiraron tras unos arbustos para aliviar sus necesidades, lavaron la vajilla utilizada que volvieron a colocar en el pequeño almacén de la carreta y a continuación cogieron las bacinillas que habían utilizado para aliviarse hasta ese momento y las lavaron, corriente abajo, en el arroyo cercano donde un par de soldados abrevaban los caballos, frotándolas con arena hasta que su interior quedó totalmente pulido. Al salir de la carreta por primera vez, se percataron del molesto hedor que esta desprendía debido al hacinamiento y falta de higiene en que hasta entonces habían viajado, por lo que dejaron la puerta abierta para que se ventilase y reanudaron el viaje caminado al costado de la misma.

1 Hala-Tafi: Es un juego del grupo de los llamados Tafi, creados en la época vikinga, en los que se simulan batallas entre fuerzas desiguales. Llamado también El Zorro y los Gansos, para ganar, el zorro debe ser inmovilizado por los gansos pero si este elimina el suficiente número de gansos para que los restantes no puedan inmovilizarle, los gansos pierden.

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