Los caballeros de la Iglesia

Capítulo IV – (3)

 

Los años de formación


Estas palabras pusieron fin a la reunión; el tiempo había pasado inexorablemente y ya era la hora de la cena, por lo que se encaminaron al refectorio tratando de asimilar las últimas revelaciones, y en el caso caso particular de Jannirèll, tratando de asumir las últimas afirmaciones que TrØllkarl había realizado respecto a él.

A primeras horas de la mañana del día siguiente comenzaron su formación como jannikes siguiendo, durante los cinco años que duró, la misma rutina. Se levantaban poco antes del alba y acompañados por BhØrsemaker corrían durante una hora, alterando el ritmo de la carrera, desde el convento hasta llegar al pie de los montes que cerraban el valle que distaban una legua, y vuelta al convento para bañarse, vestir el hábito y llegar a tiempo al refectorio para desayunar. A continuación y durante dos horas, se ejercitaban en las cuadras con Riddarej, con el que aprendían, equitación, doma y conocimientos de para la cura de las enfermedades más comunes que incluían el atender partos de potros que venían en malas condiciones. De las cuadras pasaban a la armería donde, de nuevo bajo la tutela de BhØrsemaker, se ejercitaban en el manejo de la lanza, la espada, el hacha, arco, ballesta junto a una amplia panoplia de armas, entre las que destacaba el bastón, una vara de tejo de cinco pies1 de largo con alma y cantoneras de acero, cuyo uso conocían rudimentariamente debido al entrenamiento recibido en el viaje y que, de alguna manera, se consideraba el arma oficiosa del caballero, ya que la llevaban todos los hermanos cuando salían del convento como si fuese un bordón de los que utilizaban los viajeros que recorrían los caminos de la Confederación; pero la más terrible y que más les costó dominar fue su propio cuerpo, que entrenaron hasta convertir en un arma letales cualquiera de sus partes.

Una vez terminado el entrenamiento con armas, pasaban de nuevo por el refectorio para el almuerzo y a continuación, se dirigían al aulario donde durante tres horas, TrØllkarl les instruía en la esencia de la magia. Estas fueron las clases que más trabajo les costaron, pues aunque la magia era algo inherente a todos los habitantes del mundo y ellos tenían una especial capacidad para alguna de sus facetas, era algo tan sencillo y a la vez tan complejo, que resultaba difícil de comprender y explicar. La magia no requiere de conjuros y gestos cabalísticos para realizarla, solo requere la voluntad del mago y el absoluto convencimiento de que realizará lo que se propone, pero para alcanzar ese convencimiento es necesario conocer profundamente todos los pasos que sigue el fenómeno al producirse, junto con las reacciones que producirá en el resto de los elementos que componen el mundo cuando el hecho ocurra. El universo se rige por unas leyes naturales que equilibran un complejo sistema; la violación de esas leyes produce desequilibrios en el sistema, tanto mayores cuanto mayor es la violación, y solo se debe recurrir a ella en casos de extrema necesidad, sobre todo si tenemos en cuenta que el proceso se alimenta de la energía del propio mago y cuanto más complejo es, más energía consume, pudiendo llegar a consumirle totalmente si pretende realizar algo que supere su capacidad.

El resto de la tarde lo pasaban entre la hora de clase de lenguas que les impartía el preceptor Språkj, quien, en los cinco años que duró su formación, les metió en la cabeza el manejo de, al menos diez lenguas diferentes, (nunca pensaron que hubiera tantas en el mundo), que llegaron a hablar como auténticos nativos y las clases sobre historia y composición de la Iglesia que les impartía Bhörje, que les habló de las diferentes Órdenes que la componían, mucho mas numerosas que las conocidas a nivel popular, y sus funciones, entre las que destacaba la orden de Lhäkninj, compuesta mayoritariamente por mujeres (la Iglesia no hacía distinciónes y aunque en todas las Órdenes había hombres y mujeres, generalmente las mujeres estaban especialmente dotadas para la magia de sanación), que atendía las necesidades sanitarias y formaba a los sanadores en todo el territorio de la Confederación. También les explicó que los cordones con que ceñían sus hábitos indicaban, según fuera su trenzado, a que orden pertenecía el portador y que los nudos que los remataban, indicaban el grado y especialidad que ostentaba en la misma. Una vez terminadas las clases, después de la cena, disponían de tiempo libre que generalmente dedicaban a practicar algún juego o a pasear por los jardines del convento hasta que les rendía el sueño y se retiraban a sus celdas para caer rendidos en el catre.

Durante esos años también descubrieron que cuando les dijeron que la Iglesia no tendría en cuenta sus preferencias, no les mentían, pues parecían complacerse en encomendarles aquellas tareas y estudios que menos les gustaban; Edzàrj y Jörgenj que preferían las actividades de tipo físico, pasaron la mayor parte del tiempo encerrados en el aulario estudiando y clasificando tipos de terrenos y diversas muestras de rocas y minerales que llegaban al convento, en tanto Melhiker y Janniréll, que preferían el estudio en las aulas para saciar su ansia de conocimientos, se pasaron la mayor parte del tiempo en las caballerizas, la armería o el campo de entrenamiento para perfeccionar sus habilidades en estos temas, aunque con el transcurso del tiempo, Janniréll pensase que aquellos fueron los años más felices que pasó en el Convento, pues aunque los preceptores les exigían llegar al límite de sus posibilidades y no pasaban por alto un error, jamás les levantaron la voz y la reprimenda más dura que recib fue cuando, tras practicar el manejo de la espada después de una dura tanda de ejercicios a caballo que le habían dejado agotado, BhØrsemaker le dijo que no era propio de él no esforzarse al máximo y que debía repetir la tanda completa de ejercicios, algo que supuso para él una tremenda vergüenza, pues era consciente de no haberse esforzado al hacerlos tratando solo de salir del paso. Así transcurrió su vida en el convento, hasta que una mañana a finales del quinto año, fueron convocados a Capítulo Extraordinario, con la advertencia de que todos los hermanos sin excepción debían acudir a él.

1.-Pie: medida equivalente a la longitud del pie humano, aproximadamente treinta y dos centímetros. Cinco pies equivalen a un metro y sesenta centímetros.

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