Los caballeros de la Iglesia

Capítulo V – (2)

 

La alfarería

 


A la mañana siguiente Soliqchi acudió temprano al taller decidido a comunicar su marcha a Kulol pensando que a éste no le importaría ya que, desde la llegada de los sacerdotes y la construcción del templo, el trabajo había disminuido notablemente debido a que las gentes de las tribus, fuente de su sustento, apenas iban ya a la ciudad, salvo para cumplir con las estrictas obligaciones religiosas impuestas por los sacerdotes de Bajaruvchy, por lo que la falta de ventas hacía innecesario su trabajo en la alfarería, que si había logrado sostenerse era gracias a los encargos del templo que, aunque mal pagados, les habían permitido salir adelante. Al entrar en el taller le estaba esperando Birixonim, la primera mujer de la casa, que nada más verle, con la deferencia y el respeto con que cualquier mujer debía dirigirse a un hombre, le dijo:

Buenos días Soliqchi, Kulol ha ido al templo junto con el resto de los artesanos y me ha ordenado que te diga que limpies el taller, prepares los hornos y esperes su vuelta.

¿Tienes algo más que decirme?Preguntó Soliqchi.

—No— Respondió escuetamente Birixonim.

—Vuelve entonces a tus quehaceres, puesto que ya has realizado su encargo.— Le ordenó Soliqchi con altanería.

Sin decir palabra Birixonim dio la vuelta y se adentró en la casa para continuar con sus tareas habituales, mientras Soliqchi, que a pesar de que le comía la curiosidad por el motivo de esta visita al templo, no había preguntado a la mujer por el motivo de la misma seguro de que no sabía nada, (a las mujeres no les concernían los asuntos de los hombres, y solo existían para cumplir sus deseos y obedecer sus órdenes), se puso a limpiar el taller empezando por los tornos, de los que retiró los restos resecos de arcilla que quedaban de los trabajos del día anterior hasta conseguir una superficie plana que giraba suavemente, a continuación limpió los hornos y los cargó de combustible dejándolos preparados para las labores del día. Mientras lo hacía, le invadió un sentimiento de tristeza ya que aquella sería la última vez que manejaría aquellas herramientas que le habían acompañado, como únicos amigos, los años vividos en Qishloq; cuando terminó de preparar el taller, se sentó en la puerta a esperar de la llegada de Kulol, pensando como iba éste a reaccionar cuando le dijera que se marchaba, y preguntándose por el motivo que le había llevado al templo, algo sobre lo que tenía un mal presentimiento. Pasaba ya el mediodía cuando le vio venir caminando a paso vivo y con una sonrisa campeando en su rostro; Al llegar a la alfarería Kulol le asió por los hombros que apretó con fuerza, y le dijo:

Alégrate Soliqchi, la suerte nos ha sonreído a todos.

Me alegra oírlo Kulol, pero dime, ¿como nos ha sonreído?.

Ten un poco de paciencia Soliqchi, comamos primero, que ya es la hora, y cuando terminemos hablaré de ello contigo y con Birixonim, pues las noticias que traigo os afectan a los dos.

Y cogiéndole por el brazo amablemente, le condujo a la parte de la casa destinada a vivienda donde se sentaron a la mesa, algo que sorprendió a Soliqchi pues, en todos los años que había trabajado para él, nunca le había invitado a entrar allí. La comida, servida por Birixonim y el resto de las mujeres de la casa, transcurrió en silencio y mientras Kulol engullía el guiso de verduras como si le fuera la vida en ello, Soliqchi que sentía un nudo en el estómago al pensar que le depararía esta visita que tanto alegraba a su maestro, apenas probó bocado. Al terminar el almuerzo, Kulol se levantó y pidió a Soliqchi que le siguiera a la sala contigua, al tiempo que ordenaba a Birixonim que los acompañara y dejara el trabajo de recoger la mesa al resto de las mujeres; una vez en ella, se sentó y tras mirarles fijamente, dijo:

A partir de mañana Birixonim, te harás cargo del taller que desde este momento queda a tu cargo. Ya lo has hecho otras veces y sabes perfectamente como llevarlo, por lo espero que cumplas adecuadamente con esta tarea.

—Si Kulol— respondió escuetamente Birixonim.

Para que te sustituya en tus actuales tareas, elije a la más capaz de las mujeres y ponla al tanto de ellas cuidando bien de que estas no se resientan, no me gustaría tener que azotaros a las dos si las cosas no van como hasta ahora. Ya puedes marcharte.

Así lo haré Contestó la mujer que dando media vuelta, fue a cumplir las órdenes recibidas.

Cuando Birixonim salió de la habitación, Kulol miró fijamente a Soliqchi y dijo:

—Soliqchi, llevas trabajando conmigo siete años si no recuerdo mal, en ese tiempo has aprendido el oficio y me has demostrado ser una persona honesta digna de toda mi confianza, juntos hemos luchado, sobre todo los últimos años, para sacar adelante este taller y en todo ese tiempo jamás he escuchado una queja de tus labios, y sabes de las dificultades pasadas este último año que casi me obligan a cerrar el taller.

Este preámbulo hizo que brillara un rayo de esperanza en los ojos de Soliqchi ¿Iba Kulol a prescindir de sus servicios? No queriendo hacerse demasiadas ilusiones, esperó a que continuara.

Pero eso ha llegado a su fin, Bajaruvchy es un dios justo que premia a sus fieles servidores y en su infinita sabiduría, ha decidido premiarnos a nosotros.

Al escuchar estas palabras Soliqchi sintió como una gélida mano oprimía sus entrañas, había ocurrido aquello que trataba de evitar, llamar la atención de los sacerdotes. Sin percatarse de su gesto de frustración, Kulol siguió contándole:

Esta mañana he acudido al Templo, en respuesta a la llamada del Prelado, junto con otros artesanos y una vez allí, después de anuncianos que en breve plazo de tiempo se trasladará a él un considerable número de tropas del ejército imperial, a las que es preciso proveer de la impedimenta (desde armas hasta ropa, elementos de transporte y conservación de víveres, etc.) necesaria para llevar a cabo una prolongada campaña; después nos ha mostrado unos inmensos talleres, perfectamente equipados para la manufactura de todo lo que un ejército precisa, y nos ha ordenado que trabajamos en ellos. Como la tarea es urgente, a partir de mañana nos trasladaremos a ellos y comenzaremos los trabajos de aprovisionamiento del ejército, algo por lo que seremos ampliamente recompensados. Nuestros talleres podemos dejarlos, si a creemos conveniente, en manos de las mujeres de la casa, algo perfecto para nosotros, pues ya sabes que Birixonim es perfectamente capaz de sacar adelante los encargos de los escasos clientes que nos quedan.

Estupenda noticia Kulol, pero ¿Has pensado como vamos a atender ese gran taller solo tú y yo? Preguntó Soliqchi tratando de encontrar algún resquicio que le permitiera escapar de aquella situación.

—Eso mismo pensé yo, pero el Prelado lo tiene todo previsto, ha puesto a nuestro servicio cien esclavas a las que debemos enseñar el oficio en el plazo de un mes, una vez aprendido, ellas realizarán el trabajo y nosotros supervisaremos su labor.

—Pero eso es casi imposible Kulol, tendrían que tener unas medianas aptitudes y un inmenso interés para aprenderlo en tan poco tiempo y como son esclavas no podemos esperar mucho de ellas.

No te preocupes por eso Soliqchi, pondrán interés y aprenderán, pues no cumplir la voluntad de Bajaruvchy es pecado, y sabes muy bien que solo existe un castigo para el pecado, la muerte por descuartizamiento.Estas palabras hicieron esfumarse las pocas esperanzas de marcharse que le quedaban. Los sacerdotes decían que Bajaruvchy premiaba a los que le complacían, pero todos sabían que con más frecuencia, castigaba con crueldad a quienes, por la más nimia causa, le disgustaban .

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