Los caballeros de la Iglesia

Capítulo V – (4)

 

Lo sucedido en los talleres

 


En cuanto quedaron solos Kulol y Soliqchi dividieron a las mujeres en grupos de veinte y comenzaron a enseñarles las tareas que debían realizar para que la alfarería funcionara correctamente y observaron como realizaban los trabajos que les habían asignado. Pasados dos días, eligieron en cada grupo, a la mujer que demostró más habilidad para realizar el trabajo y la que nombraron encargada de grupo entregándole un fajín con una franja blanca, haciéndola responsable de los resultados del grupo.

Durante los primeros días de trabajo, los talleres apenas lograron alcanzar los objetivos impuestos por los sacerdotes ya que las mujeres, aunque no desobedecían abiertamente las órdenes, trabajaban con desgana, obligando a los artesanos a azuzarlas continuamente y estos, preocupados por las consecuencias que podía acarrearles no alcanzar los objetivos, se quejaron de la situación a los sacerdotes responsables de los talleres.

A la mañana siguiente las mujeres fueron obligadas a formar a la puerta del taller en que trabajaban; las puertas de los talleres se abrían a una plaza circular en uno de cuyos extremos se encontraba en esos momentos el Viceprelado, sentado en un pequeño estrado construido a tal efecto, rodeado por los artesanos y sacerdotes responsables de los talleres. En medio del temeroso silencio que invadía la plaza, el Viceprelado hizo un gesto con la mano y los sacerdotes se acercaron al grupo del que eran responsables, y señalaron al azar a una mujer que los acólitos llevaron al centro del patio. Cuando todas estuvieron reunidas, el Viceprelado hizo otro gesto y entraron el el patio varios bueyes conducidos por acólitos, que sin pronunciar palabra, ataron cada una de las extremidades de las elegidas a un buey y los azuzaron en direcciones opuestas. Aterrado y con el estómago revuelto por el cruel espectáculo que se desarrollaba ante sus ojos en medio de un sepulcral silencio en el que solo se escuchaban los angustiosos aullidos de las víctimas, Soliqchi presenció como las mujeres eran descuartizadas. Cuando el cruel espectáculo llegó a su fin, cosa que llevó bastante tiempo ya que el cuerpo humano opone una tenaz resistencia a ser desmembrado, el suelo del patio estaba cubierto de sangre y restos humanos desgarrados, junto a los vómitos de los asistentes. Sin inmutarse por ello, el viceprelado dijo a las mujeres:

Bajaruvchy es un dios impaciente y no admite que le sirvan con tibieza. Esto se repetirá tantas veces como sea necesario, aunque confío en que esta sea la primera y última vez que ocurra. Ahora limpiad el patio y volved a vuestro trabajo Dicho esto abandonó el patio dejando sumidos en el terror a los allí presentes.

A partir de este momento los talleres comenzaron a funcionar debidamente y en el mes de plazo otorgado, todos estaban a pleno rendimiento. Kulol y Soliqchi tuvieron la fortuna de ser los primeros en conseguirlo, lo que les supuso una felicitación del Viceprelado y una notable cuota de prestigio y libertad de actuación. A mediados del segundo mes, los grandes almacenes, construidos para guardar la producción, comenzaron a llenarse con productos de excelente calidad, pues los artesanos competían entre sí para que su taller manufacturase los mejores productos.

Hacia mediados del tercer mes, Kulol y Soliqchi fueron convocados por el Viceprelado B‘rinin a su cámara quien, cuando estuvieron en su presencia y tras felicitarles por la buena marcha del taller, preguntó a Kulol si podía prescindir de Soliqchi sin que la producción del taller se viera afectada, a lo que éste respondió tembloroso que el trabajo de Soliqchi en el taller era fundamental, y que si faltase ésta descendería durante el tiempo que tardase en encontrar y formar a quien debiera sustituirle. Tras sopesar la respuesta de Kulol, B‘rinin le dijo:

Agradezco tu sinceridad Kulol, otros en tu lugar habrían dicho que no la afectaría y habrían mentido. Vete ahora a elegir y a formar a su sustituto, pero procura que las cosas se normalicen lo antes posible.

Al ver marcharse Kulol, Soliqchi se preguntó que error habría cometido para atraes sobre sí la atención del viceprelado que al quedarse solos, le dijo:

—Soliqchi,se que no eres samoviy, aunque lo disimulas muy bien y solo un ojo experto como el nuestro, podría darse cuenta de ello.

Estas palabras le helaron la sangre y pensó que les próximas serían su sentencia de muerte. Ajeno a estos pensamientos el viceprelado continuó diciendo:

Sabemos que procedes de uno de los clanes que habitan en la cordillera que se halla al Oeste y que tuviste que abandonar tu clan y esconderte en Qishloq, a causa de las desavenencias que tuviste con el jefe del clan, al que diste muerte. Bien, eso no nos importa, has demostrado ser un leal servidor de Bajaruvchy y él es el dios de todos los pueblos. Si te he convocado a mi presencia, es debido a que necesitamos tus servicios para algo diferente a lo que has venido haciendo hasta ahora.

Tranquilizado porque el viceprelado repitiera la historia que había contado a Kulol cuando le pidió trabajo, Soliqchi Respondió —Mi mayor afán es servir fielmente a Bajaruvchy y a sus sacerdotes en todo lo que requieran de mí.

Y así lo has demostrado Dijo el viceprelado Por ello y debido a que conoces bien las montañas y de los clanes que las habitan, te hemos elegido como explorador de un destacamento del ejército, cuya misión es encontrar un paso entre ellas que nos permita invadir los territorios que hay al otro lado. Por estos territorios corren ríos de leche y miel y están habitados por infieles, adoradores de un falso dios, entregados al lujo y la molicie y nuestro deber es atraerlos a la verdadera fe.

Tras una pausa para observar el efecto que sus palabras causaban en Soliqchi, que permaneció impertérrito, continuó con sus instrucciones.

En esta misión, que debe permanecer en secreto, dependerás únicamente del caporal del destacamento y solo me informarás a mí personalmente del resultado. Ahora vete, un acólito te acompañara hasta donde se encuentran acampados, allí te proveerán de todo lo necesario para llevarla a cabo. Muéstrate digno de la confianza que he depositado en tiY sin decir más, B‘rinin se enfrascó en la lectura de los documentos que tenía sobre la mesa.

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