Los caballeros de la Iglesia

Capítulo VI

 

Reunión del Capítulo

 


Mientras se dirigía a la sala capitular, la misma en la que el Prior le había preguntado, hacía ya cinco años, si quería formar parte de la Iglesia y en la que no había vuelto a entrar desde entonces, Jannirèll pensó en los cambios ocurridos en su vida desde que los clariones le enviaron, siendo un muchacho introvertido y cargado de ilusiones y fantasías, al Convento donde, el trabajo y la convivencia con los hermanos, le habían proporcionado la confianza en sí mismo que le faltaba y que le convirtió en el joven de diez y siete años que seguro de lo que quería, que había aceptado formar parte de la Iglesia. Sonriendo para sus adentros, rememoró el momento en que tras las explicaciones sobre la Iglesia que les dieron en su primer día como jannikes, descubrió asombrado que se había cumplido su sueño de ser Caballero de la Iglesia, y de como este sueño perdió todo su romanticismo cuando comenzó su formación como tal.

Las clases que recibía a diario hicieron ver que un Caballero de la Iglesia era mucho más que un guerrero dispuesto a matar o morir en defensa la justicia, como aprendió en las clases de BhØrsemaker quien, junto al adiestramiento en el combate con todo tipo de armas, les explicó cuando, cómo y porqué era necesario el empleo de la fuerza. Pero fueron quizás las clases de magia de TrØllkarl, las que más le ayudaron a ver la realidad de la vida del Caballero.

Estas clases, que al principio consistieron en largas y aburridas explicaciones sobre las bases y principios de la magia, dieron paso al estudio y práctica del ilusionismo, donde descubrió que, con la habilidad, preparación y presentación adecuadas, todo ello acompañado de palabras y gestos para distraer la atención, se conseguían efectos espectaculares que parecían imposibles de realizar para humanos normales. Recordó que tras largos meses de estudio y práctica de las técnicas empleadas por los magos que actuaban en las ferias. Cuando tras muchas horas de trabajo monótono y aburrido, repitiendo una y otra vez las diferentes técnicas hasta dominarlas de forma instintiva, recordó que Ghörann había preguntado a TrØllkarl por qué, si eran magos, llevaban tanto tiempo enseñándoles trucos de taberna que requerían un gran esfuerzo y en los que corrían el riesgo de ser descubiertos, en vez de usar auténtica magia para ello.

La respuesta es muy sencilla había respondido TrØllkarl Difícilmente, el que os descubran como farsantes os costará la vida, pero es altamente probable que la perdáis si os descubren como auténticos magos Ghörann.

Cuando TrØllkarl comenzó a enseñarles la auténtica magia, y les obligó a realizar los mismos efectos que realizaban por medio del ilusionismo, pero esta vez usando la magia, descubrieron con sorpresa que la práctica de la magia requería un esfuerzo tal por su parte, que conseguir por medios mágicos el más simple de los efectos que lograban mediante el ilusionismo les dejaba agotados interiormente, aprendiendo así que su uso conllevaba pagar un precio. Para ejercer la magia no se precisaba de conjuros ni gestos de las manos, solo se precisaba un control férreo de la voluntad, lo más difícil de conseguir y el precio de lograrlo resultaba muy costoso para las fuerzas del mago, pudiendo incluso a pagarlo con su vida si intenta algo contrario a las leyes naturales, pues éstas son lo suficientemente flexibles para que un mago puede torcerlas imponiendo su voluntad sobre ellas, pero no lo suficiente para ser violadas. Por este motivo era preferible no utilizarla, y solo hacerlo en casos de extrema necesidad, en los que no usarla acarrearía peores consecuencias de las que tendría el hacerlo.

En la entrada a la sala, se tropezó con Edzàrj acompañado de un pequeño grupo de hermanos, quien al verle le dijo:

—Hola, Jannirèll ¿Sabes a que se debe este capítulo extraordinario, convocado de forma tan sorpresiva y apremiante?

—No Edzàrj, sé lo mismo que podáis saber vosotros, pero creo que no tardaremos en enterarnos por qué acaba de llegar Erlhènj y nos dirá para que nos ha convocado.

En ese momento, el Prior se dirigía hacia su sitial u cuando se sentó pudieron comprobar que llevaba colgado al cuello el collar con el medallón de su cargo, lo que indicaba que se trataba de una reunión formal, por lo que automáticamente se hizo en la sala un expectante silencio. Una vez en el estrado Erlhènj dijo:

Durante los últimos quinientos años la encubierta tutela que hemos ejercido sobre la Confederación Erkendia ha dado sus frutos y la Confederación no ha dejado de prosperar. Nuestra política de no injerencia en los asuntos de los distintos reinos que le componen, junto al hecho de ser autosuficientes y de los servicios que prestamos a la comunidad como educadores a través de los Clariones, y como médicos a través de las Hermanas Lhäkninj, sin exigir nada a cambio, nos ha granjeado el respeto y aprecio de la comunidad.

Múltiples asentimientos de cabeza y murmullos de aprobación por parte de los presentes, acompañaron estas palabras, y el Prior continuó.

—Sabéis también que durante todos estos años, hemos mantenido una discreta vigilancia sobre los reinos que nos rodean, lo que nos ha permitido establecer con ellos fructíferas relaciones comerciales que al beneficiar por igual a las dos partes, han evitado innecesarias confrontaciones.

Nuevos asentimientos de cabeza subrayaron sus palabras.

—Pues bien— Continuó Erlhènj —Desgraciadamente todo eso está a punto de cambiar.

La sorpresa y la preocupación se reflejaron por igual en el rostro de todos, mientras en Prior continuaba:

—Informaciones recibidas recientemente y que ya han sido transmitidas al resto de conventos y cenobios, nos indican que en un futuro próximo la Confederación se verá abocada a una guerra cuyos efectos pueden ser devastadores.

Un manto de silencio cayó sobre la sala y si en ese momento, el mismísimo Jötnar hubiera aparecido ante ellos, no habría creado más expectación y sorpresa que la producida por las palabras pronunciadas por Erlhènj, que continuó diciendo:

Hace dos días, una de nuestras patrullas de vigilancia de la frontera con las Tierras Ignotas tropezó con un grupo de hombres armados cuyo jefe, nada más verlos ordenó a sus hombres que no dejaran a ninguno con vida. Nuestros hermanos que aparentaban ser inofensivos leñadores, lograron eliminar a todos menos a uno que lograron capturar con vida, por él supimos que eran un grupo de exploradores del ejército del Imperio Samoviy que buscaban una ruta a través de la cordillera Bealjehkh por la que pudiera pasar un ejército para invadirnos.

Estas palabras desataron una algarabía en la sala que el Prior acalló con imperativos gestos; cuando logró que reinara el silencio de nuevo, ordenó:

¡Traed al prisionero!.

En ese momento dos hermanos escoltaron a Soliqchi hasta el centro de la sala, lo que provocó algunas exclamaciones de sorpresa entre los hermanos situados en las primeras filas.

Este es el prisionero capturado; como podéis ver por su atuendo, se trata sin lugar a dudas de un soldado.Dijo Erlhènj cuando todos pudieron verle. Ahora bien, no todo en este mundo es lo que parece y se que quienes lleváis más tiempo en este convento sabéis de quien se trata, pero a los demás os presento al hermano Skjult que por orden mía, lleva ocho años infiltrado entre los samoviys y quien atrajo al grupo de exploradores hacia nuestra patrulla.

Espero que esta publicación te haya gustado. Si es así pulsa me gusta y si tienes alguna duda, consulta o quieres complementar este post, no dudes en escribir en la zona de comentarios.
Sigueme en: www.elarcadedionisos.es
Spread the love

Deja un comentario