Los caballeros de la Iglesia

Capítulo VI – (3)

 

El relato de Skjult

 


Cuando el grupo con el que charlaban Janniréll y Edzàrj llegó a la puerta del refectorio, se encontraron con Bhörje que tras saludarlos, pidió a Edzàrj y a Jannirèll que le acompañaran y los condujo a una mesa en la que se encontraban el Prior y el resto de los Preceptores junto a Melhiker y Jörgenj; una vez sentados y con los platos delante de ellos, Erlhènj les hizo gestos para que empezaran a comer y les dijo:

Hermanos, antes en el capítulo, Khört se refirió a unos hechos de general conocimiento para todos, salvo para vosotros y de eso quiero hablaros.

Les sorprendió que Erlhènj sacara a colación en aquel momento, en que el tiempo era esencial, un tema sobre el que habían pensado preguntarle más adelante, por pensar que era un tema de escasa importancia, por lo que sin decir palabra escucharon atentamente al Prior.

Es notorio el hecho de que no podemos informar a todo el mundo de las decisiones tomadas con anterioridad a su pertenencia a la Iglesia, pero sí deberíamos haberos informado de las patrullas que mantenemos en la cordillera, patrullas en las que participan por turno todos los hermanos y que consideran una especie de vacaciones que rompen la monotonía de la vida en el convento, y aunque en principio pensamos en hacerlo para que cuando os correspondiera formar parte de esas patrullas estuvieseis al tanto de la misión que realizaban, tras meditarlo mucho decidimos que no era conveniente hacerlo, ni enviaros a las montañas.— Erlhènj hizo una pausa para tomar un bocado, momento que Edzàrj aprovechó para preguntar en tono dolido.

¿Tan poca confianza teníais en nosotros?

Al contrario, tenemos plena confianza en vosotros, pero hay algo de lo que no sois conscientes y es el hecho de que vosotros sois los más poderosos magos que hemos encontrado en más de trescientos años, y por eso todos pensamos que era preferible no distraeros de los estudios hasta que completarais vuestra formación. Os digo esto para que no penséis que se os ocultó este tema porque no fueseis lo suficientemente importantes para conocerlo, sino por todo lo contrario. Sois demasiado importantes para nosotros y más en estos momentos en los que os necesitamos para resolver esta crisis a la que nos enfrentamos.

Sorprendidos por lo que acababan de escuchar y sin terminar de aceptarlo, abandonaron el refectorio y se encaminaron a la sala capitular, donde sin más preámbulos ni presentaciones el hermano Skjult comenzó su historia:

—Dado que el tiempo apremia, quizás más de lo que todos podáis suponer, voy a resumir lo más posible lo ocurrido en los diez años que he pasado en las tierras ignotas y solo me extenderé en los puntos fundamentales que puedan ayudarnos a resolver esta crisis.

Skjult hizo una pequeña pausa para ordenar sus ideas y comenzó contando lo que encontró al llegar a las tierras situadas al Este de las montañas. Habló de los samoviy y sus costumbres, describiéndoles como un conjunto de clanes orgullosamente independientes que se dedicaban a criar sus rebaños y pelear con otros clanes a la menor provocación, real o inventada. Explicó que las ciudades, pequeñas aldeas de comerciantes, se consideraban lugares de tregua en las que estaban prohibidos los enfrentamientos armados entre los clanes, ya que eran los únicos lugares donde podían comerciar, intercambiar noticias y emborracharse, cosa a la que eran muy aficionados, sin ningún temor. También habló de como había conseguido empleo en el taller de Kulol, un alfarero de la ciudad de Qishloq que le permitió relacionarse con miembros de todos los clanes y de como todo esto había cambiado con la aparición de los sacerdotes de Bajaruvchy. Hizo especial hincapié en el poco tiempo que habían necesitado para imponerse por medio del terror a los clanes, primero con unas tropas totalmente fanatizadas de las que, como ocurría con los sacerdotes, nadie sabía cual era su origen y después mediante las ceremonias de los templos, ceremonias que describió minuciosamente puntualizando:

Hermanos, no puedo afirmar ni negar el hecho de que en ellas intervenga la magia, pero la preparación que recibí me induce a pensar que en los milagros del templo son más una ilusión, eso sí muy bien creada, que verdadera magia y aunque si percibí el empleo de medianas capacidades telepáticas, pero si utilizan o no una magia más poderosa, es algo que deben comprobar magos expertos.

Skjult continuó su relato contando como el Prelado había convocado a los artesanos al templo para obligarles a trabajar en los talleres recién construidos para aprovisionar al ejército que realizaría la invasión y de como, al deducir que para llevarla a cabo necesitaban encontrar un paso que permitiera al ejército franquear las Bealjehkh, forzó mentalmente a Kulol para que recordase que él provenía de las montañas y las conocía como la palma de mi mano (historia que le contó cuando se conocieron) y se lo comentase de pasada a Murosasiz, el sacerdote que nos supervisaba. El resultado de esta arriesgada maniobra fue que, a los pocos días, le llamara el Viceprelado y tras someterle a una leve inspección telepática para la que se había preparado le designase explorador del ejército con la misión de encontrar el paso. En este punto, hizo una pausa y dijo:

No penséis ni por un momento que el ejército con al que nos enfrentaremos actuará por miedo o coacción; muy al contrario, el carácter belicoso y cruel de los samoviys es terreno abonado para que germinen las prédicas de los sacerdotes que, al haber concedido a los soldados algunos pequeños privilegios vedados al resto de la población que les hace sentirse superiores, han logrado crear un ejército de fanáticos guerreros que ni pedirán ni darán cuartel.

Cuando Skjult concluyó su relato, el Prior dijo:

Las noticias que nos traes son preocupantes y requieren de una pronta actuación. Ya hemos activado el sistema de comunicaciones y a estas horas la práctica totalidad de conventos y cenobios de todas las Órdenes tienen conocimiento de estos hechos y enviarán sus representantes a este convento, pues como bien sabéis recae en los Jannikes y particularmente en este convento, la responsabilidad de liderar y trazar los planes de actuación en tiempos de guerra.

Erlhènj hizo una pequeña pausa para poner en orden sus ideas y continuó diciendo —Como primera medida, a partir de mañana se duplicarán las patrullas en la cordillera Bealjehkh y aumentaremos el tiempo dedicado al entrenamiento en combate, suspendiendo cualquier otra actividad que no sea estrictamente necesaria. Esta noche me reunirá con los Preceptores y tras analizar lo expuesto por el hermano Skjult formaremos grupos de trabajo que estudien todas sus implicaciones y busquen la mejor forma de enfrentarse a ellas. Y terminó diciendo: —Dado que de momento, no podemos hacer nada más volved a vuestras actividades. Mañana, cuando tengamos definidos los diferentes grupos seréis asignado a´ellos en función de vuestras capacidades.

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