Los caballeros de la Iglesia

Capítulo VII

 

Primeras actuaciones (y sus consecuencias)

 


A la mañana siguiente el Prior les comunicó que, tras analizar cuales eran las más perentorias necesidades que tenían en aquellos primeros momentos, seguirían actuando como de costumbre, en espera de conocer las decisiones tomadas por el Patriarca, al que habían informado de la situación nada más conocerla. Solo se introducirían en ella pequeños cambios que no alterasen en la rutina habitual para no levantar sospechas a ojos de posibles observadores enemigos. Por tanto continuarían con los habituales trabajos en el campo para cubrir las necesidades cotidianas del convento, pero reducirían el comercio que habitualmente realizaban con los excedentes, la mayoría de los cuales se almacenaría en previsión de una posible futura escasez. Los encargados de realizar estas labores, que eran más de las dos terceras partes de los hermanos, constituirían a la vez la primera línea de defensa ante la invasión por lo que, por primera vez en cientos de años, los carros que utilizaban irían cargados con el armamento propio de los caballeros además de los habituales aperos de labranza. Continuarían, así mismo, las actividades de observación de los leñadores en la cordillera Bealjehkh y los encargados del mantenimiento de las edificaciones del convento, a las órdenes de Jörgenj y Edzàrj debían revisar y reparar las construcciones, especialmente la muralla, introduciendo las modificaciones que considerasen necesarias necesarias para mejorar su defensa.

Las tareas que, a pesar de no parecer especialmente relevantes para el esfuerzo bélico, eran fundamentales y no podían ser abandonadas, como las cocinas, la doma y cuidado de los caballos, o la atención a los enfermos, que afortunadamente eran pocos, (los ganestrianisks gozaban en general de buena salud), tarea esta última que estaba a cargo de las hermanas Lhäkninj, no planteaban ningún problema para su atención, pero no ocurría lo mismo con los estudiantes, que al no formar parte de la Iglesia, debían permanecer ignorantes de lo que estaba ocurriendo. Afortunadamente en los dos últimos años no había llegado ningún nuevo estudiante al convento y la gran mayoría de los que había ya estaban preparados, por lo que tras pensarlo detenidamente, decidieron adelantar la graduación y preguntarles si querían pertenecer a la Iglesia; los pocos que aceptaron permanecieron en el convento y el resto fue devuelto a sus hogares, resolviendo así el problema.

Mientras en el Convento se tomaban estas decisiones, en Hamnstaj la capital de Dönhar y sede oficial de la Iglesia, el Patriarca Flottfar, al recibir el mensaje enviado por Erlhènj, convocó el Sínodo que, era el órgano rector de la Iglesia en tiempos de paz y estaba compuesto por el Patriarca y los Exarcas. Sus miembros, eran elegidos por su empatía y habilidad política y social, y sus funciones, dada la casi total autonomía de que gozaban para su gobierno los conventos y cenobios, consistían representar a la Iglesia ante los monarcas de los distintos reinos, y en aconsejar las líneas de actuación que debía ésta seguir, en base a los nuevos conocimientos aparecidos y a la evolución de la sociedad. Dado que las noticias recibidas del Convento del Valle alteraban por completo esta situación, el Sínodo decidió que se constituyese el Donark, consejo encargado de la dirección de la Iglesia en tiempo de guerra. Compuesto por los Rehidar1 entre los que se encuentran los Maestres de las distintas órdenes menores como los Hadar, combatientes; los Bahudier, magos; los Leverantörer, encargados de la intendencia, y las Lhäkninj que se ocupaban de la sanidad, todos ellos a las órdenes del Gran Maestre de la Iglesia, el Donark, era la máxima autoridad de la Iglesia en la guerra y sus decisiones eran de obligado cumplimiento, ya que en esa situación, la Iglesia se convertía en una institución militar cuyo funcionamiento era igual al de cualquier ejército del mundo. Una vez tomada esta decisión, el Sínodo envió un mensaje al Convento del Valle, en el que se comunicaba la elección de Erlhènj como Gran Maestre de la Iglesia y presidente del Donark, y dejaba a su criterio la elección de quienes debían componerlo.

En cuanto se conoció esta decisión, Erlhènj decidió nombrar a BhØrsemaker Maestre de los Hadar y le ordenó que se hiciera cargo de la organización de los hermanos que trabajaban en los campos, a TrØllkarl Maestre de los Bahudier con instrucciones de averiguar todo lo posible sobre el alcance de la magia que utilizaban los samoviys comparada con la que poseía la Iglesia y buscar formas para contrarrestarla. Finalmente nombró a Melhiker Rehidar de Estrategia para que colaborase con él en la creación de una estrategia para hacer frente a la invasión, dejando en suspenso el nombramiento del resto de los miembros del Donark al considerar que eran suficientes para hacer frente a la actual situación y que la evolución de los acontecimientos determinaría quien más debería integrarlo, hecho lo cual, el Donark comenzó su trabajo.

BhØrsemaker seleccionó a Edzàrj y Jörgenj como ayudantes y tras dividir en escuadrones a los hermanos que salían a cultivar los campos, siguiendo la costumbre de la Iglesia, dejó que cada escuadrón eligiera a su comandante y éste a los hermanos que actuarían como enlaces entre él y el Maestre. Hecho esto encargó a Edzàrj revisar el estado de los muros que protegían el convento y a Jörgenj que, acompañado por dos hermanos, especialmente elegidos por su conocimiento del terreno y las tácticas de combate, buscara los mejores lugares para construir y camuflar pequeños fuertes exteriores que permitieran combatir al enemigo en campo abierto retrasando así su avance hacia el interior. Ambos amigos pusieron inmediatamente manos a la obra y mientras Jörgenj recorría el amplio valle señalando en un mapa los lugares más idóneos para construir los fuertes, Edzàrj, acompañado por algunos hermanos canteros, recorría los adarves2 comprobando con pesar que en los siglos de paz de que llevaban disfrutando, se habían producido más desperfectos de los deseados. Cuando ambos informes obraron en su poder BhØrsemaker ordenó que el primer escuadrón se encargase de la construcción de los fuertes en los lugares designados por Jörgenj y que Edzàrj se ocupase de dirigir las reparaciones y mejoras que debían realizarse en la muralla del convento.

TrØllkarl se reunió con los preceptores de magia, e interrogaron a fondo a Skjult sobre los fenómenos por él presenciados, y llegaron a la conclusión de que, si bien los sacerdotes poseían la capacidad de leer e influir los pensamientos de los demás en una medida que, con los escasos datos que contaban no podían determinar, decidieron por precaución considerar plena y planificar en consecuencia, el fenómeno que se producía cuando Bajaruvchy demostraba la aceptación, o no aceptación, de una tribu en el seno de su pueblo, no pasaba de ser una mera ilusión creada a base de elementos (espejos o cristales cóncavos) que concentraban la luz del sol en un punto cuando se abría el ojo y que inflamaba el líquido en que se bañaba al sujeto, líquido altamente inflamable en el caso de los infieles o simplemente agua en el caso de los fieles, ya que ninguno de los testigos conocía el contenido de las distintas vasijas, y aceptaban la afirmación de los oficiantes de que todas contenían agua para la purificación del postulante, conclusión que les produjo cierta tranquilidad.

El trabajo del grupo de estrategas encabezdo por Erlhènj era el que tenía la labor más complicada de todos y era, con mucha diferencia, el que disponía de menos personal (aunque para realizar su labor contase con el apoyo incondicional del resto de los grupos); El grupo, tras analizar detenidamente la situación y considerando que la mayor parte de las necesidades que tenían estaban atendidas por los grupos de BhØrsemaker y TrØllkarl, consideró prioritario establecer un sistema de comunicaciones que fuese a la vez rápido, seguro y fiable. El problema de la seguridad se resolvió rápidamente gracias a Jannirèll quien partiendo de la clave que utlilizaba para sus anotaciones en el cenobio, compuso una clave, más sencilla de transcribir, con la que se podían transmitir ingentes cantidades de información y que resultaba prácticamente imposible de descifrar, pero se toparon con un muro al buscar una forma de hacerla llegar rápidamente y en tiempo a su destino, pues todas las opciones barajadas como mensajeros, fuegos, aves y un largo etc., o no eran fiables, o eran lentas, o podían ser interceptadas por el enemigo exponiendo a la muerte a sus portadores, y de nada servía tener un código indescifrable, si no encontraban una forma segura y fiable de hacer que los mensajes llegaran a su destino a tiempo.

1,- Rehidar: Comandante de campo., miembro del Donark, del mismo rango que los Maestres, pero que a diferencia de estos no está a cargo de una orden, su función es la de consejero del Gran Maestre. El Rehidar de Estrategia es el equivalente del Comandante en Jefe de Alto Estado Mayor.

2.- Adarve: Camino situado en lo alto de una muralla, detrás de las almenas

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