Los caballeros de la Iglesia

Capítulo VIII

 

En territorio enemigo

 


Cuando Jannirèll terminó de explicar por que no se debía convocar la reunión del Consejo de Estado, el Donark decidió enviar mensajes a todos los conventos y cenobios para que sin alterar sus actividades cotidianas, observaran cualquier indicio de actividades sospechosas, por intrascendentes que este pudiesen parecerles, e informasen de ello al Consejo Skulek quien, a la vista de estos informes, decidiría la conveniencia, o no, de convocar el Rådetskonger.

Mientras en el convento se tomaban estas decisiones y se aceleraban los preparativos, Skjult a lomos de un agotado caballo y con el uniforme desgarrado y manchado de sangre, se encontraba a las puertas del templo de Qishloq.

¡Alto soldado! ¿Como se te ocurre presentarte en el templo con ese aspecto?Le increpó un guardia situado a la puerta, y sin darle tiempo a decir palabra alguna y gritó ¡Caporal! Aquí tenemos otro borracho y pendenciero tratando de eludir el castigo.

A la llamada del guardia acudió un caporal que mirando a Skjult con el ceño fruncido, le dijo en tono desabrido:

—¡Baja inmediatamente del caballo y prepárate para recibir tu castigo! Así aprenderás a no desobedecer las órdenes de tus superiores.

Sin bajar del caballo, Skjult dirigió una dura mirada al caporal y en tono autoritario le dijo: —Ni estoy borracho ni he desafiado ninguna orden y si en algo aprecias tu cabeza, avisa a quien corresponda de que el explorador Soliqchi solicita ver al viceprelado B‘rinin para informar de la misión que le encomendó.

El caporal, al verse tratado así por un inferior delante de sus subordinados y de los curiosos que se detenían a contemplar la escena, comenzó a congestionarse, se le hincharon las venas del cuello y rojo de ira, dijo a grandes voces: Estúpido excremento de buey, baja inmediatamente del caballo si no quieres que te bajen mis hombres y te muelan a palos antes de meterte en los calabozos para que recibas el adecuado castigo.

El tumulto provocado por las voces del caporal y los murmullos de los curiosos, cuyo número iba en aumento debido a lo inusual de la escena que se desarrollaba ante sus ojos, atrajo la atención de un sacerdote que al ver lo que ocurría preguntó al caporal con tono autoritario:

—¿Que es lo que ocurre aquí? ¿A qué vienen esas voces caporal?

La aparición del sacerdote hizo que desapareciesen los curiosos que observaban divertidos la escena, al recordar de pronto que tenían asuntos que resolver en otra parte, y silenció los gritos del caporal, cuyo rostro adquirió un tono ceniciento ante la indignada mirada del sacerdote, al que respondió con voz atemorizada:

—Perdonad comandante Qilich, pero cuando hemos dado el alto a este borracho que pretendía eludir su castigo, se ha negado a obedecer mis órdenes y me ha amenazado delante de mis hombres y de todos los curiosos, algo que lógicamente, no podía consentir.

Tras escuchar al caporal, el sacerdote dirigió una escrutadora mirada a Skjult y tras unos instantes se volvió al caporal diciendo:

Salvo que Bajaruvchy haya cegado mis ojos, no veo ningún borracho caporal, solo veo un hombre cansado por un largo viaje que, por las huellas que lleva en su ropa y en su rostro, no ha debido resultarle fácilLuego volviéndose hacia Skjult le preguntó: ¿Tú, si no me equivoco, eres Soliqchi, el explorador que asignó el viceprelado B‘rinin a mi destacamento?

Así es comandante Qilich, soy Soliqchi.

Cuéntame que ha pasado y a que vienen tantos gritos.

Cuando trataba de entrar para informar al Viceprelado del resultado de la misión, tal y como como se me había ordenado, he sido detenido en la puerta por los guardias que nada más verme, me han acusado de borracho y han llamado al caporal quien me ha ordenado con muy malos modos, que bajara del caballo y me dispusiera a recibir un castigo. Cansado y molesto por el trato recibido, le he dicho que si apreciaba en algo su cabeza, avisara a quien correspondiese de que Soliqchi el explorador, venía a informar al viceprelado B‘rinin del resutado de su misión. Mi respuesta le ha debido indignar, porque me ha insultado a gritos y amenazado con recibir una paliza de sus hombres antes de que me metieran en el calabozo.

—¡Veis como me amenazó comandante! Él mismo lo acaba de reconocer— Intervino el caporal con rostro radiante.

Lo que veo es la contestación de un hombre agotado al que impiden cumplir con su misión, y a un caporal con demasiado orgullo y la cabeza vacía que, debido a su estupidez, ha estado a punto de causar un desastre si yo no llego a estar por aquí. Cuando acabe tu guardia preséntate a tu comandante, yo ya le habré informado debidamente de tu actuación. Ruega por que no considere que tu actitud deba ser juzgada por Bajaruvchy.

Al escuchar esto, el caporal palideció hasta casi volverse transparente y comenzó a temblar como una hoja sacudida por un vendaval, mientras el sacerdote se desentendía de él e indicaba a Soliqchi que le acompañase para presentar su informe al Viceprelado. Cuando se encontraron a la suficiente distancia de la puerta y del aterrado caporal, el sacerdote dijo a Skjult:

—No he querido preguntarte delante del caporal, porque a nadie le incumbe este tema, pero dime ¿Que le ha ocurrido a Nayza y al resto del destacamento que te acompañaba?

—Que dieron su vida para que yo pudiera traer el informe al viceprelado— Respondió con aplomo Skjult.

Espero que su contenido haya merecido el sacrificio de esos hombres. Comentó el sacerdote y sin más preguntas, ambos se encaminaron a los aposentos del Viceprelado, a cuyas puertas fueron interrogados por la Guardia Interna (que solo respondía de sus acciones ante el Prelado Rahmsiz y sus Viceprelados) sobre quienes eran y cual era el motivo de su presencia, a lo que respondieron que el sacerdote comandante Qilich y el explorador Soliqchi solicitaban ser recibidos por el Viceprelado B‘rinin para informar. Al escuchar estas palabras, el caporal de la guardia interna les dijo: Seguidme comandante, el viceprelado está reunido, pero tenemos orden de conduciros a su presencia en cuanto llegaseis.

Dicho esto, abrió las puertas que cerraban el paso a los aposentos privados y les condujo hasta la sala en que B‘rinin se encontraba reunido con los umumiys1 de sus bo’linmasis2 planificando las distintas fases de la inminente invasión, y sin más protocolos, les hizo entrar en ella. Al ver interrumpida de forma tan brusca la reunión, B‘rinin miró al caporal con rostro airado que se transformó en un gesto de aprobación al ver que eran Soliqchi y Qilich quienes entraban, entonces dijo:

—No podíais llegar en momento más oportuno, dadme vuestro informe.

Skjult sacó de su jubón el libro de notas arrebatado al caporal Nayza, y eludiendo a un umumiy que pretendía cogerlo, se lo entregó al viceprelado en propia mano ante los gestos de estupor de los presentes por tamaña insolencia. El viceprelado lo cogió y dijo sonriendo:

Bien hecho Soliqchi, veo que sabes cumplir las órdenes sin temor a las consecuencias, te ordené que solo me informaras a mi y así lo has hecho, aún a riesgo de ser castigado por ofender a un superior. Ahora salid ambos y esperad fuera para responder a las preguntas que os haremos tras examinar su contenido.

1.- Umumiy: Rango militar equivalente al de general

2.- Bo‘linmasi: Unidad militar compuesta por 2500 hombres.

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