Los caballeros de la Iglesia

Capítulo VIII – (2)

 

Qal’ashahar

 


Tras una espera que se les hizo interminable, fueron llevados nuevamente ante el Viceprelado que, levantando la cabeza de la libreta que le había entregado Soliqchi, le preguntó por qué las anotaciones de Nayza finalizaban tan bruscamente y que había ocurrido para que no completaran la misión encomendada. Soliqchi le contó entonces la misma historia que había contado a Qilich en patio del templo y en relación con la misión le dijo que aunque el camino no figurase anotado en el cuaderno (no quiso anotarlo por si caía en malas manos), había logrado completarla con éxito, ya que en esa última exploración, había llegado a la cima de la montaña, desde donde pudo divisar un estrecho camino que daba acceso a un inmenso valle prácticamente deshabitado. Al escuchar esta respuesta, el Viceprelado que había estado escrutando mentalmente a Soliqchi mientras hablaba, algo para lo que este se había preparado en el convento, dijo:

No detecto falsedad en tus palabras Soliqchi; has cumplido bien la tarea que se te encomendó y por ello serás recompensado. De momento quedas definitivamente asignado a la compañía del qo’mondon1 Qilich con el rango de caporal y junto con él te dedicarás a completar las anotaciones que faltan en el libro de Nayza y a elaborar, los mapas precisos para llevar a cabo la conquista del país de los infieles.

Tras hacer una pausa para observar el efecto que sus palabras había producido en Soliqchi, en cuyo rostro apareció una expresión de agradecimiento y moderada satisfacción B’rinin, satisfecho por esta reacción, continuó:

Dada la importancia y confidencialidad de este trabajo, lo realizaréis en las dependencias del templo que han sido asignadas para ello, y solo yo puedo conocer sus resultados, de los que me informaréis diariamente.

Una vez instalados en las dependencias en que trabajarían a partir de aquel momento, Quilich felicitó a Soliqchi por su ascenso y le entregó el distintivo de su nuevo rango, informándole de los deberes y prerrogativas del mismo, entre las que se encontraba la de poder vivir fuera del campamento militar, al que solo debía acudir diariamente para cumplir con sus obligaciones. El resto del día lo dedicaron a organizar el trabajo de los escribas y cartógrafos, todos ellos acólitos de probada confianza, que el Viceprelado había puesto a sus órdenes. Cuando al caer la noche dieron fin a la jornada, Soliqchi se encaminó a su antigua posada por considerar que su relativa proximidad al templo la convertía en el lugar más apropiado para vivir. Al llegar a la posada comprobó que apenas había cambiado nada durante su ausencia y preguntó al posadero si su antigua habitación estaba libre, a lo que éste respondió afirmativamente, entonces le pidió que le preparase la cena mientras se lavaba y subió al pequeño cuarto donde, tras enjuagarse la cara, envió, su primer mensaje telepático informando del éxito de su misión y haciendo incapié en el hecho de que el ejército enemigo solo esperaba que finalizara su trabajo para iniciar la invasión. Cuando en su mente se dibujó la imagen de mensaje recibido, Soliqchi se relajó de la tensión sufrida durante el día y suspirando aliviado bajó a cenar al comedor.

Mientras tanto en Qal’ashahar, la capital del imperio, el hermano Forsker, bajo su tapadera de buhonero, se encaminaba al mercado para vender las baratijas que tenía en un enorme capazo que llevaba a la espalda, mientras escuchaba las conversaciones que se producían a su alrededor. Al llegar al mercado le sorprendió que no hubiera el bullicio existente en todos los mercados del mundo, en los que los gritos de los vendedores pregonando su mercancía, los regateos, la aglomeración de gente y los altercados provocados por la inevitable presencia de pequeños rateros, les confieren un ambiente característico; muy al contrario, en el mercado de Qal’ashahar flotaba un cierto ambiente de tristeza en el que tanto vendedores como clientes, parecían querer pasar desapercibidos a los ojos de los numerosos grupos de acólitos que recorrían las espaciosas calles que separaban los puestos.

Cuando cayó la noche y el mercado comenzó a vaciarse, recogió su tenderete, abandonó la plaza y eligió al azar una posada en la que tomó una habitación para varios días y tras dejar en ella el capazo con la mercancía bajo al salón, el mejor sitio para enterarse de las noticias y rumores que corrían por la ciudad, y sentándose en una mesa situada casi en el centro del local a la vista de todo el mundo (pues sabía que nada llama más la atención de los vigilantes que aquellos que tratan de pasar desapercibidos), pidió un plato de estofado de carne acompañado de una jarra de leche. Mientras esperaba que le llevasen la cena, con los oídos atentos a las conversaciones que mantenían los parroquianos llamó su atención la conversación que mantenía un grupo de soldados sentados tres mesas a su izquierda, que discutían sobre por donde se realizaría la invasión.

Aunque nos digan que la invasión de los reinos de leche y miel se realizará por el paso que hay al sur de las montañas y partan hacia allí las tropas, la mayor parte de ellas cambian de rumbo cuando están lejos de la ciudad— decía uno de ellos algo achispado2.

Y tú como sabes eso, ¿acaso el Emperador consulta contigo sus planes?le preguntó, con cierta sorna, uno de sus compañeros de mesa.

Por supuesto que no los consulta conmigo, respondió indignado el primero, pero me lo ha comentado un caporal amigo mio que es asistente de un polkovnik3 y se enteró por casualidad de que el polk4 tenía órdenes de partir la noche siguiente con rumbo al norte donde se reunirían con el resto de las tropas,.

—Tu sigue esparciendo rumores y pronto adornarás uno de los patíbulos destinados a los herejes y derrotistas— dijo otro de los soldados.

—Yo no soy …

En ese momento le sirvieron la cena y Forsker centró su atención en el plato que tenía delante dispuesto a dar buena cuenta de él, desentendiéndose de la conversación que mantenían los soldados, convertida ahora en una agria discusión sobre quien tenía más o menos razón. Apenas había empezado a comer, cuando entró un grupo de acólitos que se situó en el centro del salón, muy cerca de la mesa donde discutía el grupo de soldados quienes al verlos entrar, habían puesto fin a la misma con el temor reflejado en sus caras. En medio del silencio que provocó su entrada, el acólito que encabezaba el grupo anunció que Bittaga, Archiprelado de Bajaruvchy y Emperador de los samoviys, convocaba a su pueblo para que a primera hora de la mañana del día siguiente, acudiera a explanada del templo, y tras cerciorarse de que todos habían escuchado la convocatoria, abandonó la posada seguido del resto de los acólitos. Cuando retornó la normalidad al salón tras la marcha de los acólitos, Forsker terminó la cena y subió a su cuarto donde, después de enviar el informe de lo hecho y escuchado durante el día, se metió en la cama con la intención de levantarse temprano al día siguiente para encontrar un buen sitio desde donde observar y escuchar al Emperador.

1.- Qo’mondon: Grado equivalente al de comandante.

2.- A los miembros del clero y a las tropas les estaba permitido beber alcohol.

3.- Polkovnik: Rango militar equivalente al de coronel

4.- Polk: Unidad militar compuesta por 1250 hombres y dividida en 10 compañías de 125 hombres bajo el mando de un qo’mondon. Cada compañía se compone de 10 vrachdolar (pelotones) de 12 hombres comandados por un caporal.

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