Los caballeros de la Iglesia

 

Capítulo XI (2)

 

Hämnstaj

Así transcurrió el viaje hasta que llegaron a la ciudad de Örnhekker en los Montes Sawkäria, junto a las posesiones del conde Värdelos, donde vivía la hermana Smilla. Allí se entrevistaron con el Rector del cenobio que los Clariones tenían en la ciudad quien les dijo que desde el primer informe obtenido por Smilla gracias a una feliz casualidad, no se habían producido novedades dignas de mención aunque, siguiendo las instrucciones recibidas, tenían al conde bajo estrecha vigilancia.

Tenemos la suerte de que el administrador del conde es uno de nuestros hermanos que, al aumentar las necesidades de servicio en casa Värdelos tras el nacimiento del heredero, colocó como criados a personas de nuestra confianza que nos mantienen informados de las conversaciones y actividades del conde, que según parece, solo tratan de las alegrías que le proporciona su hijo, de la calidad de la última cosecha y de la preparación del vino que tiene que enviar a sus clientes a finales de primavera.— Dijo el rector a Jannirèll.

—Y vos Rector, ¿como veis la situación?

Tras pensarlo detenidamente durante unos instantes el rector respondió:

Veréis Maestre, como habéis podido comprobar durante el viaje, la vida en la región transcurre con normalidad, y en estos momentos nada indica que esto vaya a cambiar. Solo si relacionamos el fortuito descubrimiento que costó la vida al hermano Forsker en Qal’ashahar y la conversación mantenida por el conde con sus amigos que escuchó la hermana Smilla, aparecen débiles indicios de que pueda existir una conspiración.

¿Creéis pues que la preocupación del Donark es infundada?

No, ya que si a esto le sumamos el hecho poco conocido de la amistad existente entre Ambitiös y Sörjendèll, amistad surgida en las numerosas visitas que Ambitiös realizaba al castillo de las Sawkäria, donde pasaba largas temporadas con Medvetslös el hijo menor de la familia, de quien era íntimo amigo; y si además tenemos en cuenta como afectó al conde perder la posición que ocupaba su familia en la corte tras la muerte de su hermano menor, siendo como es una persona orgullosa, capaz de hacer cualquier cosa por vengar una ofensa y recuperar la posición e influencia perdidas, todo me induce a creer que no es descabellado pensar en la existencia de una conspiración.

El Rector, tras beber un poco de leche que junto con unos pastelillos, les había servido un hermano al comienzo de la entrevista, y continuó.

Por otra parte, Sörjendèll es paciente y calculador, y no actuará (si realmente piensa hacerlo) hasta no estar plenamente convencido del éxito de su empeño, lo que me lleva a pensar en la mención que hizo de la salud del rey. La muerte de Försiktig implicaría la convocatoria del Consejo de Estado que se reuniría en la fortaleza de Styretstyrke un mes después del fallecimiento tras los funerales, para reconocer al heredero tal y como dicta la tradición. Con los reyes fuera de sus reinos y acompañados solo por una escolta ceremonial resultaría muy difícil, por no decir imposible, detener una revolución que se produjera en ese momento y el caos resultante abriría las puertas de la Confederación al invasor. De ser así pienso que hasta que no se produzca un hecho de ese tipo, Värdelos no se moverá— Concluyó el Rector.

Tras sopesar detenidamente el análisis de la situación realizado por el Rector, Jannirèll se despidió de él y se preparó para continuar el viaje, no sin antes decirle —Creo que vuestras conclusiones son muy acertadas y las transmitiré inmediatamente al Donark.

Finalmente, a los dos días de su salida del cenobio de Örnhekker y a los treinta y ocho del inicio del viaje, Jannirèll y sus compañeros, extenuados por la fatiga llegaron a las colinas que rodeaban Hämnstaj, desde donde Jannirèll vio por primera vez el mar que le dejó sorprendido por su inmensidad, aunque apenas tuvo tiempo para disfrutar de las maravillosas vistas que tenía ante sus ojos, pues continuaron viaje sin detenerse hasta llegar al convento que los Jannikes tenían a las afueras de la ciudad, donde varios hermanos se hicieron cargo de sus monturas y les condujeron a las celdas que les tenían preparadas para que pudieran asearse y descansar del viaje, donde se despojaron de las polvorientas ropas de mercenarios que venían utilizando desde su salida del Convento del Valle y provistos de ásperas toallas, se encaminaron a los baños para eliminar el polvo del viaje que se había pegado a sus cuerpos como una segunda piel. Una vez limpios y tonificados, volvieron a las celdas y se vistieron con los hábitos que les habían dejado para sustituir las ropas que habían llevado puestas hasta ese momento. Apenas habían terminado de vestirse, cuando apareció un hermano para decirles que, si no tenían inconveniente, le acompañasen a ver al Prior quien deseaba reunirse con ellos y para su sorpresa, les condujo al refectorio donde, sentado en una de las mesas, les esperaba un hermano de elevada estatura, en cuyo rostro enjuto y de tez clara, en el que resaltaba una prominente nariz aguileña, y con una agradable sonrisa bailándole en los labios, quien al verlos se puso en pie y tras rogarles que se sentaran hizo un gesto a uno de los hermanos de la cocina para que les sirvieran unos platos de humeante estofado y unas jarras de cerveza, y se presentó diciendo:

Maestre Jannirèll, hermanos, soy Trader prior de este convento y os pido disculpas por lo apresurado, de este primer encuentro, pero he recibido instrucciones del patriarca Flottfar de llevaros a su presencia en cuanto llegarais al convento, y he pensado que resultaría más práctico que comierais algo antes de ver al patriarca, que daros formalmente la bienvenida al convento.

—No os preocupéis Prior, lo comprendemos perfectamente y agradecemos vuestra previsión pues realmente necesitábamos esta comida. ¡Ah!, y por favor, dejemos los tratamientos formales, ya es bastante complicada la situación que estamos viviendo y que nos obliga a representar papeles que no deseamos y para los que apenas estamos preparados, para se nos recuerde en todo momento.

—Cuando me hablaron de tu capacidad y modestia no se equivocaban Jannirèll, me gustaría hablar contigo más tranquilamente, y aunque ahora no sea posible ya que Flottfar nos espera, espero que podamos hacerlo más tarde.— Respondió Trader a las palabras de Jannirèll.

A penas terminaron la comida, partieron hacia el Monasterio de Jötnar, sede de la Iglesia en la Confederación Erkendia, donde les esperaba el Patriarca. Cuando llegaron al monasterio, Jannirèll observó que solo se diferenciaba del resto de los conventos y cenobios por ser bastante más grande, y por el hecho de que en la puerta montaban guardia dos caballeros completamente armados que vestían el uniforme tradicional de los Caballeros de la Iglesia, compuesto por un sencillo yelmo que ocultaba sus facciones, cota de malla cubierta por una sobreveste de color negro y un escudo en forma de lágrima o gota de agua, también de color negro; tanto en la sobreveste como en el escudo destacaban en blanco el bieldo y la espada, símbolo de los Caballeros.

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