Los caballeros de la Iglesia

Capítulo XI (3)

 

Encuentro con el Patriarca

 

Nada más llegar, les recibió un hermano al que los nudos de su cíngulo señalaban como un clarión experto en administración que les condujo a un amplio despacho donde les esperaba el Patriarca Flottfar acompañado por otro clarión cuyo rostro resultó familiar a Jannirèll. Al verlos les dio la bienvenida y con una sonrisa, les preguntó como se había desarrollado el viaje, a lo que Jannirèll respondió que había ido según lo previsto y sin incidencias dignas de mención, salvo la información que les había proporcionado el rector del cenobio de Örnhekker cuando pernoctaron en él y que ya obraba en poder del Donark. Tras escuchar el breve resumen del viaje hecho por Jannirèll, el Patriarca dio las gracias a Trader por la premura con que había cumplido su encargo y le pidió que acompañara a Mhälinj y Kontakt de vuelta al convento para que descansaran del viaje, ya que su presencia allí no era necesaria. Cuando se quedaron solos, el Patriarca señalando al clarión que le acompañaba y dijo:

—Maestre, hermanos quiero presentaros al hermano Velger, Bibliotecario Jefe del monasterio.

Déjate de formalidades Flottfar, vamos a tener que trabajar juntos bastante tiempo y no estoy dispuesto a enredarme con tantos formalismos. Además Jannirèll y yo ya nos conocemos y los demás lo haremos rápidamente—  Y prosiguió dirigiéndose a Jannirèll  —Me alegro de volver a verte Jannirèll, no has defraudado mis expectativas y me siento muy orgulloso de ver donde has llegado.

Yo también me alegro de verte Velger—  Respondió Jannirèll añadiendo—Aunque no he olvidado el mal rato que me hiciste pasar cuando me enviaste al Convento.

Velger era el rector del cenobio de Zaromba que había enviado a Jannirèll al Convento del Valle con la excusa de no haber logrado convertirle en una persona válida para la sociedad durante el tiempo que permaneció en el cenobio.

De acuerdo con dejar a un lado las formalidades Velger—  Intervino Flottfar y continuó  —Pero dejemos de lado también los viejos recuerdos, de los que podréis hablar más tarde, y vayamos al grano. Jannirèll supongo que os sorprendería enteraros de que Velger y yo conocíamos el secreto de la ubicación de unos tratados de magia cuya existencia era desconocida para el resto de la Iglesia.

Ciertamente nos sorprendió, ya que contravenía la política de la Iglesia de compartir sus conocimientos y decisiones con todos sus miembros sin ocultarles nada, pero todos dimos por supuesto que esa decisión se tomó por los peligros que podía acarrear el hacer pública su existencia.—  Dijo Bokorm haciéndose eco del pensamiento de todos ellos.

Estabais en los cierto, por eso cuando sustituimos a nuestros antecesores en el cargo y estos nos transmitieron este secreto, guardado por Patriarcas y Bibliotecarios durante incontables generaciones, tanto Velger como yo juramos guardarlo aun a costa de nuestras vidas.

Velger, que había escuchado atentamente las palabra del Patriarca, intervino para puntualizar:

Aparte de lo que os acaba de decir Flottfar, he de aclararos que aunque tanto él como yo, conocemos el lugar en que se encuentran, ninguno de los dos podemos acceder a ellos, ya que solo los magos que reúnan las condiciones y el poder necesarios pueden hacerlo.

Una expresión de decepción se pintó en el rostro de de los cinco magos al escuchar estas palabras y Jannirèll pensó por un instante, que les estaban sometiendo a una prueba más de las muchas que había pasado tanto en el cenobio como en el convento, antes de entregarles los libros, y la indignación comenzó a hacer presa en él. Pero aunque en otros tiempos su reacción ante esto habría sido muy diferente, el tiempo pasado en el Convento le había hecho madurar más de lo que suponía, y rápidamente pensó que tendrían poderosos motivos para hacerlo si este era el caso, por lo que no dejando translucir en su voz el desánimo que le embargaba, dijo:

Ciertamente nos sorprendió descubrir que la Iglesia, conociendo la existencia de estos tratados, hubiera ocultado su existencia pero cuando leímos el códice en su totalidad, comprendimos que el poder que en él se describe no podía estar al alcance de todos. Lo que sí nos ha sorprendido y causado cierto desconsuelo es lo que acaba de decir Velger, referente al hecho de que no tenéis acceso a los mismos. ¿No será esto una prueba, como tantas otras por las que hemos pasado, para estudiar nuestras reacciones y comprobar la rectitud de nuestras intenciones?, porque si es así he de deciros que no nos mueve ningún interés personal en conseguirlo.— y continuó diciendo Si os los pedimos es por orden del Gran Maestre, para que sean estudiados por el Maestre TrØllkarl, pues sabemos que los samoviys, más numerosos que nosotros, no temen utilizar la magia (averiguarlo ha costado la vida de uno de nuestros hermanos), aunque no conocemos el alcance de su poder, y eso preocupa en sobremanera al Donark, al no saber a que debemos enfrentarnos. Por tanto os ruego que, si nos estáis sometiendo a una prueba, dejéis de hacerlo y nos entreguéis los libros para que puedan ser estudiados por TrØllkarl cuanto antes y así sepamos con que recursos podemos contar para enfrentarnos la magia de los samoviy.

Al escuchar a Jannirèll, Velger miró a Flottfar haciendo gestos de asentimiento con la cabeza y respondió:

Tu estancia en el Convento te ha hecho madurar Janniréll, sigues teniendo esa mente afilada, más si cabe que cuando te conocí en el cenobio de Zaromba, pero al contrario que allí, donde trataste de pasar desapercibido dando lo menos posible de ti a los demás, ahora eres capaz de entregarte en cuerpo y alma a tus hermanos.— Y con cara de profundo pesar continuó diciendo —No Jannirèll, no estamos tratando de probaros, que los guardianes del secreto no pudiéramos acceder a él es una decisión que tomaron los magos que crearon los tratados y quienes quieran conseguirlos, aparte de tener nuestra aprobación, deberán demostrar que son dignos de ello enfrentándose a pruebas y peligros que nosotros desconocemos.

Cuando Flottfar vio pintada en sus caras la sorpresa que les causó la respuesta de Velger, les dijo: Para que comprendáis la situación en que nos encontramos, voy a contaros lo que me contó mi predecesor antes de revelarme el secreto.

Les habló entonces de los turbulentos tiempos en los que Slektshjèll1 se debat en cruentas guerras en las que los magos más poderosos, en su ansia de dominar el mundo, lucharon entre sí utilizando sin restricciones poderosos hechizos que asolaron continentes enteros, y provocaron cambios insospechados en que estuvieron a punto de destruir Slektshjèll, antes de que se destruyeran entre ellos. Como consecuencia de esto, el mundo se vio asolado por una terrible hambruna que redujo la población en una tercera parte, y desembocó en una larga época de anarquía en la que regía la ley del más fuerte. Solo en los reinos de la actual Confederación Erkendia, donde sus habitantes adoraban a Jötnar, cuya Iglesia se había impuesto como misión proteger a los habitantes de estas tierras de las numerosas bandas de mercenarios que las recorrían saqueando todo cuanto hallaban a su paso, para lo que había formado un ejército de caballeros entre los que había reputados magos, la vida transcurría con cierta normalidad.

1.- Slektshjèll: Nombre que los ganestrianisk dan al planeta

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