Los caballeros de la Iglesia

 

Capítulo XI (4)

 

Peligros insospechados

 

Durante cientos de años los Caballeros de la Iglesia lucharon para evitar los desmanes de esas bandas y de los magos que las encabezaban, hasta que llegó el día en que Jästarèll, Patriarca de la Iglesia y uno de los más grandes magos de la época, decidido a poner fin a esta situación, reunió en la fortaleza de Styretstyrke a todos aquellos magos, grandes y pequeños que pensaban como él, quienes tras muchas deliberaciones decidieron, en primer lugar, compartir todos sus conocimientos y reunirlos en un tratado cuyo estudio les permitiera conocer la esencia de la magia y ser conscientes de las consecuencias que podía provocar su uso, y en segundo lugar, eliminar a todos aquellos magos que utilizaran su poder para esclavizar a la población en beneficio propio. Cuando, tras varios años de intenso trabajo, completaron los cincuenta volúmenes que componen el tratado y vieron el inmenso poder que conferían esos conocimientos a la persona que accediera a ellos, decidieron ocultar al mundo su existencia para evitar que cayeran en manos inapropiadas, escondiéndolos en un lugar protegido por las más poderosas salvaguardas que fueron capaces de urdir.

Jästarèll y sus seguidores, sabían que esto solo suponía una solución temporal, ya que según habían descubierto en el transcurso de sus trabajos, la magia era algo inherente al ser humano y todos estaban capacitados para practicarla en mayor o menor grado, por lo que de no tomar las medidas adecuadas, con el paso del tiempo se podía llegar a una situación similar a la que había en aquellos momentos. Para prevenir que esto ocurriera de nuevo, crearon una escuela para formar en la esencia de la magia, a todas aquellas personas dotadas para ella que fueran surgiendo a lo largo del tiempo, y les mostrara que el uso de poderosos hechizos traía más perjuicios que beneficios.

En ese momento Edzàrj interrumpió al Patriarca y dijo: Perdona que te interrumpa Flottfar, pero me ha llamado la atención que nos hables de hechizos, cuando lo primero que nos enseñaron es que los hechizos no existen, ya que la magia no es otra cosa que la interacción entre las personas y el entramado del universo para modificarlo. ¿Estaban acaso equivocados nuestros maestros?

Eso es algo que, como comprenderás cuando acabe, no puedo aclararte.Le respondió Flottfar y continuó con su relato.

Como también eran conscientes de que ningún conocimiento puede permanecer oculto eternamente, y tarde o temprano alguien, en alguna parte, podría alcanzarlo y utilizarlo en su provecho, llevando de nuevo al mundo a una situación que haría necesario utilizar el saber recopilado en el tratado para hacerle frente, confiaron el secreto de su ubicación al Patriarca y al Bibliotecario de la Iglesia quienes, pronunciaron un juramento cuya fórmula contenía un hechizo que les privaba de cualquier capacidad mágica y les impedía revelar donde se encontraba oculto el tratado, secreto que debían transmitir a sus sucesores después de que estos hubieran pronunciado el mismo juramento. Solo si se diera el caso de que el Maestre de los Bahudier, por considerar que la Confederación corría un peligro extremo a causa de la magia empleada por sus enemigos, les solicitara formalmente el tratado, podían revelar el secreto a quienes considerasen dignos de conocerlo.

Cuando Velger terminó su explicación Flottfar, reconoció que se cumplían las condiciones impuestas para que pudieran revelar el secreto que guardaban y que les consideraban dignos de conocerlo, pero antes de hacerlo les dijo:

Tengo la obligación de advertiros de que una vez os llevemos al lugar donde se encuentra, quedaréis totalmente aislados del exterior y solo podréis abandonarlo si superáis las salvaguardas que protegen el tratado, en el que se indica la única forma de salir. Si no conseguís hacerlo no saldréis de allí con vida ya que, a causa de nuestro juramento de proteger el secreto, no podremos ayudaros.

Tras decir esto, Flottfar hizo una pausa para que comprendieran bien el terrible significado de sus palabras les preguntó:

¿Sabiendo esto, estáis dispuestos a buscarlo y a sufrir las consecuencias en caso de que fracaséis?— y continuó No es necesario que me contestéis ahora, antes bajemos al refectorio a comer y después, con el estómago lleno, podéis pensar detenidamente si queréis intentarlo.

La comida transcurrió en un denso silencio mientras los cinco magos pensaban en la advertencia de Flottfar. Todos, menos Bokorm que les sacaba algunos años, se encontraban al principio de sus vidas y no les resultaba fácil enfrentarse a la posibilidad de perderlas; el instinto de supervivencia que les impulsaba a abandonar la búsqueda, se enfrentaba con la generosidad y confianza de la juventud que les impulsaba a continuar con ella y en esta lucha, fue el recuerdo de TrØllkarl diciendo al Donark: considero imprescindible recuperar esos libros, a pesar del riesgo que conlleve el hacerlo”  junto al temor a defraudar la confianza que la Iglesia había depositado en ellos, lo que terminó inclinando la balanza en favor de continuar la búsqueda, aunque hacerlo supusiera un riesgo para sus vidas y así se lo dijeron al Patriarca quien les miró con una mezcla de pena y respeto, y asintiendo con la cabeza les condujo de nuevo a su despacho.

Una vez allí y tras ordenar que no les interrumpieran bajo ningún pretexto, pidió a todos que se acercaran a él y accionó un resorte oculto en uno de los altorrelieves que decoraban los profusamente ornamentados paneles que revestían las paredes de la habitación, que giró sobre si mismo y les introdujo en una pequeña sala de lectura iluminada por varias antorchas, en cuyo centro había facistol rematado por una imagen de Jötnar, al que se aproximaron el Patriarca y el Bibliotecario y situándose cada uno a un costado del mismo, colocaron los medallones que simbolizaban su cargo en unos huecos que presentaba la decoración del facistol, en los que encajaron perfectamente y se apartaron del pesado mueble que, emitiendo un leve chasquido, se desplazó hacia un lado dejando a la vista una angosta escalera de caracol que se hundía en las profundidades del monasterio.

Ese es el camino que lleva al tratadoLes dijo Velger a la vez que les entregaba unas lámparas de aceite. Os deseo mucha suerte para superar las pruebas a las que os enfrentéis.

Tened siempre presente que las pruebas serán difíciles, pero no imposibles de superar, así que tened confianza en vosotros mismos y en vuestras capacidades y nunca os deis por vencidosLes aconsejó Flottfar mientras miraba como descendía con pasos firmes y decididos (con los que trataban de ocultar el miedo que sentían) hacia la insondable profundidad del monasterio.

Cuando desapareció el último destello de luz en la escalera, ambos hermanos quitaron del facistol los emblemas de sus cargos y salieron de la sala que, sin intervención de nadie, volvió a encontrarse tal y como estaba antes de que entrasen en ella.

Por su bien y por el nuestro, espero que lo consigan— dijo Flottfar.

Confiemos en ello, pues sería una desgracia para la Iglesia perder a unos hermanos que han demostrado tanto coraje y abnegación.— Le respondió Velger mientras reanudaban sus tareas habituales.

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