Los caballeros de la Iglesia

 

 

Capítulo XII

 

El pergamino

 

Tras un interminable descenso por las oscuras y empinadas escaleras, desembocaron en una sala circular excavada en la roca en cuyo centro, tallada en el suelo, había una gran mesa cuadrada rodeada de bancos. La sala estaba iluminada por varias antorchas, colocadas en soportes metálicos repartidos a intervalos regulares por la pulida pared, que permanecían encendidas a pesar de los siglos que había permanecido cerrada. En ese momento comprendieron la magnitud de la tarea a que debían enfrentarse, al suponer que las salvaguardas puestas por los creadores del tratado estarían en consonancia con la poderosa magia empleada en la construcción de aquel recinto. Sin desanimarse por ello y con la confianza propia de la juventud, tres dejar sobre la mesa la voluminosa cesta con comida y bebida que previsoramente les había entregado Velger antes de cerrar la entrada, comenzaron inmediatamente a examinar la sala en busca de puertas o pasadizos ocultos, empleando al máximo sus capacidades, pero a pesar de sus esfuerzos, no lograron encontrar ninguna pista indicara su existencia.

Ghörann no encontró rastros de vida vegetal, ni la posibilidad de que esta se desarrollara en las proximidades, pues según confirmó posteriormente Edzàrj la sala estaba tallada en una gruesa capa de basalto con altos contenidos en hierro, terreno que se correspondía con la zona del continente en que se encontraban. Jörgenj detectó varios depósitos de agua, muy alejados del lugar en que se encontraban, formados por las filtraciones causadas por la lluvia en el terreno, y Jannirèll no encontró ningún indicio de mecanismos ocultos, ni pista alguna que les indicara la situación de la tan buscada puerta o pasadizo.

Cuando comprobaron que no existían más accesos que la puerta por donde habían entrado, se sumieron en intensas cavilaciones en medio de un profundo silencio hasta que, al cabo de bastante tiempo, rompió Ghörann al decir, con el pragmatismo propio de las gentes del campo:

—Hermanos, a veces nos centramos tanto en un aspecto de la resolución del problema, que somos incapaces de considerar otros, aunque estén ante nuestros ojos. Creo que nos está pasando lo que a esos estudiantes, cuyas partidas de Hala-Tafi nos gustaba observar a Melhiker y a mi en el convento, que se centraban tanto en su juego que perdían partidas obviamente ganadas si se hubieran fijado un poco en el juego del contrario. Creo que a nosotros nos está pasando algo parecido, nos hemos centrado tanto en encontrar una puerta que hemos olvidado explorar otras opciones.

No te falta razón Ghörann,— convino con él Edzàrj —Al no hallar aquí el Tratado, nos hemos centrado tanto en encontrar un acceso a otra sala, que hemos dejado de pensar en otras posibilidades.

—En estos momentos echo de menos a Melhiker,— dijo un pensativo Jörgenj al tiempo que cogía una manzana del cesto —siempre hemos trabajado juntos y su presencia nos vendría bien para resolver esta situación.

Mientras mantenían esta conversación, un distraido Bokorm acariciaba con los dedos el labrado canto de la mesa, costumbre adquirida en los largos años pasados en la biblioteca del convento, cuando notó que la esquina de una de las magníficamente talladas cenefas, sobresalía imperceptiblemente del resto, e inconscientemente la apretó como si tratase corregir el desnivel. Para su sorpresa, al hacerlo sonó un crujido y ante la mirada atónita de los presentes, una parte de la superficie de la mesa pareció plegarse sobre si misma dejando ver un hueco que contenía un tubo metálico cuyos extremos estaban cerrados por gruesos sellos de lacre. Con manos temblorosas Bokorm rompió los sellos y extrajo de su interior un pergamino que decía:

Cuando Bokorm terminó de leer el pergamino, todos se alegraron al tener confirmación de que el Tratado se hallaba en aquella sala, pero se miraron entre si sorprendidos sin comprender como podrían pagar el precio que pedía para conseguirlo. ¿Era la renuncia voluntaria a sus vidas la única forma de conseguir el Tratado?… En este caso, aún estando todos dispuestos a renunciar a ella, como demostraba el hecho de que se encontrasen allí sabiendo que solo si conseguían el Tratado, saldrían con vida de aquella sala, ¿cómo iban a servir a sus hermanos ni a compartir sus conocimientos con ellos una vez muertos?

Tan absortos estaban dando vueltas a estos pensamientos que se sobresaltaron cuando Bokorm rompió el silencio diciendo: —Cuanto más lo pienso, más convencido estoy de que el pergamino no pide nuestra muerte para conseguir el Tratado, creo en cambio que nos plantea un enigma, por eso creo, sin temor a equivocarme, que la clave de este asunto está en la resolución del enigma demostrando así que somos dignos de acceder a ese conocimiento.

Todos le miraron sorprendidos mientras escuchaban atentamente sus palabras, pues esta era la primera vez desde que comenzó la búsqueda, que el maduro bibliotecario exponía una opinión sobre lo que debían hacer para conseguir el objetivo. Tras el silencio que siguió a su intervención, Jannirèll le preguntó:—¿Como enfocarías tú el problema?— a lo que Bokorm respondió algo cohibido: —Creo que debemos trabajar al unísono combinando nuestras capacidades y conocimientos para resolver el enigma, pues una vez descubramos su significado sabremos que hacer a continuación.— y continuó —Aunque en eso poco puedo ayudaros pues, como todos sabéis, mis capacidades no son nada excepcional y mis conocimientos de magia son básicamente teóricos, pues no estoy dotado para ella.

No te subestimes Bokorm, si no hubiera sido por ti no sabríamos de la existencia de los tratados— le dijo Jannirèll —y tú has sido quien ha encontrado el pergamino donde nosotros, con todas nuestras capacidades, no fuimos capaces de encontrar nada, y también has sido tú el que ha encontrado sentido a su contenido. TrØllkarl sabía muy bien lo que hacía al enviarte, ya que tu mayor experiencia y sabiduría te han convertido en el protagonista de una obra en la que, hasta el momento, los demás no hemos sido más que meros comparsas,— y terminó diciendo a un sorprendido Bokorm —así que, por favor, guíanos en los pasos a seguir para resolver este enigma.

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