Los caballeros de la Iglesia

 

Capítulo XIV – (2)

 

Varias sorpresas

 

 

Sorprendidos por la actitud del Gran Maestre, que siempre había demostrado tener un tremendo autocontrol ante cualquier situación, se volvieron a mirarle y lo que vieron tras él dejó a todos paralizados. Al ver que nadie iba a cumplir sus órdenes, Erlhènj, que estaba sucumbiendo a la tensión vivida durante los últimos meses, dijo en el mismo tono impaciente e irritado:

—¿Se puede saber que os pasa?. ¡Venga moveos!, no os quedéis ahí pasmados, id a ver que o…

—No es momento para que cedas a la presión y te derrumbes Erlhènj— dijo un Melhiker totalmente recuperado, —lo que oyes es la alegría que sienten los skulek al haber recibido la noticia que todos deseábamos y que Leserènj viene a comunicarte.

Sorprendido por estas palabras y al verle totalmente recuperado, tras el miedo pasado al creerlo perdido, Erlhènj se dejó vencer por la emoción y haciendo caso omiso de las frenéticas señas que le hacía Leserènj en su ansia por comunicarle el mensaje que traía, abrazó a Melhiker al tiempo que le decía:

—¿Que te ha pasado muchacho?. Nos tenías a todos muy preocupados por el temor a perderte.

Pero nada más pronunciarlas, Erlhènj se dio cuenta de lo inapropiado de esas palabras al percatarse del sutil cambio ocurrido en Melhiker, del que emanaba un aura de sabiduría y poder que hacía unos minutos no tenía.

—Nada que deba preocuparte en estos momentos, ahora lo más importante es que escuches las noticias que trae Leserènj antes de que reviente de impaciencia.

Mientras en el Convento del Valle cundía la alarma por el repentino desvanecimiento de Melhiker, en Hämnstaj, un descorazonado Flottfar sopesaba con Velger si debían esperar todavía un tiempo antes de comunicar al Gran Maestre el fracaso de la misión y la consecuente pérdida de Jannirèll del grupo, tras la consulta realizada a la hermana Smilla, que había acudido desde Kommerbyen hasta Hämnstaj por indicación de la hermana Healer para velar por la salud del rey Försiktig, sobre las posibilidades de supervivencia de una persona tras pasar quince días sin comida ni agua, a lo que esta respond que prácticamente no había ninguna posibilidad ya que, aunque se conocía algún caso de supervivencia un poco más larga, la media se cifraba entre tres y cinco días.

Esta respuesta había acabado con las pocas esperanzas que les quedaban, por lo que abatidos decidieron que de nada servía retrasar lo inevitable, y ya se disponían a pedir al prior Trader que les enviara al hermano Kontakt, el skulek que había acompañado al grupo durante el viaje para transmitir al Donark las novedades de la misión, cuando les sobresaltó el sonoro tañido de una antigua campana de bronce cubierta de polvo, que colgaba de una de las paredes del estudio que no había sonado en cientos de años.

Apenas había transcurrido un segundo desde el tañido de la campana cuando, paralizados por la sorpresa, vieron como giraba la pared y aparecían Jannirèll, Edzàrj, Jörgenj, Ghörann y Bokorm, llevando unos libros que depositaron sobre la mesa cubierta de papeles ante la que estaban sentados, al tiempo que Bokorm decía:

Perdonad si os hemos sobresaltado hermanos. ¿Os importaría cerrar con llave la puerta del estudio para que no entre nadie en nuestra ausencia y acompañarnos al refectorio? ¡Tenemos un hambre atroz!

Cuando escucharon la petición de Bokorm, lo primero que pensaron Flottfar y Velger, aturdidos por su inesperada aparición, es que no era extraño que tuvieran hambre ya que llevaban más de quince días sin probar bocado. Cuando, pasados unos segundos, lograron vencer su aturdimiento y se percataron de que los hábitos que llevaban parecían estar hechos para personas tres veces más gruesas y del aspecto demacrado que tenían, reaccionaron con rapidez y mientras Velger acompañaba al grupo al refectorio, Flottfar pidió a uno de los hermanos que hacían guardia ante la puerta que fuese a avisar a la hermana Smilla, al prior Trader y al hermano Kontakt para que se reunieran con ellos en el refectorio, y al resto que bajo ningún concepto permitieran que nadie entrase en el estudio.

Al entrar en el refectorio, y a pesar de que estaba ya bien entrada la tarde, hora en la que habitualmente solo se encontraba en la cocina un hermano marmitón comprobando que todo estaba dispuesto para la preparación de la cena, les sorprendió encontrar las cocinas en plena actividad. La noticia de su reaparición se había propagado por todo el monasterio, y todos cocineros habían acudido para preparar la abundante comida que sabían necesitaban, por lo que apenes se sentaron en la larga mesa que les habían preparado cuando comenzó a fluir de la cocina un río de platos de los que, sin ningún tipo de preámbulo, comenzaron a dar cuenta. Cuando iban por el quinto plato llegaron el prior Trader y el hermano Kontakt, seguidos casi inmediatamente por la hermana Smilla que se acercó presurosa a ellos con la intención de examinarles para comprobar su estado de salud, algo que Bokorm le impidió hacer diciéndole amablemente:

No te preocupes por nosotros Smilla, nos encontramos perfectamente, solo algo débiles por el hambre y la sed, cosa totalmente natural ya que, según nos ha dicho Velger, llevamos más de diez días sin llevarnos nada a la boca, permite pues que nos repongamos y después dejaremos que nos examines.

Smilla asintió con la cabeza y sin decir nada se sentó junto a los demás, que comentaban los temores provocados por su larga ausencia mientras esperaban pacientemente a que terminasen de comer y Kontakt, por indicación de Flottfar, comunicaba al Donark que Jannirèll y sus compañeros habían regresado con el Tratado. Ajena a estas conversaciones, Smilla observaba discretamente a los cinco magos, sorprendida por la facilidad con que había cedido a la petición de Bokorm, algo inusual en ella, acostumbrada como estaba a imponer su criterio a todo tipo de pacientes y que además, iba en contra de todo lo que le habían enseñado. Al pensar detenidamente en ello, Smilla comprendió asombrada que las amables palabras de Bokorm la habían obligado a reaccionar como lo hubiera hecho ante la petición de un preceptor en sus primeros años de aprendizaje.

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