Los caballeros de la Iglesia

 

 

Capítulo XIV – (3)

 

Hablando de lo ocurrido

 

Cuando terminaron de saciar su apetito Jörgenj les pidió que salieran a los jardines, ya que necesitaban dar un paseo y respirar el fresco aire de la noche tras el largo tiempo que habían permanecido encerrados. Una vez en los jardines y antes de que nadie pudiera realizar alguna de las innumerables preguntas que bullían en sus cabezas, Bokorm comenzó a contarles lo ocurrido durante la búsqueda del Tratado, relato que todos siguieron con suma atención y en el que se produjo un hecho que dejó a todos profundamente sorprendidos. Cuando, tras un rato de estar hablando, Bokorm hizo una pausa en medio de una frase para tomar aliento, Ghörann terminó la frase y continuó lo que estaba diciendo Bokorm, hecho que se repitió a lo largo de toda la narración; cuando un narrador se interrumpía, otro tomaba su lugar terminando sus frases, dando la impresión de que era una sola persona la que hablaba por cinco bocas diferentes.

Sin hacer mención del lugar donde lo encontraron, les hablaron del pergamino en el que se hallaba la pista para encontrar el Tratado, y de las dificultades que tuvieron para descifrar el enigma que planteaba, explicándoles que en su intento por resolverlo, habían empleado al máximo sus conocimientos mágicos sin obtener ningún resultado. De como a causa de la desnutrición provocada por la falta de alimentos, junto al ansia por resolver el enigma, habían llegado a un estado de extrema sensibilidad en el que, cuando cayeron vencidos por el agotamiento, revivieron sus recuerdos fundidos con los recuerdos de los demás, sin poder distinguir a quien pertenecía cada uno y de como, durante un caótico instante, se sintieron presas del pánico, del miedo a desaparecer como seres individuales y de como, en ese momento, comprendieron el significado del enigma planteado en el pergamino.

Pero no es lo mismo comprender que aceptar, y durante un tiempo se encontraron inmersos en un dilema que amenazaba con destruirles ya que aunque conocían la solución, se negaban a aceptarla porque no es fácil renunciar voluntariamente a la propia esencia. Solo cuando sintieron en sus carnes el profundo dolor de Vhaktpost al contemplar lo ocurrido en la aldea de leñadores, vencieron su egoísmo y renunciando a su individualidad se fundieron entre si, haciendo una llamada a todos los magos de la Confederación para que se unieran a ellos, pero desgraciadamente solo dos tenían la capacidad necesaria para escucharla y solo uno, Melhiker, pudo unirse a ellos, ya que la mente de TrØllkarl, debido a su edad, carecía de la flexibilidad necesaria para hacerlo. Fue cuando volvieron a la realidad, tras saberse un ser completo, cuando encontraron ante ellos los cincuenta libros que componían el Tratado.

Terminado el relato, Jannirèll dijo a la hermana Smilla que, tal y como le habían prometido, estaban a su disposición para que les examinase, a lo que ella respondió con voz respetuosa:

Perdonadme Maestre pero, aunque mi presunción me hizo pensar lo contrario, no puedo examinaros porque lo ocurrido durante vuestra ausencia os ha transformado en seres en los que percibo una sabiduría y poder que transcienden mis humildes conocimientos.

No te menosprecies Smilladijo Edzàrj Pues hemos visto que tus conocimientos y sobre todo tu capacidad como sanadora, son muy superiores a lo que imaginas,continuó Jörgenj y siempre podrás darnos sanos consejosTerminó Jannirèll.

En ese caso os recomiendo que nos retiremos a descansar, pues aunque se que vosotros no lo necesitáis, los demás necesitamos reponer fuerzas y asimilar lo que nos habéis contado.

Mientras se retiraban siguiendo el consejo de Smilla, Edzàrj se acercó a Velger quien apenas había pronunciado palabra desde que regresaron y le preguntó:

¿Que te ocurre Velger? Desde que volvimos no has dicho ni una palabra. ¿No te alegra vernos, o es que te hemos ofendido de alguna manera?.

A lo que Velger, que sentía un especial cariño por Jannirèll y Edzàrj debido a haberlos tenido bajo su tutela en el Cenobio de Zaromba cuando apenas eran unos niños, y al que la preocupación por la suerte que pudieran haber corrido apenas le había dejado dormir, se puso rojo por la indignación y respondió:

Claro que me alegra veros, ¿como puedes pensar otra cosa?. Para mí seguíais siendo los mismos niños que eduqué en Zaromba, convertidos en unos prometedores jóvenes de los que me sentía orgulloso.

Entonces ya no te sientes orgulloso de nosotrosdijo Jannirèll.

¿Quien ha dicho que no me siento orgulloso de vosotros?Respondió Velger sintiéndose cada vez más indignado al ver que malinterpretaban sus palabras Estoy que reviento de orgullo al ver lo que habéis conseguido.

Cuéntanos entonces lo que te ocurrele conminó Edzàrj.

Entonces Velger, confuso y avergonzado les dijo: Lo pasé muy mal durante el tiempo que estuvimos sin tener noticias vuestras, sobre todo conociendo el riesgo que habíais asumido, y cuando aparecisteis sin previo aviso en el estudio del Patriarca, sentí un inmenso alivio y unas tremendas ganas de abrazaros, pero al veros me di cuenta del profundo cambio que se había operado en vosotros y el respeto que sentí por vosotros ese momento, reprimió mis sentimientos.

Velger…, Velger, parece mentira.— intervino Janniréll. —¿Que ha sido del Prior del Cenobio de Zaromba capaz de enfrentarse y controlar a un elemento tan díscolo y difícil como yo? Hemos cambiado es cierto, pero ese cambio nos ha hecho apreciarte más ahora que comprendemos mejor tu labor de aquellos años. ¡Danos ese abrazo que tanto tú como nosotros estamos deseando!— Y uniendo la acción a las palabras, Edzàrj y Jannirèll se abalanzaron sobre Velger y se fundieron con él en un fuerte abrazo.

Ya en su celda, con una tenue sonrisa en los labios, Velger murmuró para si: ¡Si!, tal y como percibí al veros habéis cambiado profundamente, mucho más profundamente de lo que a primera vista pueda parecer. Os han bastado unas palabras amables, dichas en el momento oportuno, para desvanecer las dudas de la hermana Smilla y reforzar su confianza como sanadora, y al malinterpretar a propósito mis palabras habéis conseguido que exteriorizase mis sentimientos y me habéis devuelto el aplomo y confianza en mi mismo que comenzaba a faltarme.

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