Los caballeros de la Iglesia

 

Capítulo XVII (2)

 

Regreso al Valle

 

Durante el viaje se detuvieron en el cenobio de Örnhekker, donde el Prior les informó que no se habían producido novedades en el Castillo Värdelos desde su anterior visita, y donde se quedó el hermano Kontakt para informar al Maestre Vegard sobre cualquier acontecimiento de relevancia que ocurriese en el castillo. El resto del viaje transcurrió sin novedades dignas de mención y a los treinta días de su salida de Hämnstaj, con las primeras luces del alba, llegaron al Valle. A la puerta del convento, les esperaba Melhiker con quien, tras fundirse en un fuerte abrazo, se encaminaron al estudio de TrØllkarl para hacerle entrega del tratado, mientras Mhälinj se encaminaba a informar al Gran Maestre de su llegada. Al verlos, el Maestre de los Bahudier levantó la vista del libro que estaba leyendo y una expresión de sorpresa y alegría invadió su rostro al tiempo que se levantaba diciendo:

—¡Bienvenidos hermanos!, esperaba con ansia vuestra llegada después de las vicisitudes que hemos vivido y que casi nos hicieron daros por perdidos.— Calló un momento y después de observarlos fijamente continuó. —Habéis crecido, pero no en estatura, no…, habéis crecido espiritualmente, algo que se percibe solo con miraros.

Tras este apresurado saludo, los observó unos instantes y con tono apesadumbrado continuó.

—Melhiker ya me ha explicado porqué no pude integrarme con vosotros a pesar de ser convocado; al parecer se debe a que, por mi edad y por la labor que he desarrollado como preceptor de magia de la Iglesia, mi mente no tiene la flexibilidad adecuada para realizar la entrega necesaria, algo que no dejo de lamentar profundamente.

Lo sabemos TrØllkarl, como también sabemos que eres el único que comprende como nos ha cambiado lo que nos ha sucedido, y los peligros que conlleva el uso inapropiado de la magia.Dijo Jannirèll Por eso te entregamos para su custodia el tratado que fuimos a buscar.

Uniendo la acción a la palabra, depositó en la mesa la copia del tratado que habían realizado en Hämnstaj, y continuó Sabemos que controlarás sabiamente quienes entre los Bahudier deben conocer su contenido.

En ese momento se abrió la puerta del estudio y entró Erlhènj quien, parándose en el centro de la habitación con los puños apoyados en las caderas, dijo:

—Me ha decepcionado vuestra actitud hermanos, ya que siendo como soy la cabeza del Donark, no he sido la primera persona en veros y recibir vuestro informe.

Tras estas palabras del Gran Maestre un pesado silencio invadió la habitación, silencio que rompió Jörgenj quien, con una sonrisa socarrona en su rostro, dijo:

Déjate de zarandajas Erlhènj, te conocemos lo suficientemente bien como para saber que no sientes lo que estás diciendo, y de que eres plenamente consciente de que dada su importancia, lo primero que debíamos hacer era entregar el tratado a TrØllkarl para su custodia, así que ven y danos un abrazo que es lo que en realidad estás deseando.

Tras estas palabras Jörgenj, Bokorm y Janniréll se fundieron en un abrazo con Erlhènj quien, mientras unas furtivas lágrimas humedecían sus ojos, con palabras entrecortadas les dijo:

Sois como los hijos que no he tenido, pues os vi llegar al convento como niños inseguros y convertiros en hombres seguros de si mismos, por lo que he estado sumamente preocupado por vosotros.

—Lo sabemos Erlhènj, lo sabemos; nosotros sentimos lo mismo por ti y también sabemos que si hubiéramos ido a verte en primer lugar, en vez de entregar los libros a TrØllkarl para su custodia, es cuando verdaderamente te habríamos defraudado.— Dijeron los tres al unísono.

Ahora, si te parece bien, nos gustaría ir a nuestras celdas a descansar un rato para reponernos del viaje y después del almuerzo, aunque te parezca mentira seguimos teniendo necesidad de comer y descansar,dijo Jannirèll en tono festivo. Después nos reuniremos con el Donark para informar de lo sucedido en nuestra búsqueda.

—Tienes razón Jannirèll, hemos sido unos desconsiderados al no pensar en que estaríais cansados del viaje. Id pues a reponeros, mientras TrØllkarl, Melhiker y yo nos quedamos para preparar la reunión de esta tarde.

En cuanto se quedaron solos, Erlhènj planteó el sentir general de la Iglesia, que consideraba debían ser los cinco magos quienes dirigieran su destino en esta situación encabezando el Donark, algo con lo que él personalmente estaba de acuerdo, pues fue gracias a sus consejos como prepararon los planes para afrontar la situación, y dado que habían regresado sanos y salvos, debían hacerse cargo de la dirección de los mismos para llevarlos a buen término. Cuando terminó y ante el silencio de Melhiker, TrØllkarl le dijo mirándole con rostro serio:

—Es una propuesta lógica Erlhènj, pero de antemano te digo que no la van a aceptar, esa misma propuesta se ha hice yo a Melhiker, rogándole que ocupara mi puesto como Maestre de los Bahudier en el momento que ocurrieron los hechos, y se negó a aceptarlo aduciendo que la situación requería que continuáramos ocupando nuestros cargos, pues su labor era otra y necesitaban total libertad para poder realizarla.

—Entonces resulta ocioso plantearla conociendo, de antemano el resultado.— Concluyó Erlhènj al tiempo que miraba a un sonriente Melhiker que hacía gestos de asentimiento con la cabeza, —Pero desde ahora os digo que, aunque no sea yo quien lo haga, algún otro de los miembros del Donark realizará la propuesta.

—Por lo que resulta muy conveniente que seas tú quien la realice Erlhènj— intervino Melhiker, —ya que así podremos explicar los motivos de nuestro rechazo y continuar trabajando para llevar a buen puerto nuestros planes.

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