Los caballeros de la Iglesia

Capítulo XIX

 

Jannirèll en Quishloq

 

Al día siguiente Jannirèll, disfrazado de buhonero ambulante, abandonó el Convento y partió hacia Qishloq donde llegó tras un viaje sin incidencias dignas de mención y nada más hacerlo reparó en que la tenue melodía creada por la vibración de las cuerdas que componían el entramado del universo, tenía allí tonos más elevados y disonantes, claro indicio del uso constante de la magia. Esto llamó poderosamente su atención, ya que debido al desgaste que su empleo producía en el mago, lo lógico era que ésta se emplease puntualmente y no de forma tan continua como percibía. Preocupado por este hecho, buscó su origen y no tardó en descubrir que la continua manipulación de las cuerdas la realizaban las numerosas patrullas de acólitos que recorrían la ciudad, cuyos comandantes, según pudo apreciar tras sondearlos con extrema delicadeza, eran magos que se dedicaban a leer lamente de quienes les rodeaban, buscando pensamientos contrarios a la doctrina del templo, provocando que la gente, sin saber por que, se apartaba temerosa de ellos.

Una vez descubierta la causa del masivo uso de la magia, Jannirèll,continuó su deambular sin rumbo por la ciudad, que según comprobó, estaba dividida en tres zonas perfectamente diferenciadas. En el centro, la ciudad vieja, compuesta por un dédalo de irregulares callejuelas cuyos edificios, generalmente de dos plantas, eran pequeños talleres de los más diversos oficios junto con las viviendas de sus propietarios, que detonaban su origen como puesto comercial y de encuentro para las diversas tribus nómadas que no hacía mucho poblaban el país. Esta parte de la ciudad a penas se diferenciaba de las aldeas de su Ganestria natal, salvo por algunos detalles que le llamaron poderosamente la atención, como el hecho de que en las calles a penas hubiera niños, y los pocos que había jugaran en rincones apartados tratando de ocultar su presencia, o que en las fuentes donde las mujeres llenaban sus cántaros de agua, no se formasen los habituales corrillos para cotillear y por el contrario, una vez llenos los cántaros, abandonasen rápidamente el lugar como si temieran ser pilladas en falta, y aunque en los talleres se notaba una febril actividad, los estantes de sus tiendas estaban prácticamente vacíos, siendo muy escasos los clientes que se acercaba a realizar alguna compra, siempre de objetos comunes y necesarios, y siempre sin regatear el precio.

Separado de esta parte de la ciudad por una gran explanada de aspecto lúgubre y desolado, se encontraban el templo de Bajaruvchy y los inmensos talleres y almacenes construidos para proveer al numeroso ejército acampado en las afueras, en la que se veía un constante flujo de militares y sacerdotes entraba y salía del templo. Esta parte de la ciudad era evitada por el resto de sus habitantes que daban largos rodeos con tal de no atravesarla, y los que no tenían más remedio que hacelo, la cruzaban caminando con rapidez para permanecer el menor tiempo posible en ella. Por último, en las afueras, rodeando la ciudad vieja, pero sin llegar al templo, estaba el barrio nuevo, una mezcla de posadas, tabernas y burdeles frecuentados por la tropa que resultó ser la zona con más vida de la ciudad, por lo que, aprovechando que era la hora de la comida, decidió buscar una taberna donde almorzar y sondear el ambiente.

Jannirèll entró en la primera taberna que encontró, donde eligió una mesa situada en el centro de la misma a la vista de todos, y se dispuso a degustar con tranquilidad el sabroso estofado de buey que le habían servido, al tiempo que observaba con disimulo a la clientela, compuesta mayoritariamente por soldados, en los que percibió el mismo temor a ser cogidos en falta que había notado en el resto de la población, por lo que no le extrañó el repentino silencio que se produjo en la taberna cuando entró una patrulla (Bajaruvchy era un dios cruel y nadie estaba seguro de no haber cometido algún desliz, por leve que fuera, que pudiera costarle la vida) que, para alivio de los presentes, se desentendió de ellos y pidió al amedrentado posadero que les sirviese comida y cerveza.

Aprovechando que la patrulla se había relajado mientras esperaba que les llegase la comida y bebía la floja cerveza que la taberna estaba autorizada a vender a la tropa, Jannirèll profundizó en la mente del comandante para conocer el alcance real de sus poderes y para su sorpresa, comprobó que eran poco menos que rudimentarios y que su capacidad no se correspondía con la intensidad de la melodía que percibía. Decidido a averiguar la causa, siguió la vibración de las cuerdas hasta su origen y descubrió asombrado que provenía del Templo de Bajaruvchy, donde un reducido grupo de magos muy poderosos controlaba a los comandantes de las distintas patrullas, magos que a su vez, estaban controlados desde Qal’ashahar por un único mago, cuya increíble capacidad le permitía ejercer su poder, a través de ellos y de otros grupos similares, en todos los rincones del imperio.

El descubrir esta cadena de poder, cuyos componentes eran magos salvajes, es decir, personas que habían desarrollado la magia de forma natural, desconociendo los peligros que acarreaba su uso indiscriminado (causa del fallecimiento prematuro de la mayoría de los magos salvajes, que se destruían a si mismos al desconocer sus límites) y que a pesar de la ambición sin límites que percibió en ellos, habían logrado sobrevivir. Este descubrimiento alarmó en sobremanera al ente del que Jannirèll formaba parte, consciente del peligro que suponían estos magos, capaces de utilizar sin restricciones su poder ante cualquier obstáculo que pusiera en riesgo la consecución de sus objetivos. Esto era algo a tener muy en cuenta, ya que detener con éxito la invasión, provocaría que en su empeño por llevarla a cabo, hicieran uso ilimitado de sus capacidades, con imprevisibles consecuencias para el mundo, algo que había que evitar a toda costa, y que implicaba eliminar a este grupo de magos, al mismo tiempo que se detenía la invasión.

Estaba sumido en estos lúgubres pensamientos, cuando los componentes de la patrulla dejaron de comer y se repartieron estratégicamente por el salón controlando todas la salidas del establecimiento, mientras el eksrutador que la comandaba, se encaminaba con pasos rápidos y decididos hacia la mesa en que él se encontraba sentado, desde la que se dominaba todo el local. Al llegar observó inquisitivamente a Jannirèll durante unos instantes, paseó su mirada por el comedor como si buscara a alguien, tras lo que señaló a uno de los parroquianos, un joven apenas entrado en la pubertad quien al verse señalado se levantó bruscamente y en un vano intento de escapar, echó a correr para terminar cayendo en brazos de los acólitos que vigilaban las salidas, quienes le maniataron hábilmente. Una vez reducido el pecador, el eksrutador dijo en tono admonitorio:

Tened todos siempre presente que nadie puede esconderse del Ojo de Bajaruvchy que todo lo ve, como intentaba hacer ese desertor, y que la única forma de evitar su castigo es seguir fielmente sus mandatos.

Dicho esto, echó un última mirada a los presentes y abandonó el local dejando tras de si a unos atemorizados parroquianos que comentaban en voz baja lo ocurrido, momento que aprovechó Janniréll para abandonar discretamente la taberna y continuar su recorrido por la ciudad, para confirmar el origen de la melodía y hacer tiempo antes de dirigirse a la posada en que sabía se alojaba el hermano Skjult. Cuando, ya caída la noche, llegó a ella, entró en el salón y ocupó una mesa cercana a la escalera de acceso a las habitaciones de los huéspedes y esperó pacientemente la llegada del hermano jannike. No tuvo que esperar mucho para verle entrar y encaminarse directamente a su cuarto, de donde bajó al poco tiempo vestido con un atuendo similar al que usaban los habitantes de Qishloq, en lugar del ostentoso uniforme con el que había llegado, para sentarse en una mesa donde el posadero, sin necesidad de que se lo pidiese, puso ante él un plato con queso y diversos embutidos, junto a una jarra de cerveza.

Nada más verle, Jannirèll se percató de que la persona que cenaba tranquilamente en una mesa alejada de la suya, ya no era el hermano Skjult si no Soliqchi, un qo’mondon del ejército samoviy fanático seguidor de Bajaruvchy, por lo que con extremada delicadeza, sondeó sus pensamientos para averiguar que había ocurrido descubriendo que, el temor a cometer un error que le pusiera en evidencia, había impulsado a Skjult a cortar toda comunicación con sus hermanos y a encapsular su verdadera identidad en lo más profundo de su mente para evitar cometer un error fatal, tal y como le había enseñado TrØllkarl durante su breve estancia en el Convento, pero debido al escaso de tiempo de que dispuso, el Maestre de los Bahudier no pudo profundizar en sus enseñanzas, y al carecer de los recursos necesarios, Skjult se vio incapaz de recordar quien era y fue dominado por la personalidad de Soliqchi. Una vez al tanto de la situación en que se encontraba Skjult, Jannirèll abandonó discretamente el comedor por la escalera que conducía a las habitaciones de los huéspedes.

Espero que esta publicación te haya gustado. Si es así pulsa me gusta y si tienes alguna duda, consulta o quieres complementar este post, no dudes en escribir en la zona de comentarios.
Sigueme en: www.elarcadedionisos.es
Spread the love

Deja un comentario