Los caballeros de la Iglesia

Capítulo XXII (3)

 

 

Los planes de la Iglesia

 

Pero si no he comprendido mal la situación, la Iglesia está al límite de sus fuerzas y precisa de nuestros reducidos ejércitos y de la colaboración de nuestras gentes para llevar a cabo el plan que supongo ya tiene preparado— dijo Behövligfisk con la preocupación reflejada en el rostro.

—Efectivamente Behövligfisk, así es— respondió Melhiker y pasó a exponerles el plan de la iglesia para hacer frente a los invasores que constaba de varias fases.

En primer lugar encarcelar a los conspiradores de los distintos reinos, la mayoría de los cuales ya habían sido descubiertos por los clariones que permanecían en ellos y sofocar los disturbios que habían provocado en la población, a la que explicarían el peligro en que se encontraban, haciendo un llamamiento para reunir el mayor número de tropas posibles, en las que se integrarían los escasos caballeros que la Iglesia podía aportar. Los ejércitos así formados actuarían bajo la autoridad de la Iglesia, que compartiría el mando con los generales leales.

Una vez hecho esto, el ejército reunido por Behövligfisk en Jhönnull, atacaría a los samoviys que sitiaban Styretstyrke y una vez derrotados, cosa que debía resultar sencilla pues los sitiadores eran relativamente pocos, debía marchar hacia el Paso del Sur para combatir al grueso del ejército invasor, al que las tropas reunidas por Storyxa se enfrentarían en la frontera de Thörvork y les atacaría por la retaguardia, evitando así que pudiesen recibir ayuda a través del Paso del Sur que sería bloqueado por los hadar acantonados en Förlust, de esta forma el ejército samoviy se vería enfrentado a la rendición o al exterminio. Mientras tanto las tropas que reuniese Förstaj en Haddark, el reino más alejado del conflicto, se desplazarían hacia Ljuststad, en las llanuras centrales de Ganestria para desde allí, enviar refuerzos a los lugares en que fuera necesario y a la vez, controlar y destruir las partidas de desertores que hubieran huido del ejército samoviy.

—Un magnífico plan al que solo veo un inconveniente— dijo Storyxa cuando Melhiker terminó de exponerlo.

—¿Y cual es el inconveniente Storyxa?— preguntó Melhiker.

—Un pequeño detalle. Para llevar a cabo estos planes debemos estar en nuestros reinos y no sitiados aquí, y como desgraciadamente no tenemos la capacidad del archimago Jannirèll para proyectarnos en ellos, y la Iglesia no puede organizar las cosas en nuestro lugar, debido a la desconfianza hacia ella creada por los rumores de que fue ella la que nos atrajo a esta trampa, veo harto difícil que podamos organizar las cosas como las tenéis planeadas. Decidnos pues como lo llevaremos a cabo.

—Tienes razón, debéis estar en vuestros reinos para organizarlo todo y por eso, cuando Jannirèll se presentó ante nosotros— dijo Melhiker —Lo hizo para llamar vuestra atención sobre el hecho de que en este mundo existen fuerzas mucho más poderosas de lo que pensáis, y demostraros que como cuentan las antiguas canciones, la magia existe y siempre ha existido, aunque no se haya hecho uso de ella durante cientos de años. Necesitábamos convenceros de ello, pues la magia es algo de uso común en la cultura samoviy juega un papel fundamental en esta guerra, algo que os habría resultado casi imposible de creer si lo hubiéramos explicado sin una demostración como la realizada por Jannirèll.

—Pues habéis logrado con creces vuestro objetivo— dijo Behövligfisk sonriente.

—Ciertamente podríamos transportaros a todos a vuestros reinos, pero hacerlo no es aconsejable ya que el más mínimo fallo haría que os materializaseis en un lugar ocupado por otra persona, lo que sería desastroso y si esto no ocurriese, el que aparecieseis de la nada, provocaría una conmoción difícil de explicar que retrasaría nuestros planes y dejaría al descubierto, a los ojos del enemigo, que poseemos una magia muy poderosa, algo que no nos conviene que descubran y por tanto lo haremos de otra forma. Elegid a tres personas de vuestro séquito para acompañaros y preparaos para partir, junto con una escolta de hadar y bahudier comandados por Ghörann y por mí. Tened confianza pues antes de que finalice el día estaréis sanos y salvos fuera de estos muros— respondió Melhiker.

No bien acabó de hablar Melhiker, sus majestades abandonaron la sala para iniciar los preparativos de la inminente partida, mientras Erlhènj y el resto de los jannikes repasaban los últimos detalles del plan junto con Elsketsønn, quien permanecería con ellos en la fortaleza por si tuviera éxito la revolución en Dönhar. Todos eran conscientes de la precaria situación en que se encontraban y de que esta se vería agravada con la partida de los soberanos y su escolta, lo que mermaría las fuerzas con que hacer frente al ejército que los asediaba, pero la presencia de los soberanos en sus respectivos reinos era esencial, por lo que dieron las órdenes necesarias para llevarla a cabo, en la confianza de poder resistir el asedio durante el tiempo necesario para que se llevase a cabo el plan de Melhiker.

Los últimos rayos del sol teñían de rosa los picos más altos de las Gamlåser, y las sombras se habían adueñado del campamento samoviy que sitiaba Styretstyrke. En su tienda, el sacerdote al mando de los sitiadores, un polkovnik que, aunque no había logrado apoderarse de la fortaleza, se encontraba satisfecho. Antes de partir, cuando temiendo por su vida, había informado que conquistar esa plaza era una tarea casi imposible de conseguir con solo los mil doscientos cincuenta hombres de su polk, le habían indicado que su misión consistía en evitar que los gobernantes de la Confederación la abandonaran y eso lo había conseguido, el Rådetskonger en pleno se hallaba encerrado en la fortaleza cuyos muros estaban rodeados por sus fuerzas y eran constantemente vigilados por patrullas de eksrutadorlar que lanzaban sus sondas mentales para descubrir a todo aquel que tratara de escapar, pero mientras el satisfecho polkovnik se solazaba en estos pensamientos e imaginaba la recompensa que recibiría por llevar a buen término esta importante misión cuando finalizase la conquista de la Confederación, un nutrido grupo dirigido por Melhiker y Ghörann, en el que se encontraban los reyes junto a los acompañantes que habían elegido, atravesaba el campamento samoviy sin ser molestado por nadie, gracias al manto de protección que los hacía invisibles y neutralizaba todos los intentos de sondeo por parte de los eksrutadorlar, tejido a su alrededor por los dos archimagos.

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