Los caballeros de la Iglesia

Capítulo XXIII

 

 

Comienza la invasión

 

Una vez atravesado el campamento samoviy, el grupo que había escapado de la fortaleza de Styretstyrke se encaminó al galope a la población de  Landsby, en cuyo cenobio se reunieron con Jörgenj, que acababa de llegar del Convento del Valle para acompañar a Förstaj hasta Làndsfiskej la capital de Haddark, ya que Melhiker y Ghörann irían con  Behövligfisk y Storyxa respectivamente, para coordinar la ejecución de los planes trazados. Al filo del mediodía, tras una abundante comida y un pequeño descanso que sirvió para calmar los nervios debidos al miedo que todos confesaron haber sentido al atravesar entre las huestes del enemigo, se despidieron partiendo hacia los diferentes destinos a los que llegaron sin novedades dignas de mención, pero al llegar a ellos se dieron cuenta de hasta qué punto estaban mal las cosas.

 

En todas partes se encontraron con que las noticias de la muerte del soberano a manos de los ejércitos de Dönhar y Ganestria habían provocado disturbios entre los partidarios de las distintas facciones que luchaban por conseguir el poder, disturbios que se volvían más graves según se acercaban a las distintas capitales, y aunque generalmente la aparición de los reyes y su escolta de silenciosos haddar embutidos en sus negras armaduras de combate, en cuyas sobrevestes destacaban en blanco el bieldo y la espada, calmaban los ánimos y les permitía explicar la situación a que se enfrentaba la Confederación y hacer un llamamiento a las armas para enfrentarse al verdadero enemigo, llamamiento que solía tener una buena acogida ya que los erkendios, en cuya memoria (reforzada por las leyendas que la Iglesia había impedido cayeran en el olvido) aún se recordaban los tiempos en que el caos gobernaba aquellas tierras, por lo que, tras escuchar la explicaciones dadas por los archimagos (cuya sola presencia sobrecogía a todos sin saber muy bien por qué) no estaban dispuestos a que ocurriese algo similar, los más dispuestos se incorporaban a la comitiva de los monarcas, en tanto que el resto de los habitantes se ponía a las órdenes de la Iglesia, dispuestos a defender con su vida aquellas tierras. A pesar de todo, en algunos lugares tuvieron que entablar combate antes de poder explicar lo que ocurría a sus habitantes que habían sido seducidos por los partidarios de Bittaga.

 

Muy diferente, en cambio, fue la situación que se encontraron a su llegada a las distintas capitales,  en las que el enemigo se había hecho con el poder. En Làndsfiskej Förstaj tuvo que combatir con una parte del ejército que apoyaba al general Forrædej, quien tras hacerse con el poder no estaba dispuesto a abandonarlo, por lo que durante unos días se produjeron violentos combates en torno al palacio hasta que las tropas de Forrædej fueron derrotadas, y este apresado y condenado a muerte tras un juicio en el que se mostró frio y arrogante, y en el que trató de emplear sus escasos poderes mágicos, que fueron inmediatamente contrarrestados por Jörgenj, para convencer a los jueces. En Jhönnull un nutrido ejército guardaba las puertas de Juvustslätten y se produjeron algunos combates hasta que, al reconocer a Behövligfisk, la mayor parte del ejército sublevado se volvió en contra de sus generales y tras una corta y cruel batalla, que acabó con la muerte de todos ellos, el rey pudo entrar en la ciudad.

 

La situación que encontraron en Thörvork, en cambio, fue diametralmente opuesta a la encontrada en el resto de los países ya que, por su naturaleza boscosa, sus habitantes estaban mucho más dispersos que en el resto de los reinos, porque los thörvorkniks[1] preferían vivir en pequeños grupos familiares repartidos por el bosque, en donde obtenían todo lo necesario para su sustento y floreciente comercio, a hacerlo en ciudades y pueblos, y las relativamente escasas ciudades no eran más que centros administrativos y de comercio, en los que se centralizaba la recogida y venta de los productos de la región, la mayoría de las cuales se enviaban a los múltiples embarcaderos existentes en las márgenes del Bredflod para enviarlos a la capital Hövedsielvaj en grandes lanchones que recorrían incesantemente el inmenso rio, y el resto se repartía por todo el país a través de una cuidada red de caminos.

 

Debido a su función, todas las ciudades estaban construidas de forma similar. En el centro se elevaba la sede del gobierno donde los representantes del rey, elegidos entre los cabezas de las distintitas familias de la zona por su probada honradez, velaban por el cumplimiento de los escasísimos edictos del soberano y juzgaban los pequeños conflictos surgidos entre los habitantes de la zona, frente a ella estaba la Gran Plaza, en la que se celebraban las fiestas que marcaban el inicio de cada estación, y que servían de encuentro a las dispersas familias, fiestas que los jóvenes las aprovechaban para conocerse e intimar entre ellos. Al otro extremo de la Gran Plaza se encontraba el cenobio clarión, en el que se educaban los hijos de todas las familias que lo deseaban, quienes al terminar sus cuatro años de estudio volvían a sus lugares de procedencia perfectamente formados en las tradiciones de la Confederación y en las tareas que tendrían que realizar junto a sus familias. Los alumnos más sobresalientes de entre ellos, iban a completar sus estudios con los jannikes, en el convento que estos tenían en Hövedsielvaj para, una vez terminados, formar parte de la administración real.

 

Este aislamiento de la población había impedido, por una parte, que Bittaga infiltrara a sus partidarios en la administración y por otra, que se extendiera la noticia del ataque al Rådetskonger, por lo que Storyxa, tras un accidentado viaje por Ganestria en el que fueron atacados en alguna ocasión por pequeños destacamentos del ejército samoviy, ataques rápidamente repelidos por los hadar que le escoltaban, al llegar a Thörvork no encontró ninguna oposición para llegar a Hövedsielvaj, desde donde, tras evitar un intento de asesinato por parte de su general de mayor confianza gracias a la intervención de Ghörann, reunió al resto de sus generales, a los que tras explicarles la situación, ordenó que coordinándose con la iglesia, bajo cuya autoridad quedaban, enviasen mensajeros por todo el país para reunir un ejército con el que enfrentarse a los samoviys.

[1].-  thörvorkniks: habitantes de Thörvork

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