Los caballeros de la Iglesia

Capítulo XXIV (2)

 

Markhöntsatt

 

A su llegada Ambitiös abandonó el muelle y se alojó en una de las posadas más caras de la población, haciendo uso de la generosa cantidad de dinero de que le había provisto Sörjendèll, donde tras cambiar su nombre por el de Bittaga a fin de no ser reconocido, y haciéndose pasar por el hijo menor de un noble que debido a sus devaneos amorosos, se había visto obligado a huir de su país para escapar de las iras de su padre, pronto trabó amistad con la flor y nata de la sociedad, comprobando asombrado que eran el dinero y el éxito comercial los que definían el estatus que ocupaban, y que los comerciantes de éxito rivalizaban con la nobleza en las suntuosas fiestas que daban en sus palacios construidos en amplias fincas a la afueras de la ciudad. Una vez familiarizado con los usos y costumbres de aquella sociedad totalmente mercantilizada, y gracias a las cartas de presentación que le había proporcionado Sörjendèll, entró al servicio de una de las más poderosas casas comerciales de la región, en la que fue escalando puestos hasta convertirse al poco tiempo y tras pisar unas cuantas cabezas, en persona imprescindible y mano derecha del dueño, lo que le permitió adquirir una pequeña villa en las afueras y abandonar la posada. Este cambio de posición le habría permitido vivir felizmente en la abundancia y con el tiempo, fundar su propia casa comercial, pero su carácter soberbio no era dado a la paciencia y pronto urdió un plan para enriquecerse rápidamente.

La columna vertebral del comercio en Markhöntsatt la constituían las numerosas caravanas que viajaban hasta remotos países, para intercambiar los productos manufacturados que allí se elaboraban, por minerales y otros productos exóticos que abundaban en aquellas lejanas tierras y que, debido a su escasez, alcanzaban elevados precios en las ciudades. Estas caravanas debían enfrentarse, aparte de los peligros que conllevaba realizar tan largos viajes, a las numerosas bandas de salteadores que poblaban los caminos, por lo que los comerciantes contrataban para su organización a casas especializadas, que contaban con guías expertos y tropas para proteger las caravanas de los ataques de los bandidos por lo que Bittaga, como encargado de una gran casa y responsable de organizar la actividad comercial de la misma, mantenía frecuentes contactos con el personal de estas casas, al que invitaba con frecuencia a las pequeñas fiestas que daba en su casa donde, gracias a la habilidad adquirida en el palacio de su padre, logró intimar con ellos y conocer los entresijos de este negocio, conocimiento que aprovechó para formar un pequeño grupo de salteadores para atacar las caravanas en la última etapa del viaje de vuelta cuando, por la proximidad a su destino menos lo esperaban.

Este pequeño grupo, formado por rateros y asesinos salidos de los estratos más bajos de la sociedad, operó con bastante éxito durante un tiempo y sus robos, relativamente pequeños en un principio, no causaron gran alarma y produjeron grandes beneficios a Bittaga quien gracias a sus contactos, vendía lo robado en el mercado negro sacando pingües beneficios, pero al cabo de un tiempo pudo más en él la ambición que la prudencia y sus golpes se volvieron más osados llamando la atención de las autoridades que comenzaron a investigar, alarmados por la cantidad y la precisión con que se realizaban estos saqueos, lo que les hizo pensar que los bandidos estaban dirigidos por alguien bien situado en una de las grandes casas que les informaba de donde y cuando dar los golpes y que además, tenía los suficientes contactos para vender las mercancías robadas sin levantar sospechas. Mientras tanto Bittaga seguro de no ser descubierto, compró al poco tiempo un terreno alejado de la ciudad, en el que se hizo construir un palacio que rivalizaba en esplendor con los palacios de los más prósperos e influyentes comerciantes, en el que almacenaba el producto de los robos que cometían sus hombres en espera del momento propicio para sacarlos al mercado, y donde daba continuas fiestas a las que acudía lo más granado de la sociedad. Estas fiestas, que pronto se hicieron famosas, hicieron caer sobre él las sospechas de las autoridades que se preguntaban como había conseguido tanta prosperidad en tan poco tiempo, por lo que le sometieron a una discreta vigilancia que no produjo resultados ya que, desde que alcanzó un puesto preeminente dentro de la casa, había invertido parte de su salario en las expediciones comerciales que ésta realizaba y todos, incluido su patrón, pensaban que con el tiempo se independizaría y establecería su propia casa comercial.

Todo marchaba según sus planes y Bittaga disfrutaba de esta nueva vida de opulencia, hasta que un aciago día, le llegó la noticia de que habían logrado detener a los asaltantes de una caravana, y que eran conducidos a la ciudad para ser interrogados. Al enterarse y con la seguridad de que aquellas ratas no resistirían un interrogatorio y le señalarían a él como responsable de los saqueos, Bittaga reunió en su finca de las afueras a los miembros del grupo de salteadores que consideraba más fiables y reuniendo los productos obtenidos en saqueos anteriores que guardaba en espera de ser vendidos, una noche abandonó la ciudad con la intención de establecerse en otro país donde no fuera conocido y continuar allí con sus actividades.

Espero que esta publicación te haya gustado. Si es así pulsa me gusta y si tienes alguna duda, consulta o quieres complementar este post, no dudes en escribir en la zona de comentarios.
Sigueme en: www.elarcadedionisos.es
Spread the love

Deja un comentario