Los caballeros de la Iglesia

Capítulo XXIV (5)

 

 

En las Tierras Ignotas (2)

 

 

Bittaga había vista ese libro en multitud de ocasiones y sabía que se trataba de una de las más preciadas posesiones de Burkhit por lo que se acercó para guardarlo, pero movido por la curiosidad hojeó algunas páginas y comprobó con estupor que podía leerlas sin dificultad. Sorprendido y asustado, dejó el libro como estaba y fue a sentarse en un rincón temiendo recibir un terrible castigo por haberse atrevido a mirarlo, algo que no ocurrió pues cuando Burkhit despertó y vio el libro abierto sobre la mesa, lo examinó cuidadosamente y al comprobar que todo estaba exactamente igual a como lo había dejado al dormirse, lo guardó en el zurrón que siempre llevaba consigo y del que nunca se separaba y ordenó a Bittaga que le prepararse la cena.

Durante los días que siguieron a este descubrimiento Bittaga continuó realizando con la diligencia habitual, las múltiples tareas que le encomendaba el chamán mientras pasaba las noches sumido en extraños sueños en los que se veía viviendo en palacios, comerciando en extrañas ciudades o luchando por sobrevivir en el desierto. La insospechada capacidad que poseía de comprender textos escritos, algo que ningún jinursin era capaz de hacer por ser un conocimiento reservado a los chamanes, había despertado en él vagos recuerdos que le hacían pensar en su olvidado pasado, pero que era incapaz de comprender.

Mientras se debatía por atrapar esos recuerdos de su pasado que se le escapaban como la arena entre los dedos, el tiempo pasaba inexorablemente y llegó el momento en que la tribu del Qushlar, una vez agotados los recursos de aquella tierra, levantó el campamento y partió en busca de otro lugar en el que instalarse. Tras un largo y duro viaje en el que la tribu abandonó a su suerte a aquellos de sus miembros que por ser demasiado viejos, demasiado jóvenes o estar enfermos, no podían seguir el ritmo de la marcha, llegaron a un valle situado entre pequeñas colinas que le protegían de los fuertes vientos que en ocasiones asolaban la región, por el que discurría un diminuto arroyo. En él acampaban los Tarvagas, una de las tribus más pequeñas cuyo chaman era uno de los más sabios y poderosos de todas las tribus jinursin, algo que no preocupó en absoluto a los Qushlar quienes sin previo aviso, se lanzaron contra los Tarvagas dispuestos a expulsarles de aquel lugar que querían para ellos, al tiempo que los chamanes de ambas tribus se enfrentaban entre ellos lanzando hechizo contra hechizo, en una despiadada batalla que hizo temblar la tierra y desvió el curso del arroyo que cruzaba el valle.

Contemplar los efectos causados en la tierra por el implacable enfrentamiento entre los chamanes de ambas tribus, que finalizó con la victoria de Burkhit y la eliminación de la tribu Tarvaga, la mayoría de cuyos miembros yacían muertos por el suelo del valle, mientras los escasos supervivientes eran esclavizados por los victoriosos Qushlar, fue el detonante que derribo la barrera que bloqueaba la mente de Bittaga dando paso a un torrente de recuerdos, y en ese mismo momento supo que él era Ambitiös, el hijo menor del rey Försiktig quien tras huir de Dönhar a Markhöntsatt tras la fallida rebelión contra su padre, había cambiado su nombre por el de Bittaga para no ser reconocido. Recordó, como si acabasen de ocurrir, los hechos que le habían llevado a la actual situación, pero sobre ellos se impuso el recuerdo de los cantos de los juglares de la Confederación Erkendia que hablaban de como los Caballeros de la Iglesia habían hecho posible su existencia derrotando a grandes y poderosos magos en la antigüedad, poemas y cantos que junto con la magia, de la que acababa de comprobar su existencia y alcance, todos consideraban que solo existían en el folclore popular. Cayó entonces en la cuenta de que los largos años de ininterrumpida paz tan duramente ganada por sus ancestros, habían hecho que los erkendios olvidasen su pasado y que la antes poderosa Iglesia hubiera degenerado en una institución que a través de la enseñanza, mantenía su cómoda posición dentro de la Confederación sin implicarse en los sucesos que ocurrían en ella, y al darse cuenta de este hecho, Bittaga comenzó a trazar los planes para vengarse de todos aquellos que le habían impedido ocupar la posición que por derecho le correspondía.

Convencido de que la magia iba a jugar un importante papel en sus planes, se armó de paciencia y durante largo tiempo se dedicó a estudiar a escondidas el libro de magia de Burkhit, al tiempo que se esmeraba en servir al viejo chamán, que nunca sospechó de él pues seguía mostrando ante todos el mismo terror a todo lo relacionado con la magia que sentía en los primeros días, mientras la practicaba en secreto durante los momentos, cada vez más largos, en los que el anciano mago dormía. Mientras realizaba sus ocultas prácticas, Bittaga descubrió la formidable capacidad que tenía para ella y un día, cuando se consideró suficientemente preparado, se negó ante toda la tribu a cumplir una de las caprichosas órdenes de Burkhit, quien sorprendido e indignado por la insubordinación del miserable qul al que había rescatado de la muerte en el desierto, se dispuso a castigarle duramente y comenzó a elaborar un hechizo para someterle a su voluntad, pero antes de que pudiese completarlo, a un gesto de Bittaga, Burkhit cayó muerto al suelo por una espada que salió volando de la funda en que la guardaba su propietario y le cortó limpiamente la cabeza.

Antes de que los presentes pudieran reaccionar ante la sorprendente muerte del chamán, Bittaga les dijo con potente voz:

—Sabed que soy Bittaga, el elegido por Bajaruvchy para unificar a todas las tribus de los jinursin en una sola tribu, la tribu de los Bajaruvchidan tanlangan, los elegidos por Él para vengar las afrentas a que han estado sometidos los hasta ahora llamados jinursin por aquellos pueblos que renegaron de su amor, quienes recuperarán de los samoviys las tierras que legítimamente les pertenecen y quienes conquistarán el mundo para su mayor gloria.

Este fue el principio de los planes que habían llevado a Bittaga a convertirse en Emperador de los samoviy e iniciar la conquista de la Confederación Erkendia, en su insaciable ansia de poder y venganza.

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