Los caballeros de la Iglesia

Capítulo XXV

 

 

Los sucesos se precipitan

 

 

Las noticias que recibía Bittaga sobre los avances realizados por sus tropas, no hacían sino confirmar sus suposiciones sobre la fragilidad de la Confederación Erkendia. En Dönhar el palacio real de Hämnstaj se defendía ferozmente del ataque de los partidarios de Ambitiös, a los que se habían unido las tropas del general Uærliyj comandante de la guarnición de la capital, que había puesto un cordón de tropas rodeando el Monasterio y el convento Jannike con la excusa de proteger a la Iglesia de los saqueos y asesinatos realizados por grupos de maleantes que se aprovechaban de la falta de vigilancia para cometer sus desmanes y aunque estaba seguro de que la Iglesia, que se había convertido en un ente anacrónico solo preocupado por su bienestar, mantendría su proverbial neutralidad, quería mantenerla a salvo pues estaba seguro de que tras la conquista de la Confederación, no le costaría demasiado ponerla a su servicio.

Por otra parte, los rumores de que desde las Sawkäria se dirigía hacia la capital para unirse a los rebeldes un ejército que, al mando del conde Värdelos, arrasaba en su camino todo lo que se oponía a su paso, habían provocado un éxodo masivo de la población, fomentando el caos existente en la capital, lo que prácticamente le garantizaba la consecución del principal de sus objetivos. Si a esto se le sumaba el hecho de que aquellos que podían haber liderado la resistencia se encontraban sitiados en Styretstyrke sin posibilidad de escapar de la fortaleza, y de que en Thörvork, a pesar de los éxitos iniciales que frenaron durante un tiempo el avance samoviy, la rápida actuación de Khorailon desplegando a los eksrutadorlar para que detectasen la presencia del enemigo antes de que se produjesen los ataques, había neutralizado esta ventaja y el ejército samoviy avanzaba sin oposición hacia la capital que pronto caería en sus manos. Todo esto le hacía pensar que pronto conseguiría culminar los planes que tanto tiempo le había llevado preparar mientras contemplaba, rodeado por las omnipresentes Moshinalar que constituían su guardia personal, como el grueso de su ejército avanzaba hacia el interior de Ganestria sin encontrar oposición alguna. Los largos años de paz en que había vivido la Confederación había propiciado la reducción paulatina de los ejércitos de los distintos reinos, cuya función había quedado reducida a la de policía encargada de perseguir y castigar los escasos delitos que se cometían, y a la custodia de los edificios oficiales, por lo que cuando comprendiesen a lo que debían enfrentarse sería demasiado tarde y no podrían presentar una resistencia eficaz a sus ejércitos.

Pleno de confianza en la infalibilidad de sus planes, a Bittaga no le preocupó recibir la noticia de que las tropas que asediaban Styretstyrke estaban siendo atacadas por fuerzas que les superaban en número, en un intento de liberar a los cautivos de la fortaleza, algo que cabía esperar y que en cierto modo le beneficiaba pues según sus cálculos, suponía que en el ataque se estaban empleando la práctica totalidad de los efectivos que podía reunir la Confederación para hacerle frente y aunque lograsen su objetivo, antes de hacerlo serían diezmados por sus tropas (unas tropas que eran totalmente prescindibles), por lo que la Confederación vería muy reducida su ya escasa capacidad para hacerle frente, pero pronto las noticias que iba recibiendo de los distintos reinos comenzaron a minar su confianza. Tanto en Haddark como en Jhönnull sus partidarios habían sido derrotados por fuerzas leales a los soberanos que, de forma incomprensible para él, habían escapado de Styretstyrke y unido al pueblo en torno a ellos para imponer de nuevo el orden en sus respectivos reinos y las últimas noticias recibidas de Thörvork, antes de perder el contacto con el prelado Khorailon, indicaban que el avance de las tropas se había visto frenado en seco por los thörvorknik quienes, con la posible colaboración de fuerzas desconocidas, les habían permitido avanzar hacia el interior del país conduciéndoles a una trampa.

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