Soy un iluso impenitente (autocrítica política)

DSCN0172Alguien mucho más listo que yo dijo: “El que a los veinte años no es un idealista, no tiene corazón. El que lo sigue siendo a los cuarenta, no tiene cabeza” y al parecer tengo muy poca cabeza.

En mis años de estudio, previos a la transición, tuve la inmensa suerte de tener como profesor a DON (con mayúsculas y aunque ya no se estile) Luis Gómez Llorente, magnífico docente y mejor persona, que se preocupaba de formarnos debidamente para afrontar el futuro -incluso a los que, como yo, no compartíamos su ideario político- De él aprendí que en la vida uno debe luchar por aquellos ideales que cree correctos y nunca debe renunciar a ellos, piensen los demás lo que piensen y siempre, haciendo frente con dignidad y entereza a las consecuencias que esto le acarree, aprendí de su socarronería y buen humor, que no tiene razón el que más grita, si no el que mejor argumenta y que en sociedad es fundamental respetar a los demás, sea cual sea su ideología, así como el hecho de que el trabajo, el trabajo bien hecho, y el esfuerzo por prosperar, dignifican al hombre.

Quizás por eso, cuando el seis de diciembre de mil novecientos setenta y ocho se aprobó la Constitución Española, redactada por un Congreso compuesto por una muy amplia representación de las fuerzas que componían el panorama político del momento y que a pesar de sus diversas ideologías -algunas antagónicas entre si- fueron capaces de ceder y pactar por el bien de España y los españoles, respiré aliviado sintiéndome optimista por el futuro del país. No era una constitución perfecta -nada es perfecto a la primera- pero, como punto de partida, era muy digna de respeto y admiración. Con el tiempo, pensé, a la vista de su funcionamiento ya se introducirían las modificaciones necesarias. Y funcionó, vaya si funcionó. Rompimos el aislamiento a que estábamos sometidos, entramos a formar parte de Europa y los españoles prosperamos, con esfuerzo y con trabajo (quizá porque en aquellos años estábamos acostumbrados a trabajar, sabíamos que nadie nos regalaba nada) prosperamos y conseguimos hacer la sociedad un poco mejor para todos y dejamos de preocuparnos.

Pero… No pensamos que la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de Junio, del régimen electoral general, que en el Art. 44, apartado 1 dice:

Artículo 44

1. Pueden presentar candidatos o listas de candidatos:

  1. Los partidos y federaciones inscritos en el registro correspondiente.

  2. Las coaliciones constituidas según lo dispuesto en el apartado siguiente.

  3. Las agrupaciones de electores que reúnan los requisitos establecidos por las disposiciones especiales de la presente Ley.

Es decir, pasamos de una democracia a una partitocracia, que aunque a primera vista parezca lo mismo, no lo es. Y esto no es lo peor, lo peor vine en el Art. 1, apartado 1 que dice:

Artículo 1

1. La presente Ley Orgánica es de aplicación:

  1. A las elecciones de Diputados y Senadores a Cortes Generales sin perjuicio de lo dispuesto en los Estatutos de Autonomía para la designación de los Senadores previstos en el artículo 69.5 de la Constitución.

  2. A las elecciones de los miembros de las Corporaciones Locales.

  3. A las elecciones de los Diputados del Parlamento Europeo.

Cargándose de un plumazo la división de poderes sancionada por la Constitución, ya que de los tres, ejecutivo, legislativo y judicial, ¡¡solo elegimos a legislativo!! El legislativo elige al ejecutivo y entre los dos al judicial, y comienza el principio del fin.

En aras de conservar o conseguir el poder, los grandes partidos realizan pactos anti-natura. Los pequeños partidos nacionalistas, sabiendo que su apoyo es la llave que llevará a uno u otro de los dos grandes partidos al poder, ponen condiciones cada vez más duras que aceptan los partidos nacionales para desbancar al contrario, rompiendo así la solidaridad nacional. Los aforamientos, en principio necesarios, propician junto con la desaparición de los órganos de control, la aparición de la corrupción institucional, pequeña al principio, pero en continuo crecimiento hasta alcanzar los niveles de hoy en día. Todo ello, junto a la caída de la economía y el aumento de la tasa de desempleo, ha creado la situación de crispación social existente hoy en día.

En ese momento la situación política se vuelve insostenible. Los independentistas convocan un pseudo-referendum (consulta le llaman) en clara rebeldía y menosprecio a una sentencia del Tribunal Supremo, ante la pasividad del gobierno. Surgen nuevos partidos, de uno y otro signo, que airean la corrupción existente en los grandes partidos (llamados popularmente “La Casta”) y piden una regeneración política que pasa por la reforma de la Constitución, la división “real” de poderes, la dimisión de los dirigentes que han permitido esa corrupción y sobre todo, el fin del bipartidismo”.

Todos sin excepción presumen de tener un código ético, según el cual no puede militar en sus filas, y por supuesto aparecer el sus listas, ninguna persona encausada o condenada por cualquier tipo de delito. Junto a esto ofrecen un amplio abanico de soluciones, sensatas en unos casos e inviables, por no decir absurdas en otros.

Con este panorama, comienza una campaña electoral en la que los medios de comunicación dan voz a algunos partidos y ningunean a otros. Sacan a relucir con grandes titulares los casos de corrupción que afectan a alguno de los partidos y callan los de algún otro, según convenga a sus propietarios (si alguien cree que los grandes medios de comunicación son independientes es más iluso que yo). Y los sufridos ciudadanos tenemos que soportar una campaña que se limita a insultos, descalificaciones, acusaciones de “yo si, pero tú más” y un largo etc. de incongruencias, sin que nadie se olvide de los demás y exponga “las soluciones a los problemas que nos aquejan” en su programa electoral.

Con este panorama, el 20 de diciembre se realizan las elecciones y se rompe el bipartidismo. El congreso se fracciona con la aparición de nuevos partidos de tendencias dispares que hacen imposible la formación de un gobierno con una ideología dominante y yo, iluso de mi, me alegro porque pienso que, al igual que en mil novecientos setenta y ocho, los representantes elegidos por los españoles, en vista de la crispación reinante y por el bien de España, los representantes elegidos por el pueblo, repito, alcanzarán un pacto para modificar y subsanar las lacras que nos aquejan y que tanto han denunciado.

Aunque los dos sean hemiciclos, los espectáculos se dan en el teatro (izda.) En el Congreso (Dcha.) se trabaja

Aunque los dos sean hemiciclos, los espectáculos se dan en el teatro (izda.) En el Congreso (Dcha.) se trabaja

Cuan equivocado estaba. El día trece de enero, en la constitución de las Cortes empezó el espectáculo. El hemiciclo se convirtió en el “hemicirco” en el que primaron, por parte de algunos diputados, las actitudes histriónicas de cara a la galería y la falta de respeto hacia el resto de los diputados y sobre todo, hacia los votantes que los habían elegido. Esas faltas de respeto han continuado con actitudes como presentarse ante el Jefe del Estado para una ronda de consultas en mangas de camisa y aparecer, a los pocos días, con esmoquin en una entrega de premios cinematográficos, acto que como todos sabemos es más importante.

A continuación hemos contemplado atónitos como, en su despiadada lucha por el poder personal, nos han demostrado que aquellos que presumían de tener en sus partidos unos códigos éticos de obligado cumplimiento se los han saltado o modificado sobre la marcha, los unos antes de las elecciones presentando en sus listas candidatos condenados por delitos comunes como pederastia, tráfico de drogas o agresión a las fuerzas del orden; y otros después, pactando con quienes juraron no hacerlo nunca porque eran culpables de la situación en que nos encontramos llegando, incluso, a pedir a la formación más votada que se abstuviese en la votación de investidura para poder formar gobierno por no tener el número de votos necesarios. En otro caso una formación estaba dispuesta a aceptar treinta de las condiciones que dijo nunca aceptaría, exigidas por otra formación.

También, en esta tragicomedia nacional, hemos contemplado desprecios a las Fuerzas Armadas, la quema de un ejemplar de la Constitución en un parlamento autonómico, la detención de una padre por dar un cachete a su hija y la puesta en libertad de cuatro individuos que dieron una paliza a un policía, la pérdida de una inversión multimillonaria por la desidia de un ayuntamiento, y decir que usar tampax es de fascistas…

Me gusta el circo cuando lo veo en un teatro, o una carpa, donde actúan profesionales, no en el Congreso de los Diputados cuando las payasadas las hacen representantes elegidos por los ciudadanos.

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