Blanco o negro

9FF981E8FEs propio de la infancia y la pubertad ver la vida en blanco y negro. La madurez nos permite comprobar el hecho de que, muy raramente, las cosas son totalmente blancas o totalmente negras, de que la vida se compone de un conjunto de tonalidades de gris. De que no existe nada absolutamente bueno o absolutamente malo, nada totalmente válido o inválido. De que las cosas cambian según evoluciona la sociedad de la que formamos parte y colaboramos a conformar. Lo que ayer nos parecía bueno hoy nos parece malo, lo que ayer era válido hoy ya no lo es.

La sociedad está en constante evolución porque, en constante evolución están las personas que la forman y es de necios aferrarse a ideas preconcebidas que, en su tiempo fueron válidas pero que hoy ya no lo son. Esto ocurre en todas la facetas de la vida, incluida la política.

En una democracia la función del gobierno no es la de imponer un modo de vida a los ciudadanos interviniendo todas las facetas del desarrollo social, llegando en algunos casos a decidir lo que es bueno o malo para su salud. Es la creación de las normas de juego que permitan y favorezcan que los ciudadanos a los que sirven, hecho que generalmente olvidan, alcancen el mayor bienestar posible, de acuerdo a sus deseos y capacidades. Generar un conjunto de normas que fomenten la igualdad de oportunidades, que faciliten el acceso a una educación de calidad a todos aquellos que lo deseen, que faciliten el trabajo de los emprendedores, trabajadores autónomos y pequeños empresarios que forman la mayor parte del tejido económico del país y proporcionan el mayor número de empleos.

También es su función y su deber, velar por el cumplimiento de las normas de convivencia por todos aceptadas, actuando con firmeza y sin vacilaciones para conseguirlo. Ser transparentes en su gestión, dando puntual información de la misma (hoy en día existen los medios suficientes para hacerlo) con claridad y sin ambigüedades y establecer los mecanismos de vigilancia y control necesarios para evitar cualquier caso de corrupción en el seno de la sociedad.

Por el contrario, no es su función crear tensiones sociales manteniendo, en su descarnada lucha por el poder, posturas intransigentes basadas en ambiciones personales justificadas por ideologías (de cualquier signo) generadas por autores de finales del siglo XIX, principios del XX, que vivieron en una sociedad con circunstancias, deseos y ambiciones completamente distintos de la actual.

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