Se aproximan las elecciones

Sin nombreAcabamos de vivir la legislatura más corta de la democracia. Más corta y más inoperante, en la que los líderes de los distintos partidos con representación parlamentaria han demostrado que su único interés se centra en conseguir el poder a cualquier precio, al margen de las necesidades e inquietudes de sus votantes, a los que han sorprendido con pactos, propuestas de pactos y actitudes contrarias a lo proclamado en sus programas electorales.

En un momento en el que España sufre una de sus mayores crisis, por la suma de las crisis económica, social, de valores y de desconfianza hacia sus políticos que no han sabido poner coto a esta situación, bien por inoperancia o por intereses personales.

En el momento en que más necesario resulta el pacto entre todas las fuerzas parlamentarias para, mediante el consenso, alcanzar los necesarios acuerdos para la regeneración de la democracia, nuestros políticos se enzarzan en una pelea a muerte para, primero conseguir el poder y segundo, apartar de él a la opción más votada por los españoles. Ante esto, nuestros políticos alegan: “Sí, es la más votada, pero no tienen la mayoría absoluta ya que, sumados los votos de las demás opciones, éstos representan a la mayoría absoluta de los votantes”.

Quizás este equivocado y demasiado influido por mis estudios de filosofía y más concretamente en lógica de proposiciones, pero esta afirmación me parece un tremendo despropósito encaminado a justificar sus ansias de poder. Recurriendo a un ejemplo de aritmética básica, todos sabemos que solo se pueden sumar elementos homogéneos, peras con peras, camiones con camiones, euros con euros; pero no se pueden sumar elementos heterogéneos, euros con dólares, manzanas con higos o camiones con viviendas. No es justificable una suma de ideologías diferentes, en algunos casos totalmente contrapuestas y sin puntos en común.

Ante esta situación, las reacciones de los ciudadanos, las que se escuchan en la calle o se leen en las redes, van desde pedir el voto útil para evitar un desastre, hasta proclamar la abstención porque no se puede cambiar nada, incluyendo la variante de que no se vote a los nuevos partidos que, aunque tienen un programa acorde con lo solicitado por la mayoría, no van a sacar nada y al fin y al cabo, como políticos que son, si no son corruptos es porque no han accedido al poder, pero en cuanto accedan se corromperán como todos los políticos.

Y ante esta situación yo me pregunto: ¿No aceptamos todos que el nivel de corrupción en los partidos tradicionales es insoportable? ¿No convenimos todos en que la legislación actual ha quedado desfasada y por ello resulta inoperante? ¿En la necesidad de una efectiva separación de poderes? ¿De eliminar los aforamientos? ¿De reducir el número de políticos, a todas luces desmesurado? ¿De la necesidad de crear medios efectivos de control para combatir la corrupción?¿De la transparencia real en la gestión de los organismos públicos?¿No conocemos a los culpables de esta situación?¿No exigimos un cambio?

Parece ser que no. En primer lugar porque los culpables somos todos los ciudadanos que, con nuestro voto o abstención, estamos perpetuando esta situación dando una y otra vez el gobierno a los mismos que la han propiciado. En segundo lugar porque no tenemos el valor de cambiar -más vale malo conocido que bueno por conocer, pensamos- y nos quedamos a la espera de que ocurra el milagro y de que sean otros los que tomen la decisión por nosotros.

Si fuéramos medianamente lógicos y valientes, nuestro voto iría a aquellos que proponen lo que nosotros pensamos y realmente queremos y quieren realizarlo, no a aquellos que, reiteradamente nos están demostrando su falta de intención o su ineficacia para hacerlo. No votaríamos “nadando y guardando la ropa”.

Soy consciente de que esta reflexión no cambiará nada y muchos me tildarán de iluso, cuando no de demente, pero pienso que el único valor real de la democracia es el control del gobierno ejercido por el pueblo a través de su voto y que, en consecuencia, cada pueblo tiene el gobierno que se merece.

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2 comentarios

  • Pingback: Votar no cansa « Demasiadas palabras

  • Estoy de acuerdo. ¡Votar no cansa! Lo que realmente cansa es ver que los partidos continúan en su dinámica de contradecir sus palabras con los hechos y el que un gran número de ciudadanos no dejen de criticar la acción de los políticos, pero a la hora de la verdad, se abstengan de votar porque, según ellos ¿Para qué? No van a cambiar nada. Pués está muy claro hay que votar ¡para cambiar las cosas! o al menos para comprometerse en intentarlo.

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